El escritorio de patri

martes, 28 de junio de 2011

Una no historia

Esta es la historia de una no historia. Es decir, de la historia que nunca escribí. En ocasiones visualicé retazos, pero fui incapaz de capturarlos, de hilarlos, de ponerlos por escrito. Quizás les faltaba algo, ese ingrediente que distingue un sabroso plato de otro que no lo es. Quizás me exigí demasiado, aspirando a unas cotas inalcanzables para mí.
Traté de aprovechar la inspiración pero desapareció antes de tiempo, como todo lo bueno. Me encontré con caminos cortados, señales engañosas, obstáculos insalvables… Supongo que me perdí en un laberinto.
Una siempre quisiera escribir la historia que le gustaría leer. A veces hasta la rozas con los dedos, incluso consigues colocar alguna de sus piezas. Lo difícil es terminar el puzzle. Al menos aprendes a ser más fiel a ti misma, a abstraerte en cierta medida de la opinión ajena. Constatas que escribir con aspiraciones es tan contraproducente como tratar de emular a quien admiras o creer que lo haces bien.
A veces tienes las historias delante y no las ves, como cuando la luna te deslumbra impidiéndote reparar en las estrellas. “El aire está cargado de historias, solo hay que saber escucharlas”, decía Isabel Allende. Y trasladarlas al papel, añadiría yo.
No sé a donde irán esas historias que se te escapan como el humo. Seguramente te dan la espalda, ofendidas porque no has sabido darles cuerpo. Y sus personajes no te perdonan que los hayas condenado al ostracismo. O a lo mejor, suspiran aliviados por no haber caído en tus garras…

El trigo verde


¿Morir? ¿Para qué?... Todavía no. ¿Tengo que irme al otro mundo sin haber
poseído de verdad todo lo que me está destinado?
Es de “El trigo verde” de Colette, una delicia de libro. No había leído nada suyo, pero llevaba tiempo tentada a raíz de los posts de Nanilla. Esa forma de diseccionar las emociones de los personajes me ha dejado alucinada.

Vinca se sonrojó, reclamó para ella sola la vergüenza de estar enamorada, el
tormento del cuerpo y del alma, y abandonó esas Sombras vanas para reunirse con
Philippe en un camino en el que tapaban sus huellas, donde sentían que podían
sucumbir bajo el peso de un botín demasiado pesado, demasiado rico y demasiado
pronto conquistado.
Narra un amor adolescente en la Bretaña francesa, donde el paisaje marítimo es un personaje más y el final del verano se cierne como una amenaza. No hace falta echar la vista atrás para entender la ansiedad y el desconcierto que impregnan esa edad en la que el horizonte promete aunque aún no sepas ni quien eres.

Se quedó callada y Philippe notó, en las pupilas azules, en las frescas mejillas
infantiles de su amiga, un tono nacarado, los surcos de las lágrimas nocturnas
del insomnio, ese reflejo satinado, color de luna llena, que solo se ve en los
párpados de las mujeres condenadas a sufrir en secreto.
Vinca y Phil se gustan, se quieren, pero son víctimas de los desencuentros, la nostalgia, el miedo que les provoca esa sensación que los embarga. Y no se me ocurre una forma más poética y certera de expresarlo…

Para sus idilios y sus dramas buscaban la seguridad en medio de un prado
abierto, en el borde de una roca o en el hueco de una ola.
Una autora para reincidir, para bebérsela a sorbitos lentos…

Pasiones


Es extraño a donde nos llevan nuestras pasiones, persiguiéndonos como un azote,
obligándonos a aceptar sueños indeseables, destinos inoportunos.
“Música para
camaleones”. Truman Capote
Y me parece tan cierto como que el sol saldrá mañana… (un sol de verano) El que más y el que menos se ha visto sometido a su tiranía, siendo arrastrado hasta costas insospechadas como un velero a la deriva.
Porque es un sentimiento que discurre por sendas divergentes a las de la razón, que llega sin pedir permiso alterando nuestra trayectoria, llenándonos la existencia de brillos que a veces deslumbran más de la cuenta.
Aunque si soy sincera, no quiero una vida opaca…

Los colores de la paleta

Llevo unos días dispersa y acelerada, así que no carburo bien. Ni siquiera sé lo que quiero contaros… Pero como no tengo un querido diario al estilo de Ana Frank, aquí me tenéis divagando…
He necesitado leer dos veces las mismas páginas de un libro y encontrarme con otro que llevaba años esperándome para darme cuenta de que no era eso lo que me apetecía leer. Y es que los libros tienen su momento, ellos te lo dicen aunque no siempre los escuches…
Vuelvo a constatar lo mucho que me cuesta escribir por encargo y a contrarreloj. La musa se me rebela… no basta que ponga toda mi ilusión, las palabras son anárquicas y se niegan a ordenarse. Pero me consuela que hasta un genio como Truman Capote padeciera los mismos conflictos que el resto de los mortales: “Un escritor debería tener todos sus colores y capacidades disponible en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente. Pero ¿cómo?”. Pues si no lo sabes tú…
Por suerte está el filtro del cariño… igual que cuando lees a alguien a quien quieres no puedes evitar hacerlo con buenos ojos, lo que escribes para alguien a quien quieres lleva implícita esa mirada amable que flota sobre la calidad literaria.
Y sigo preguntándome si desterrar los pensamientos que me hacen daño es cobardía o inteligencia…
Escucho eso de “Tú eres la única verdad de este mundo” y se me acelera el pulso aunque no sea yo la destinataria…
Contemplo la luna llena y le pido deseos que sé que no me concederá…
Me regodeo en los recuerdos que me ha despertado un finde maravilloso… y sonrío mientras hago alquimia con la mente para tratar de serenar mi espíritu, acometer mis dos encargos, buscar tiempo para tantos asuntos pendientes que me reclaman atención… mientras pienso que seguramente ahí está la clave: en saber mezclar los colores de la paleta.

Viajar al pasado


Y mientras abajo las ruedas traqueteantes corrían hacia un porvenir todavía
invisible que reservaba a cada cual algo diferente, los pensamientos de los dos
flotaron en sueños regresando al pasado.
Viaje al pasado. STEFAN ZWEIG
Es de esos libros que cuando encuentras no puedes dejar de llevarte, aunque ya lleves más de los que la prudencia aconseja. Te dices a ti misma: “es pequeñito, casi no cuenta…”, con esa autoindulgencia que tan bien conoces. Porque las ferias del libro dan carta blanca… Porque sabes que hay autores que nunca defraudan, historias que hueles desde lejos e intuyes que te acelerarán el pulso…
Un amor que surge en circunstancias inadecuadas, una guerra y muchos kilómetros de por medio, un reencuentro. Y hasta ahí puedo leer…
Admiro esa capacidad de Zweig para expresar sentimientos universales de una forma tan gráfica, tan poética...
a pesar de la irresistible pasión que dominaba sus sentimientos, filtrándose en sus sueños…
solo sus miradas se besaban…
la sed de sus palabras…

Porque a veces la pasión se filtra en tus sueños aunque tú no quieras, las
miradas se besan sin que se ejecute el menor movimiento… la sed de palabras es
tan grande que te seca la garganta y de paso el corazón…
También los sueños, que parecen no ser de este mundo, necesitan alimentarse de sensaciones, el sostén de la ternura y de lo palpable, de otro modo su sangre y su intensidad pierden brillo.
Me encanta la visión retrospectiva, las cuentas pendientes (aunque me pregunto hasta que punto merece la pena saldarlas), el efecto del tiempo sobre lo que un día enajenó tus sentidos…
Una joyita…

Sentidos (y sensibilidades)

Es todo lo que soy, una vieja máquina de escribir. Un artefacto metálico y pesado de teclas anquilosadas. Mi destino está cumplido, ya he caducado. Pero un día fui un instrumento útil. O al menos, así me sentí. Porque hice feliz a esa niña que me recibió como regalo de cumpleaños. En mí escribió sus primeros cuentos, dando sentido a mi existencia.
Luego las mareas del azar me llevaron con ese pobre estudiante que tuvo que ahorrar durante meses para llevarme a su pequeña habitación alquilada del casco antiguo. Apenas si tenía para calentarse en las frías noches de invierno, pero cuando tecleaba su alma ardía como una chimenea.
Más tarde me acariciaron las cansadas manos de un anciano, que me utilizó para contar su vida. Había oído decir los auténticos escritores son los que escriben a máquina, y eso era exactamente lo que él quería ser.
Después de tanto ir y venir, de tantas palabras impresas, de tantas historias con el mismo olor a tinta que me ha acompañado desde el inicio de mis días, he acabado en este polvoriento almacén de reliquias en el que tus ojos se han posado sobre mí. Y quizás, si así lo quieres, aún pueda volver a hacer lo único que sé hacer…

Para E., que me ha pintado una sonrisa en el corazón dándole un nuevo sentido a mi vida.

Ay, amor, deja el balcón abierto del corazón

¿Y que le voy a hacer yo? Si llevo el dramatismo lorquiano en las venas… ¡Ay que trabajo me cuesta quererte como te quiero! Me gusta la tragedia en todas sus manifestaciones, y no puedo evitar mirar el mundo desde esa perspectiva aunque me haga “de sufrir”. Soy coplera, teatrera y novelera (a mucha honra), adicta a las historias “desgarrás”. Lo que yo te diga, corazoncito sin trampa…
La pena penita pena, los amores “desgraciaos”, el ay que me muero de quererte tanto… y un arraigo a mi tierra que no se puede explicar con palabras… por eso me encanta ese pedazo de poeta que fue Carlos Cano. Rescató la copla del olvido y escribió letras maravillosas que me hacen suspirar como si hablaran de mí…
Fado por que me faltan sus ojos, fado porque me falta su boca, fado porque se fue por el río, fado porque se fue por la sombra…
Almohadita pa soñar, agüita para mis labios, ilusión para engañar hasta al propio desengaño…
Ay novio marinero, ay capitán de mi puerto, que blancas son las velas de tu goleta, que secretas las penas de mi pañuelo…
Hoy recuerdo aquel cielo de luna y amor, y la flor de aquel tiempo me llena de viento todo el corazón…
Como una golondrina por el mar se perdió, como una golondrina el amor se llevó, y me dejó el dolor para cantar, y la luna de Abril para olvidar…
Ay, amor… amor que se fue y no vino, por el aire se perdió, como los suspiros de mi corazón…
Y en la noche perdida, por el mar de los sueños, navega a la deriva esta canción…
Granada sigue en deuda contigo, Carlos… ya sabes que es flor de olvido… que vive sola por culpa de sus espinas…