El escritorio de patri

martes 22 de diciembre de 2009

El primo Basilio

Amor es la enfermedad
que en aire está flotando.
Tan sólo de ir al balcón,
coges su fiebre volando.
Se considera una de las “novelas de adulterio” del siglo XIX, junto con “Anna Karenina”, “Madame Bovary” y “La Regenta”. Así que esta era la que me faltaba para completar el cuarteto… Además, desde que vi “El crimen del Padre Amaro” estaba loca por leer a Eça de Queiroz.
Luisa tiene un matrimonio apacible pero si rastro de pasión. Coincidiendo con la ausencia de Jorge, su marido, vuelve a aparecer en su vida el primo Basilio, con quien mantuvo un idilio de juventud. Y sucede lo inevitable...
Al igual que Anna Karenina, Emma Bovary y Ana de Ozores, el temperamento romántico de Luisa será "su perdición": “Pasearían con las manos cogidas, en poético silencio, mientras el sonido del agua, cayendo en las conchas de piedra, daría un ritmo lánguido a los sueños amorosos”.
Pero la realidad nunca es tal y como la soñamos… “Es que el amor es esencialmente perecedero y empieza a morir en el mismo momento de nacer. Solo sus comienzos son buenos. Entonces sí hay entusiasmo, delirio, un trocito de cielo”. No creo que solo los comienzos sean buenos, aunque indudablemente son lo mejor… Pero sí creo que el amor es esencialmente perecedero.
Hay escenas llenas de sensualidad: “Bebió un poco de champaña, y con un beso se lo pasó a la boca. Luisa se rió mucho, lo encontró y quiso beber más de aquella forma. Las mejillas se le iban encendiendo y la mirada le brillaba”. Me pregunto si esos instantes de felicidad compensan todo lo demás...
Me encanta el lirismo de las descripciones: “Y como el que destapa un frasquito mucho tiempo guardado y se admira al ver que el perfume se ha evaporado por completo, así se quedó de asombrada al encontrar su corazón vacío”. A veces da miedo destapar ese frasquito, por lo que pueda pasar...
La cuestión moral es una constante, con el fin de denunciar los vicios de la sociedad lisboeta. Jorge detesta a Leopoldina, la mejor amiga de Luisa, por su mala reputación: “¡Y viene aquí, se sienta en mis sillas, abraza a mi mujer, respira mi aire!”.
Tiene guiños maravillosos, como el de “La dama de las camelias”: “Hacía ya una semana que se interesaba por Margarita Gautier, y su desgraciado amor le producía una imprecisa melancolía. Encontraba en los nombres mismos del libro el sabor poético de unas vidas intensamente amorosas”.
La ambición de Juliana, la sirvienta cotilla, desencadenará la tragedia: “¡Siempre estaba buscando algún ! ¡Ay si caía algunos en sus manos!”. Su maldad proviene en gran medida del resentimiento que le inspira un estamento social superior.
Al igual que ocurre en las demás novelas de adulterio de la época, la protagonista es una mujer burguesa que se siente sola y frustrada. Cuando la pasión aparece en su vida se deja arrastrar por ella sin remordimientos, siendo castigada después. Para mí el trasfondo de estos adulterios son los matrimonios sin amor, producto de la hipocresía social. Por eso los considero (sobretodo el de Ana de Ozores, que está casada con un viejo verde y vive en un microcosmos claustrofóbico) un puro instinto de supervivencia.
No pienso elegir mi favorita, todas son maravillosas. Tengo la sensación de haber cerrado un círculo, al que volveré más de una vez…

20 de Diciembre

A vosotras, que hicisteis este día inolvidable.
Lo sé, soy una sentimental. No es que celebre aniversarios de cada tontería, pero cuando vivo fechas significativas tiendo a recordarlas. Y hoy hace un año de una muy especial…
Llevaba diez meses viviendo en México y vine a pasar las fiestas navideñas en familia. La llegada había sido una comedia, porque las huelgas de Iberia no dejaron títere con cabeza. Mi vuelo se retrasó diez horas, obligándome a pernoctar en el hotel del aeropuerto. Traía la maleta llena de regalitos, el tequila del duty free, y cientos de sensaciones que deseaba compartir. Finalmente aterricé de madrugada, con un jet lag que no veas. Pasé el día siguiente deambulando por Madrid, saboreando cada detalle que me hacía sentirme en mi tierra. Llamando a todo el mundo como una loca, visitando librerías, y tratando de adaptarme a ese frío que me calaba hasta los huesos.
Finalmente llegó el momento… Esa reunión que con tanta ilusión esperaba y que al mismo tiempo tanto me imponía. Decir que fue maravillosa sería quedarme corta… Aunque las expectativas eran altas, se vieron ampliamente superadas. Los recuerdos se agolpan, haciéndome revivir cada detalle: la estatua del viajero, Rembrandt, En busca del tiempo, Enrique IV, el Barrio de las Letras… El día estuvo lleno de momentos mágicos. Hubo risas, descubrimientos, brindis… pero sobretodo mucho cariño. Un cariño con el que ya contaba, pero que se materializó en gestos, palabras, miradas, sonrisas…
Volví a casa llena de sensaciones: alegría por haber disfrutado tanto, pena por lo poco que había durado... Con la certeza de que la química traspasa la pantalla, y con ese venenillo adictivo en el cuerpo. No queráis saber la angustia cósmica que se apoderó de mí cuando llegué y no tenía conexión a Internet. Tuve que llamar a un alma caritativa para desahogarme…
Todo tiene un valor subjetivo, y los recuerdos todavía más. Por eso un día como hoy, no puedo evitar revivir aquel con una sonrisa y toneladas de nostalgia. Como no puedo evitar expresaros mi gratitud y deciros cuanto os quiero…

Una historia de entonces

Admito que soy muy friki y tengo mis rituales… Uno de ellos se repite cada año por estas fechas. Consiste en ver mi trilogía de Garci (“El abuelo”, “You´re the one” e “Historia de un beso”). Adoro su forma de contar historias. El tono intimista, la atmósfera, la estética... Vale que tienen un punto de ñoñería, pero reflejan una realidad que yo no he vivido y me interesa con mucha más calidad que el cine de la época.
Pues ayer tocó “You´re the one”, y la disfruté desde esa primera escena en la que un Rolls Royce negro avanza por un camino rural con la Traviata de fondo…
El que esté rodada en blanco y negro le da un aire especial. Es todo un homenaje al cine clásico empezando por la protagonista, una pobre niña rica que tiene un muerto pegado a su alma…
La casona asturiana de “Llendelabarca” parece detenida en el tiempo. Envuelta en la niebla, bajo la lluvia o cubierta de nieve…
Tiene diálogos maravillosos: “Hasta mis sueños son tristes”, “No hay droga más fuerte que el amor que continuamente necesita más amor”, “Viajar es bueno para el alma”, “¿No sabes que tu sonrisa es una de las siete maravillas del mundo?”, “Cuando llegaste tenías la mirada gris, y ahora la tienes azul”…
Me encanta Juanito, que cuando sea mayor quiere una novia que huela a vainilla como la señorita Julia. Al verla por primera vez se queda embobado, porque le parece una artista del celuloide: “Como Claudette Colbert en ”.
Las dudas de don Matías, el cura carca, cuando se toma unas copitas de anís. Y a pesar de sus prejuicios confiesa su fascinación por “las mujeres con tres bocas y dos narices que pinta el comunista ese de Picasso”.
La sabiduría de la tía Gala. Sus recuerdos de juventud en La Habana, donde “siempre hay luz de domingo y los atardeceres son rosas”. La escena en la que el cura está pontificando en el café y le para los pies me parece genial: “Los inventos desmoronan la religión. En cuanto llega alguien y explica algo, ya no hay tu tía de que lo ha hecho Dios”. “El cine no puede ser tan malo cuando lo llaman el séptimo arte… Resulta que a mi nuera y a mi nieto les encantan las películas. ¿Sabes por qué? porque les enseñan cosas distintas a las de aquí”.
Ese ex presidiario que escribe novelas de indios y vaqueros con pseudónimo, portador de una carta preciosa… “Me hizo prometer que te cogería la mano, te la apretaría, te miraría a los ojos, y te diría, como si fuera él: estoy en tu alma”.
Pilara, que sigue soñando con que su marido volverá de la guerra porque intuye que está vivo… “Si no me habría dado un pálpito, el corazón se habría acelerado sin motivo”.
El entrañable Orfeo, un maestro de escuela que tiene “cara de gente, de la muchedumbre de un campo de fútbol o una plaza de toros” y sabe que su amor es imposible… Julia le dice: “Lo más difícil y lo más importante en esta vida es ser lo que tú eres, una buena persona”. Y él contesta: “Ese es el problema, que a las mujeres nunca os atraen las buenas personas”.
Hay quien acusa el cine de Garci de tener un envoltorio precioso pero poca profundidad. Y qué queréis que os diga, a mí este guión me parece de todo menos hueco.

Cuéntame un cuento

Siempre he preferido la novela al relato, sin embargo admito que un relato capaz de captar tu atención y perdurar en tu memoria igual que una novela tiene mucho más mérito.
No distingo bien entre relato y cuento literario, aunque supongo que hay diferencias entre ellos (Hace poco lo hablábamos, ¿recuerdas, Nanilla?). Quizás el cuento tiene más entidad, una estructura más sólida con planteamiento, nudo y desenlace. Hay quien le da al relato connotaciones más fantásticas y al cuento más realistas, pero yo asocio más el cuento a la ficción.
Tradicionalmente se ha considerado un género menor, sin embargo para que funcione requiere una intensidad y un final determinados. Es un ejercicio de síntesis que no admite errores. Debe enganchar desde el principio y no dejar cabos sueltos. Como dice Cortázar, un buen cuento logra que “un vulgar episodio doméstico se convierta en el resumen impecable de una cierta condición humana”.
Los de Wilde fueron de los primeros que me cautivaron. “El fantasma de Canterville”, “El cumpleaños de la infanta”, “El ruiseñor y la rosa”… Son todos entrañables… y te llegan igual que una historia más extensa.
Dentro del género de misterio me parecen magistrales los de Poe, Conan Doyle y Stephen King (“El método de respiración” me dejó sin respiración). Por no hablar de “El monte de las ánimas” de Bécquer o “Los mil y un fantasmas” de Dumas…
Aluciné con el humor negro de Roald Dahl y sus “Historias extraordinarias” o “Relatos de lo inesperado”. Ese en el que un tipo apuesta su dedo meñique a que podrá encender el mechero diez veces seguidas es espeluznante…
En Latinoamérica el cuento ha gozado siempre de mayor prestigio. Adoro los “Doce cuentos peregrinos” de García Márquez, sobretodo “El ahogado más hermoso del mundo” y “La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”; los “Cuentos de Eva Luna” y algunos otros como “Niña perversa” de Isabel Allende, y “Mujeres de ojos grandes” de Ángeles Mastretta (“La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota…&rdquo . Los de Cortázar los leí por obligación y también por devoción… En palabras de Vargas Llosa, “Juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector, obligado a ello por las endiabladas trampas que lo acechan a la vuelta de la página menos pensada”.
Me encantan “Modelos de mujer” de Almudena Grandes y “La costilla asada de Adán” de Carmen Rico-Godoy: “Blanca, la pobre, era negra. Negra, como esos teléfonos grandes y destartalados que vendían los gitanos en el rastro por veinticinco mil pesetas o más y que compraban embelesadas las señoras pijas de ojos azules y piel blanca y transparente”.
Holden había dejado el listón muy alto, pero los “Nueve cuentos” de J.D. Salinger me resultaron interesantes.
Recientemente he disfrutado los de Chejov y los de Capote: “El problema del amor le preocupaba, sobretodo porque no lo consideraba un problema. Y de algo podía estar seguro: nadie lo amaba. Esta certeza latía en su interior como un corazón adicional”. También con “Dublineses” de Joyce. Tengo pendientes los de Hemingway, los de Benedetti y los de Gogol (ya en el montón) entre otros muchos.
Para mí lo único malo de los cuentos es que acaban demasiado pronto. Luego pasas al siguiente, pensando que no podrá gustarte tanto, y a veces se da la maravillosa circunstancia de que te equivocas…

Buscando a Elo

El día amaneció envuelto en una densa neblina pero cargado de buenos presagios. Me puse en marcha alentada por la ilusión de alcanzar mi objetivo. El paisaje era verde y frondoso. Aún me calentaba los huesos la queimada que había tomado la noche anterior…
Sabía que Elo aprovechaba para viajar siempre que podía y que le encantaban los sitios con historia, así que inicié mi peregrinaje por la Isla de San Simón. Mientras llegaba miré al fondo del mar, imaginando los tesoros de galeones hundidos de los que hablaba mi amiga. Entré en la ermita y encendí una vela pidiendo un deseo... A pesar de mi escepticismo, en ese marco todo parecía posible. Caminé por el Paseo de los Buxos, hasta el mirador. Vi ese árbol que enamoró a Elo y supe que había pasado por allí… Tenía razón, era un lugar mágico.
El sonido de unas gaitas me incitó a asomarme a una taberna, donde sacié mi sed con un ribeiro y probé los pimientos de Padrón. Al salir me adentré en un bosque tal vez animado. Una fina llovizna me obligó a acelerar el paso. Entre la arboleda se perfilaba un cruceiro de granito con la siguiente inscripción: “De polvo y fango nacidos, fango y polvo nos tornamos. ¿Por qué, pues, tanto luchamos si hemos de caer vencidos”. Que sabios versos de Rosalía…
Al escuchar un crujir de hojas secas vinieron a mi mente las fascinantes historias sobre la Santa Compaña que Elo me había contado. Al parecer aparecía por los caminos, anunciando la muerte de quien tenía la desdicha de encontrarse con ella. Pero al girarme, mis ojos se toparon con una vieja que me miraba fijamente.
- Sigue este sendero y te conducirá a tu destino –me dijo, como si me conociera.
- Si no le he dicho cual es…
- Ni falta que hace…
Qué ignorante era… ¿Se me había olvidado que me encontraba en tierra de prodigios?
- ¿A quien debo darle las gracias?
- Mi nombre es Calpurnia –contestó, con una voz que encerraba más misterios de los que mi mente era capaz de comprender.
El olor a mar me indicó que iba bien encaminada. Al pasar frente al Museo de Bellas Artes recordé que Elo adoraba la pintura. Uno de los vigilantes me informó de que iba con frecuencia y pasaba horas extasiada ante los cuadros. Me estaba acercando…
Entre en la Biblioteca Pública con la esperanza de descubrirla entre las estanterías, pero tampoco hubo suerte… Al pasar junto a las mesas de lectura me pareció visualizarla allí, escribiendo uno de sus magistrales relatos por entregas.
Delante de un restaurante italiano volví a tener un pálpito y pregunté por ella. Era una clienta asidua -me confirmó el dueño-. Solía ir a degustar un plato de pasta acompañado de lambrusco. Qué bien se cuidaba… Y cuanto nos parecíamos…
Llegue al puerto y eché un vistazo por el embarcadero, pues a Elo le fascinaba navegar. Vino a mi mente la historia de un pulpo, haciéndome sonreír…
Mis pasos se dirigieron al Mercado da Pedra, y entonces avisté una silueta familiar. Una chica rubia, preciosa, caminaba hacia mí. Lo había conseguido. Por fin podría darle un abrazo y desearle feliz cumpleaños…

¿Mucho pedir?

- Acabarás conmigo…
- ¿Por qué dices eso? Mira que eres melodramática…
- Porque no me darás lo que yo necesito, y eso me acabará matando.
- ¿Y qué es lo que necesitas?
- Que pienses en mí a todas horas, que sueñes conmigo, que leas los libros que yo leo y veas las películas que yo veo… Que me adivines el pensamiento, que no le dediques a nadie tantas atenciones como a mí, que firmaras ahora mismo pasar el resto de tu vida a mi lado…
- Pues no pides tú poco…
- Me consta que no es poco. Yo te lo he dado sin que me lo pidieras…
P.d. No sé escribir cartas de amor, pero creo que el amor se puede expresar de muchas formas...

Decisiones

Impresiona pensar hasta que punto las decisiones tomadas y omitidas nos han llevado a donde estamos... Me gustaría creer en eso del destino para sentir que no soy la única responsable de mis errores. Achacar un hecho a la suerte te exime en cierto modo, aunque por lo general tu implicación es mayor de lo que quieres admitir. El poder de intervención que tenemos en muchos aspectos debería ser un consuelo, pero también es una carga. La conciencia no perdona. El libre albedrío es lo que tiene…
No soy partidaria de darle demasiadas vueltas a lo que hice o dejé de hacer, pero llega un momento en el que me enfrento a las consecuencias de mis decisiones y me planteo si fueron las acertadas. De los errores se aprende, pero eso no impide que te pesen. No conviene fustigarse en exceso, es más operativo ser consecuente... Lo que pasa es que hay algunos con los que cuesta convivir…
No lamento las decisiones que tomé guiándome por los sentimientos, porque fueron las más auténticas. Cuando involucran a otra persona no puedes permitirte el lujo de ser deshonesta… Además, eso solo te conduciría a la infelicidad.
He tomado decisiones siendo consciente del precio que conllevaban, y sigo pagando el de algunas. Si me compensa, por muy absurda que parezca, sé que merecerá la pena. Al menos me sentiré fiel a mí misma, y eso siempre reconforta.
Hay momentos en los que recorro un camino que sé que me llevará al abismo, y aún así sigo avanzando. No es que no lo pueda evitar, es que no quiero. Solo yo conozco los motivos y para mí son válidos. Mientras sean más fuertes que el instinto de supervivencia no daré media vuelta.
Ya os dije que el frío me volvía introspectiva, no me lo tengáis en cuenta...