jueves, 31 de diciembre de 2009

La decadencia de la mentira

Este librillo fue uno de los que me encontró a mí. Iba yo paseando por una conocida plaza de Cádiz (una ciudad en la que siempre me pasan cosas bonitas), y me llamó la atención desde un escaparate. No lo conocía, pero soy fan de Wilde desde mi más tierna juventud. Además, el título me sedujo. “Que las mentiras parezcan mentiras…”. Aunque no suelo leer ensayos, no me quedó más remedio que adoptarlo…
Es enano, parece de esos que te regalan en los autobuses para amenizar el viaje. Empecé a leerlo el otro día en la sala de espera del médico, uno de esos sitios en los que me falta el aire… Encima me tocó al lado un pirado que hablaba solo. Yo ponía todo mi empeño en ignorarlo, clavando los ojos en mi pequeño salvavidas.
Está narrado en forma de diálogo, lo que le da un dinamismo especial. Dos jóvenes (a los que no cuesta imaginarse) conversan en la biblioteca de una casa de campo acerca del artículo que ha escrito uno de ellos.
“Una de las principales causas a las que cabe atribuir el carácter curiosamente insustancial de casi toda la literatura de nuestra época es sin duda la Decadencia de la Mentira como arte, ciencia y placer social. Los historiadores antiguos nos dieron deliciosas lecciones en forma de hechos; el novelista moderno nos presenta hechos insulsos bajo guisa de ficción”.
Lo que no me esperaba es que hablara tanto de arte, ha sido una grata sorpresa. Sus teorías son para tomar nota…
“Mientras algo nos sea útil o necesario, o nos afecte de cualquier modo, doloroso o placentero, o apele con fuerza a nuestra compasión, o sea parte vital del ambiente en que vivimos, estará fuera de la esfera propia del arte”.
Opina que el arte está hecho únicamente para el disfrute de los sentidos, difunde cosas bellas pero falsas…
“La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida”.
Su visión es tan frívola como él mismo, por lo tanto no me extraña que elimine el aspecto emocional de la contemplación artística.
No pierdo de vista que Wilde es la exageración en persona, pero qué gracia tiene el puñetero:
“Pensar es la cosa más insana del mundo, y hay gente que se muerte de eso como de cualquier otra enfermedad”.
Sus aseveraciones están impregnadas de ese esteticismo que lo caracteriza. Y me divierte saber cuanto escandalizaron a la sociedad de su tiempo.
“Siempre la literatura se anticipa a la vida. No la copia, la moldea para sus fines. El siglo XIX según lo conocemos, es en gran medida un invento de Balzac”.
Los escritores realistas “acaban por escribir novelas tan semejantes a la vida que no hay modo de creer en su verosimilitud”. Dicho por otro sonaría contradictorio, pero dicho por Wilde suena genial.
La mentira que está en decadencia es la creación artística y literaria de su tiempo, y son “sus verdades” las que la desmontan. Lo que motiva la decadencia es buscar la inspiración en lo natural, que nunca puede sustituir a la creatividad. La mentira es un arte que no está al alcance de cualquiera… Hace una crítica feroz al culto a la verdad propugnado por el espíritu victoriano.
Yo, como admiradora que soy del naturalismo en el arte y en la literatura, no puedo dejar de discrepar de algunos puntos. Pero eso no impide que disfrute leyendo sus provocadoras sentencias, y piense que encierran más verdad de las que aparentan. Porque como dice Borges, lo grande de Wilde es que casi siempre tiene razón. O eso nos hace creer...
P.d. Como mañana no pienso publicar, aprovecho para desearos a todos un Feliz Año Nuevo.

Escritos del pasado

“Parte de lo que escribí en el pasado ya no me parece el reflejo de lo que pienso hoy. Sin embargo, todo aquello era real para mí cuando lo plasmé en el papel; y así debo dejarlo”.
Cartas de amor del profeta. KHALIL GIBRAN

Me gusta esta cita porque describe milimétricamente lo que yo siento al respecto. Cuando leo algo que escribí hace tiempo no siempre me reconozco. A veces me da vergüenza, otras me hace gracia. Además de la evidente evolución (sería terrible no apreciarla), noto que los temas que me preocupaban no son los mismos que me preocupan ahora. Aun así, esas letras recogen mis inquietudes en un momento concreto, y por tanto no debo renegar de ellas.
Me inspira cierta ternura comprobar como era yo antes… Cuales eran mis inquietudes, y cual la forma de expresarlas. Cada vez hay más de mí en lo que escribo. Me sigue costando dejar que me lean, pero constato que me voy acercando a una autenticidad que siempre he considerado fundamental. Exteriorizar sueños, dudas y temores parapetada detrás de algún personaje es toda una terapia. Solo quien nos conoce bien nos adivina detrás de una frase o un pensamiento.
Con los años la letra va adquiriendo cierta personalidad, y a los escritos les pasa algo parecido. Ahora me doy cuenta de que en lo primero que escribí no hablaba de lo que realmente quería hablar. Al tiempo que he ido definiendo un estilo, he ido encontrando mi voz.
A veces tengo la sensación de estar siempre contando la misma historia. Aunque cambie el escenario y los personajes, en el fondo hablo de lo que me importa. Y cada vez me permito más libertades en ese sentido. Voy aprendiendo a no autocensurarme...
Igual que un pintor que llega a la abstracción, soy consciente de que todo es parte de un proceso en el que los bocetos son esenciales. En un principio la historia aparece difuminada, pero poco a poco va mostrando sus contornos. No digo que lo posterior tenga que ser necesariamente mejor que lo anterior. Un absurdo afán de perfección puede hacer que un texto pierda frescura, pero la experiencia enseña. En cualquier caso, creo que lo que escribimos en su día tiene un significado e influyó directamente en lo que escribimos hoy. Es lo que fuimos y lo que somos…

Mis regalos de Navidad

Yo nunca he sido de Papa Noel, por lo tanto no hago ni recibo regalos en Nochebuena. Confieso que este año no inicié el día con el mejor ánimo. Empezó siendo gris, pero fue tornándose soleado metafóricamente hablando (meteorológicamente no cambió de color).
Como cada año, hubo un regalo que la fuerza de la costumbre me impide valorar en su justa medida: compartir la cena con mi gente, a mucha de la cual veo bastante menos de lo que me gustaría. Solo el hecho de reunirnos y brindar, sin que haya nada grave que lamentar, ya es un regalo en sí mismo. Hubo rutinas, recuerdos, reencuentros, deseos inconfesables, demasiadas burbujas…
Pero además tuve varios regalos que hicieron mi día y mi noche especial. Todos ellos fueron muestras de cariño, y aunque suene a topicazo las agradezco más que cualquier otra cosa. Hubo mensajes esperados e inesperados, cálidos como una taza de chocolate frente a la chimenea. Escuché más de una vez esas tres palabras que tanto gusta escuchar y a veces tanto cuesta decir.
Mi primer regalo especial fue un correo precioso. Esa constatación de que una persona (muy querida) “está ahí” que llegó en el momento justo me alegró la tarde.
El segundo fue un abrazo que casi me tira al suelo, y os aseguro que no soy fácil de tirar. Entrar en casa y que mi princesita se me abalanzara fue como tocar el cielo. Llevaba cuatro meses sin verla...
El tercer regalo fue una llamada desde México lindo. Además de manifestarme un sentimiento conocido y correspondido, me dijo que anhelaba leer un post mío… No pensaba escribirlo, pero aquí está. Porque ella merece esto y mucho más. Su detalle me llegó al Alma.
Encima hubo una de esas “coincidencias” que me hacen pensar en la telepatía y reafirman mi fe en la sincronicidad. Alguien con quien no cruzaba una palabra desde hacía semanas, me mandó un sms en el mismo instante en el que yo estaba escribiéndole uno.
Nunca he creído en los milagros de Navidad, pero ayer viví unos cuantos…

martes, 22 de diciembre de 2009

El primo Basilio

Amor es la enfermedad
que en aire está flotando.
Tan sólo de ir al balcón,
coges su fiebre volando.
Se considera una de las “novelas de adulterio” del siglo XIX, junto con “Anna Karenina”, “Madame Bovary” y “La Regenta”. Así que esta era la que me faltaba para completar el cuarteto… Además, desde que vi “El crimen del Padre Amaro” estaba loca por leer a Eça de Queiroz.
Luisa tiene un matrimonio apacible pero si rastro de pasión. Coincidiendo con la ausencia de Jorge, su marido, vuelve a aparecer en su vida el primo Basilio, con quien mantuvo un idilio de juventud. Y sucede lo inevitable...
Al igual que Anna Karenina, Emma Bovary y Ana de Ozores, el temperamento romántico de Luisa será "su perdición": “Pasearían con las manos cogidas, en poético silencio, mientras el sonido del agua, cayendo en las conchas de piedra, daría un ritmo lánguido a los sueños amorosos”.
Pero la realidad nunca es tal y como la soñamos… “Es que el amor es esencialmente perecedero y empieza a morir en el mismo momento de nacer. Solo sus comienzos son buenos. Entonces sí hay entusiasmo, delirio, un trocito de cielo”. No creo que solo los comienzos sean buenos, aunque indudablemente son lo mejor… Pero sí creo que el amor es esencialmente perecedero.
Hay escenas llenas de sensualidad: “Bebió un poco de champaña, y con un beso se lo pasó a la boca. Luisa se rió mucho, lo encontró y quiso beber más de aquella forma. Las mejillas se le iban encendiendo y la mirada le brillaba”. Me pregunto si esos instantes de felicidad compensan todo lo demás...
Me encanta el lirismo de las descripciones: “Y como el que destapa un frasquito mucho tiempo guardado y se admira al ver que el perfume se ha evaporado por completo, así se quedó de asombrada al encontrar su corazón vacío”. A veces da miedo destapar ese frasquito, por lo que pueda pasar...
La cuestión moral es una constante, con el fin de denunciar los vicios de la sociedad lisboeta. Jorge detesta a Leopoldina, la mejor amiga de Luisa, por su mala reputación: “¡Y viene aquí, se sienta en mis sillas, abraza a mi mujer, respira mi aire!”.
Tiene guiños maravillosos, como el de “La dama de las camelias”: “Hacía ya una semana que se interesaba por Margarita Gautier, y su desgraciado amor le producía una imprecisa melancolía. Encontraba en los nombres mismos del libro el sabor poético de unas vidas intensamente amorosas”.
La ambición de Juliana, la sirvienta cotilla, desencadenará la tragedia: “¡Siempre estaba buscando algún ! ¡Ay si caía algunos en sus manos!”. Su maldad proviene en gran medida del resentimiento que le inspira un estamento social superior.
Al igual que ocurre en las demás novelas de adulterio de la época, la protagonista es una mujer burguesa que se siente sola y frustrada. Cuando la pasión aparece en su vida se deja arrastrar por ella sin remordimientos, siendo castigada después. Para mí el trasfondo de estos adulterios son los matrimonios sin amor, producto de la hipocresía social. Por eso los considero (sobretodo el de Ana de Ozores, que está casada con un viejo verde y vive en un microcosmos claustrofóbico) un puro instinto de supervivencia.
No pienso elegir mi favorita, todas son maravillosas. Tengo la sensación de haber cerrado un círculo, al que volveré más de una vez…

20 de Diciembre

A vosotras, que hicisteis este día inolvidable.
Lo sé, soy una sentimental. No es que celebre aniversarios de cada tontería, pero cuando vivo fechas significativas tiendo a recordarlas. Y hoy hace un año de una muy especial…
Llevaba diez meses viviendo en México y vine a pasar las fiestas navideñas en familia. La llegada había sido una comedia, porque las huelgas de Iberia no dejaron títere con cabeza. Mi vuelo se retrasó diez horas, obligándome a pernoctar en el hotel del aeropuerto. Traía la maleta llena de regalitos, el tequila del duty free, y cientos de sensaciones que deseaba compartir. Finalmente aterricé de madrugada, con un jet lag que no veas. Pasé el día siguiente deambulando por Madrid, saboreando cada detalle que me hacía sentirme en mi tierra. Llamando a todo el mundo como una loca, visitando librerías, y tratando de adaptarme a ese frío que me calaba hasta los huesos.
Finalmente llegó el momento… Esa reunión que con tanta ilusión esperaba y que al mismo tiempo tanto me imponía. Decir que fue maravillosa sería quedarme corta… Aunque las expectativas eran altas, se vieron ampliamente superadas. Los recuerdos se agolpan, haciéndome revivir cada detalle: la estatua del viajero, Rembrandt, En busca del tiempo, Enrique IV, el Barrio de las Letras… El día estuvo lleno de momentos mágicos. Hubo risas, descubrimientos, brindis… pero sobretodo mucho cariño. Un cariño con el que ya contaba, pero que se materializó en gestos, palabras, miradas, sonrisas…
Volví a casa llena de sensaciones: alegría por haber disfrutado tanto, pena por lo poco que había durado... Con la certeza de que la química traspasa la pantalla, y con ese venenillo adictivo en el cuerpo. No queráis saber la angustia cósmica que se apoderó de mí cuando llegué y no tenía conexión a Internet. Tuve que llamar a un alma caritativa para desahogarme…
Todo tiene un valor subjetivo, y los recuerdos todavía más. Por eso un día como hoy, no puedo evitar revivir aquel con una sonrisa y toneladas de nostalgia. Como no puedo evitar expresaros mi gratitud y deciros cuanto os quiero…

Una historia de entonces

Admito que soy muy friki y tengo mis rituales… Uno de ellos se repite cada año por estas fechas. Consiste en ver mi trilogía de Garci (“El abuelo”, “You´re the one” e “Historia de un beso”). Adoro su forma de contar historias. El tono intimista, la atmósfera, la estética... Vale que tienen un punto de ñoñería, pero reflejan una realidad que yo no he vivido y me interesa con mucha más calidad que el cine de la época.
Pues ayer tocó “You´re the one”, y la disfruté desde esa primera escena en la que un Rolls Royce negro avanza por un camino rural con la Traviata de fondo…
El que esté rodada en blanco y negro le da un aire especial. Es todo un homenaje al cine clásico empezando por la protagonista, una pobre niña rica que tiene un muerto pegado a su alma…
La casona asturiana de “Llendelabarca” parece detenida en el tiempo. Envuelta en la niebla, bajo la lluvia o cubierta de nieve…
Tiene diálogos maravillosos: “Hasta mis sueños son tristes”, “No hay droga más fuerte que el amor que continuamente necesita más amor”, “Viajar es bueno para el alma”, “¿No sabes que tu sonrisa es una de las siete maravillas del mundo?”, “Cuando llegaste tenías la mirada gris, y ahora la tienes azul”…
Me encanta Juanito, que cuando sea mayor quiere una novia que huela a vainilla como la señorita Julia. Al verla por primera vez se queda embobado, porque le parece una artista del celuloide: “Como Claudette Colbert en ”.
Las dudas de don Matías, el cura carca, cuando se toma unas copitas de anís. Y a pesar de sus prejuicios confiesa su fascinación por “las mujeres con tres bocas y dos narices que pinta el comunista ese de Picasso”.
La sabiduría de la tía Gala. Sus recuerdos de juventud en La Habana, donde “siempre hay luz de domingo y los atardeceres son rosas”. La escena en la que el cura está pontificando en el café y le para los pies me parece genial: “Los inventos desmoronan la religión. En cuanto llega alguien y explica algo, ya no hay tu tía de que lo ha hecho Dios”. “El cine no puede ser tan malo cuando lo llaman el séptimo arte… Resulta que a mi nuera y a mi nieto les encantan las películas. ¿Sabes por qué? porque les enseñan cosas distintas a las de aquí”.
Ese ex presidiario que escribe novelas de indios y vaqueros con pseudónimo, portador de una carta preciosa… “Me hizo prometer que te cogería la mano, te la apretaría, te miraría a los ojos, y te diría, como si fuera él: estoy en tu alma”.
Pilara, que sigue soñando con que su marido volverá de la guerra porque intuye que está vivo… “Si no me habría dado un pálpito, el corazón se habría acelerado sin motivo”.
El entrañable Orfeo, un maestro de escuela que tiene “cara de gente, de la muchedumbre de un campo de fútbol o una plaza de toros” y sabe que su amor es imposible… Julia le dice: “Lo más difícil y lo más importante en esta vida es ser lo que tú eres, una buena persona”. Y él contesta: “Ese es el problema, que a las mujeres nunca os atraen las buenas personas”.
Hay quien acusa el cine de Garci de tener un envoltorio precioso pero poca profundidad. Y qué queréis que os diga, a mí este guión me parece de todo menos hueco.

Cuéntame un cuento

Siempre he preferido la novela al relato, sin embargo admito que un relato capaz de captar tu atención y perdurar en tu memoria igual que una novela tiene mucho más mérito.
No distingo bien entre relato y cuento literario, aunque supongo que hay diferencias entre ellos (Hace poco lo hablábamos, ¿recuerdas, Nanilla?). Quizás el cuento tiene más entidad, una estructura más sólida con planteamiento, nudo y desenlace. Hay quien le da al relato connotaciones más fantásticas y al cuento más realistas, pero yo asocio más el cuento a la ficción.
Tradicionalmente se ha considerado un género menor, sin embargo para que funcione requiere una intensidad y un final determinados. Es un ejercicio de síntesis que no admite errores. Debe enganchar desde el principio y no dejar cabos sueltos. Como dice Cortázar, un buen cuento logra que “un vulgar episodio doméstico se convierta en el resumen impecable de una cierta condición humana”.
Los de Wilde fueron de los primeros que me cautivaron. “El fantasma de Canterville”, “El cumpleaños de la infanta”, “El ruiseñor y la rosa”… Son todos entrañables… y te llegan igual que una historia más extensa.
Dentro del género de misterio me parecen magistrales los de Poe, Conan Doyle y Stephen King (“El método de respiración” me dejó sin respiración). Por no hablar de “El monte de las ánimas” de Bécquer o “Los mil y un fantasmas” de Dumas…
Aluciné con el humor negro de Roald Dahl y sus “Historias extraordinarias” o “Relatos de lo inesperado”. Ese en el que un tipo apuesta su dedo meñique a que podrá encender el mechero diez veces seguidas es espeluznante…
En Latinoamérica el cuento ha gozado siempre de mayor prestigio. Adoro los “Doce cuentos peregrinos” de García Márquez, sobretodo “El ahogado más hermoso del mundo” y “La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”; los “Cuentos de Eva Luna” y algunos otros como “Niña perversa” de Isabel Allende, y “Mujeres de ojos grandes” de Ángeles Mastretta (“La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota…&rdquo . Los de Cortázar los leí por obligación y también por devoción… En palabras de Vargas Llosa, “Juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector, obligado a ello por las endiabladas trampas que lo acechan a la vuelta de la página menos pensada”.
Me encantan “Modelos de mujer” de Almudena Grandes y “La costilla asada de Adán” de Carmen Rico-Godoy: “Blanca, la pobre, era negra. Negra, como esos teléfonos grandes y destartalados que vendían los gitanos en el rastro por veinticinco mil pesetas o más y que compraban embelesadas las señoras pijas de ojos azules y piel blanca y transparente”.
Holden había dejado el listón muy alto, pero los “Nueve cuentos” de J.D. Salinger me resultaron interesantes.
Recientemente he disfrutado los de Chejov y los de Capote: “El problema del amor le preocupaba, sobretodo porque no lo consideraba un problema. Y de algo podía estar seguro: nadie lo amaba. Esta certeza latía en su interior como un corazón adicional”. También con “Dublineses” de Joyce. Tengo pendientes los de Hemingway, los de Benedetti y los de Gogol (ya en el montón) entre otros muchos.
Para mí lo único malo de los cuentos es que acaban demasiado pronto. Luego pasas al siguiente, pensando que no podrá gustarte tanto, y a veces se da la maravillosa circunstancia de que te equivocas…

Buscando a Elo

El día amaneció envuelto en una densa neblina pero cargado de buenos presagios. Me puse en marcha alentada por la ilusión de alcanzar mi objetivo. El paisaje era verde y frondoso. Aún me calentaba los huesos la queimada que había tomado la noche anterior…
Sabía que Elo aprovechaba para viajar siempre que podía y que le encantaban los sitios con historia, así que inicié mi peregrinaje por la Isla de San Simón. Mientras llegaba miré al fondo del mar, imaginando los tesoros de galeones hundidos de los que hablaba mi amiga. Entré en la ermita y encendí una vela pidiendo un deseo... A pesar de mi escepticismo, en ese marco todo parecía posible. Caminé por el Paseo de los Buxos, hasta el mirador. Vi ese árbol que enamoró a Elo y supe que había pasado por allí… Tenía razón, era un lugar mágico.
El sonido de unas gaitas me incitó a asomarme a una taberna, donde sacié mi sed con un ribeiro y probé los pimientos de Padrón. Al salir me adentré en un bosque tal vez animado. Una fina llovizna me obligó a acelerar el paso. Entre la arboleda se perfilaba un cruceiro de granito con la siguiente inscripción: “De polvo y fango nacidos, fango y polvo nos tornamos. ¿Por qué, pues, tanto luchamos si hemos de caer vencidos”. Que sabios versos de Rosalía…
Al escuchar un crujir de hojas secas vinieron a mi mente las fascinantes historias sobre la Santa Compaña que Elo me había contado. Al parecer aparecía por los caminos, anunciando la muerte de quien tenía la desdicha de encontrarse con ella. Pero al girarme, mis ojos se toparon con una vieja que me miraba fijamente.
- Sigue este sendero y te conducirá a tu destino –me dijo, como si me conociera.
- Si no le he dicho cual es…
- Ni falta que hace…
Qué ignorante era… ¿Se me había olvidado que me encontraba en tierra de prodigios?
- ¿A quien debo darle las gracias?
- Mi nombre es Calpurnia –contestó, con una voz que encerraba más misterios de los que mi mente era capaz de comprender.
El olor a mar me indicó que iba bien encaminada. Al pasar frente al Museo de Bellas Artes recordé que Elo adoraba la pintura. Uno de los vigilantes me informó de que iba con frecuencia y pasaba horas extasiada ante los cuadros. Me estaba acercando…
Entre en la Biblioteca Pública con la esperanza de descubrirla entre las estanterías, pero tampoco hubo suerte… Al pasar junto a las mesas de lectura me pareció visualizarla allí, escribiendo uno de sus magistrales relatos por entregas.
Delante de un restaurante italiano volví a tener un pálpito y pregunté por ella. Era una clienta asidua -me confirmó el dueño-. Solía ir a degustar un plato de pasta acompañado de lambrusco. Qué bien se cuidaba… Y cuanto nos parecíamos…
Llegue al puerto y eché un vistazo por el embarcadero, pues a Elo le fascinaba navegar. Vino a mi mente la historia de un pulpo, haciéndome sonreír…
Mis pasos se dirigieron al Mercado da Pedra, y entonces avisté una silueta familiar. Una chica rubia, preciosa, caminaba hacia mí. Lo había conseguido. Por fin podría darle un abrazo y desearle feliz cumpleaños…

¿Mucho pedir?

- Acabarás conmigo…
- ¿Por qué dices eso? Mira que eres melodramática…
- Porque no me darás lo que yo necesito, y eso me acabará matando.
- ¿Y qué es lo que necesitas?
- Que pienses en mí a todas horas, que sueñes conmigo, que leas los libros que yo leo y veas las películas que yo veo… Que me adivines el pensamiento, que no le dediques a nadie tantas atenciones como a mí, que firmaras ahora mismo pasar el resto de tu vida a mi lado…
- Pues no pides tú poco…
- Me consta que no es poco. Yo te lo he dado sin que me lo pidieras…
P.d. No sé escribir cartas de amor, pero creo que el amor se puede expresar de muchas formas...

Decisiones

Impresiona pensar hasta que punto las decisiones tomadas y omitidas nos han llevado a donde estamos... Me gustaría creer en eso del destino para sentir que no soy la única responsable de mis errores. Achacar un hecho a la suerte te exime en cierto modo, aunque por lo general tu implicación es mayor de lo que quieres admitir. El poder de intervención que tenemos en muchos aspectos debería ser un consuelo, pero también es una carga. La conciencia no perdona. El libre albedrío es lo que tiene…
No soy partidaria de darle demasiadas vueltas a lo que hice o dejé de hacer, pero llega un momento en el que me enfrento a las consecuencias de mis decisiones y me planteo si fueron las acertadas. De los errores se aprende, pero eso no impide que te pesen. No conviene fustigarse en exceso, es más operativo ser consecuente... Lo que pasa es que hay algunos con los que cuesta convivir…
No lamento las decisiones que tomé guiándome por los sentimientos, porque fueron las más auténticas. Cuando involucran a otra persona no puedes permitirte el lujo de ser deshonesta… Además, eso solo te conduciría a la infelicidad.
He tomado decisiones siendo consciente del precio que conllevaban, y sigo pagando el de algunas. Si me compensa, por muy absurda que parezca, sé que merecerá la pena. Al menos me sentiré fiel a mí misma, y eso siempre reconforta.
Hay momentos en los que recorro un camino que sé que me llevará al abismo, y aún así sigo avanzando. No es que no lo pueda evitar, es que no quiero. Solo yo conozco los motivos y para mí son válidos. Mientras sean más fuertes que el instinto de supervivencia no daré media vuelta.
Ya os dije que el frío me volvía introspectiva, no me lo tengáis en cuenta...

Susceptibilidad

Hay momentos en los que me horroriza comprobar lo susceptible que soy. Pero no puedo evitar que ciertas cosas me afecten como me afectan… Aún cuando pienso que las estoy sobredimensionando o haciendo una lectura errónea, me duelen. Solo cuando las veo con perspectiva soy capaz de comprender lo ilógico de mi reacción.
Todos tenemos nuestro talón de Aquiles, y cuando nos clavan (o creemos que nos clavan) la flecha caemos. Hay días en los que pienso que un soplido bastaría para derribarme. Y necesito un abrazo que no me atrevo a pedir…
La tendencia a hacer la peor interpretación de la incertidumbre puede ser un calvario. Los silencios se clavan como agujas, la duda ofende, la sensación de invisibilidad mata. A veces siento una distancia fría como el hielo, y me pregunto si habré hecho algo inconsciente para provocarla. Cuando intuyo que algo dicho con la mejor intención ha molestado pienso que debería enmudecer para los restos.
Una gota tras otra forma un mar… Quizás hablando claro se evitarían estas percepciones unilaterales, pero soy de las que se guardan casi todo lo que le toca la fibra. Además, sé que los reproches pasan factura y no siempre estoy dispuesta a pagarla.
El significado de una actitud está íntimamente ligado con su procedencia. Las personas a las que más quieres son las tienen más capacidad para hacerte daño. Pueden destrozarte con un desplante, un gesto desafortunado o una mala interpretación. Probablemente todo parte de un error de base, que es atribuirme más importancia de la que tengo en la vida de algunas personas.
Me gustaría pensar que soy tan impasible como aparento. Que no necesito a nadie más de lo estrictamente necesario. Que estoy por encima de ofensas y rencores… Pero bastante completita está mi lista de defectos como para añadirle también la soberbia…
P.d. Que nadie se preocupe, son solo pensamientos. Mi religión me prohíbe mostrarme vulnerable, pero es que el otro día me di un golpe en la cabeza y creo que he perdido parte de la coraza…

jueves, 3 de diciembre de 2009

El frío modifica la trayectoria de Patri

Tolero mal el frío. Si viviera en Rusia las pasaría canutas… Estaría vodka va, vodka viene. Cuando baja el termómetro sufro una mutación. Mi físico se resiente, mi ánimo decae, y mi carácter se vuelve más introspectivo todavía. Si salgo temprano o de noche me tengo que poner una bufanda para no pillar una faringitis. Se me cortan los labios, me vuelvo adicta a los kleenex. Y se me pone una cara de mala leche…
Lo que peor llevo es la ausencia de sol. En mi ciudad el invierno es gélido, pero los días suelen ser soleados. Por eso cuando se nubla el cielo yo me nublo con él. Y si la situación persiste varios días, me dan unos bajones no veas…
Pero toda moneda tiene dos caras… El mal tiempo que tanto detesto tiene en mí un efecto positivo: me fomenta la creatividad. No incita a salir a la calle, por lo tanto favorece la concentración y es ideal para el trabajo intelectual. En verano apenas si puedo escribir una línea. Es en la antesala del invierno cuando mi potencial alcanza su máximo rendimiento, lo que no deja de ser paradójico…
He terminado todas mis novelas por esta época. Es cuando realmente estoy inspirada y me pongo las pilas. Curiosamente, el año que pasé en un país cálido apenas si pude escribir unas líneas. Era capaz de crear historias cortas, pero no de involucrarme en algo más complicado.
También es mi momento más productivo laboralmente hablando. Me refiero solo a una de mis dos ocupaciones. Como algunos sabéis, llevo una doble vida: la auténtica y la impostora. Noto la mente ágil, leo y redacto sin ninguna dificultad…
El mes de Diciembre es prolífico para mí en ese sentido. Tal vez es la inminencia de la Navidad lo que me motiva, o tal vez la sensación inconsciente de que al ser el último mes del año lo tengo que aprovechar… Este mes siempre ha estado marcado por acontecimientos trascendentales en mi vida. El año pasado lo viví con mucha ilusión, porque volvía a comerme los turrones a casa…
Recuerdo cuando por estas fechas cortábamos las clases y aprovechaba para prepararme los exámenes, pues sabía que durante las fiestas navideñas sería imposible. Teníamos un montón de lecturas obligatorias, porque el profe pretendía que pasáramos las vacaciones encerrados en un desván sin hacer otra cosa que leer… (admito que hoy esa perspectiva no me disgusta para nada). Aunque en su día renegué, algunas me encantaron: “Yo, Claudio”, “El tío Goriot”, “Madame Bovary”, “Los novios”… Todas ellas las leí con un calefactor en los pies y azuquíllar de polvorón en las solapas…
Recuerdo esas semanas currando en la catedral, donde pasé más frío que robando pingüinos… Pero estaba tan contenta y aprendí tanto de esas otras facetas de mi carrera, que me compensó totalmente. Una monjilla inspeccionaba como quien no quiere la cosa, y nos invitaba a tazas de chocolate caliente. En vísperas de Nochebuena se sintió magnánima y nos llevó a la sacristía, donde los curas habían desayunado como tales. Ese día hubo churros y una copita de anís…
Ya veis que miro más al pasado que al futuro… Pues eso, que el frío modifica mi trayectoria y me hace divagar. Y si no fuera por la otra cara de la moneda, invernaría como los osos…

El poder de la belleza

Los que me leéis sabéis que aquí no suelo hablar sobre arte, aunque ocupa un lugar importante en mi vida. Me cuesta imaginar como sería vivir sin él, tanto como vivir sin libros. Seguramente no se echa en falta aquello a lo que no te has acostumbrado, pero no puedo evitar pensar que me faltaría algo esencial…
Al igual que Holly Golightly iba a Tiffany´s cuando tenía un día rojo para sentirse mejor, todos atesoramos esas pequeñas (o grandes) pasiones que nos rescatan de la melancolía de vez en cuando. En mi caso una de ellas es la pintura.
Ante determinados cuadros siento algo que más que va más allá del goce estético. No es ya el poder identificar un estilo, interpretar un simbolismo o reconstruir una historia, sino una experiencia emocional que me hace partícipe. Porque hay cuadros que están vivos… Parecen pintados por una mano divina y me hacen creer en los milagros…
Recuerdo una novela que leí hace años y me encantó: “La novia de Matisse”, de Manuel Vicent. Trata la fascinación por la belleza que emana del arte y sus efectos, con una sensualidad que raya el hedonismo: “No hay que dar ninguna importancia al dinero ni a la moral frente a la belleza”. ¿No parece una frase de Oscar Wilde?
Creo que el gusto se educa, pero requiere un mínimo de sensibilidad. Si jamás has tenido acceso a él no podrás desarrollarlo, pero estoy convencida de que para sentirse conmovido por una obra de arte no es necesario tener formación artística. “Le gustaba sobretodo la luz que desprendía, a la cual cada día le descubría un nuevo matiz, como un amor que se va revelando lentamente. No entendía de arte pero en el fondo estaba feliz sólo de pensar que poseía aquel cuadro y con él todo su pasado”.
La belleza no está en el objeto, sino en la mirada del que lo contempla… Y tiene un poder que no conviene desestimar. “Algún día te hablaré de una teoría sobre la magia que ejerce la belleza sobre las personas para que veas que este negocio no es tan desalmado… La belleza puede destruirte o hacerte inmortal”. No sé si el arte puede tener una cualidad terapéutica, pero los objetos bellos me ayudan a sentirme bien. Todo aquello que inspira sensaciones bonitas tiene algo de curativo, porque diluye las penas y aleja la negatividad.
“El tiempo se posa en la pintura. La historia que vive una obra de arte, las manos por las que haya pasado, la codicia que haya despertado, la emoción estética o los deseos de belleza que haya generado en sus sucesivos propietarios son tan importantes para su carácter como las pasiones o desgracias que nos conforman”.
Cuando veo una obra que me toca la fibra tengo la sensación de que fue creada para decirme algo. El artista entabla un diálogo con el espectador que muchas veces conecta con su propia historia, con sus sentimientos más íntimos. Para mí es tan importante el aspecto estético como el simbólico. Cuando ambos se combinan el resultado es como una descarga de energía… Lo bello tiene un valor en si mismo, pero si va acompañado de un trasfondo interesante el poder que ejerce aumenta…
Con el paso de los años voy tomando conciencia de cuales son esas cosas que hacen mi vida más agradable, que me hacen sentir algo que merece la pena, que me inspiran… Y he aprendido que rodearme de ellas es una eficaz forma de supervivencia.

Una carta de amor

«El que vive tan enamorado como yo no sirve para nada, pues en mí experimento que solamente soy activo y cuidadoso en lo que puede ser para el servicio tuyo, y en todo lo demás estoy violento y fuera del centro mío y oy estoy pagando quanta chanza hasía de los que ciegos operaban y disculpando a quantos ay, si a sido amor quien les a obligado y oy entiendo los libros y las historias que antes leya con desprecio haziendo de todos mofa. Paris hurtó a Elena y fue este amor la destrucción y ruina de todo un ymperio. Aquiles, el príncipe más valiente, se vistió de mujer para gozar a Deidamia. Hércules hisso por dar gusto a una dama. Los amor (sic) de Dido y Eneas fueron la desolación de todo su reyno; y son tantos los que las historias quentan que an perdido sus monarquías por enamorados y tantos los que su vida y tantos los que su honra, que no ay papel para numerarlos; y todos, mi dueña, an sido los primeros príncipes y los más discretos sin que en esta locura tan gloriosa ayga un tonto perdido porque, como les falta el entendimiento, no saben lo que vale una hermosura»
El otro día descubrí esta carta por casualidad, como suelen llegar a mí las cosas más bonitas… Me da pudor indagar en las vidas ajenas, pero a veces mi parte cotilla se impone. Solo diré que fue escrita en el siglo XVIII y que se consideraron unos amores “escandalosos”. Así al menos respeto el anonimato de sus protagonistas y me siento un poquito menos rata calabocera... Si alguien divulgara una carta mía de estas características me acordaría de toda su parentela… Pero el que investiga encuentra, y el que encuentra algo interesante siente la necesidad de compartirlo…
No deja de inquietarme el hecho de que cartas personales estén al alcance de todo el mundo. Entiendo que lo estén otro tipo de documentos (jurídicos, administrativos…), pero no estos. Ni si quiera tienes que ir a un archivo histórico para encontrarlos…
Ya casi nadie escribe cartas de amor… Y menos de este tipo. Hoy día recibir una misiva como esta me daría hasta risa, sin embargo enmarcándola en su contexto me parece preciosa. Hay cosas que solo se dicen por escrito, pues en voz alta sonarían ridículas. En otras épocas la comunicación epistolar era casi la única, especialmente en las relaciones clandestinas. Por eso alcanza unos niveles de romanticismo a los que no estamos acostumbrados...
Estas pasiones solo me las creo en los libros o en la películas, pero me cuesta verlas como algo real. Eso es lo que me impresiona de esta carta… Que mientras la leo me dejaría arrastrar por “locuras gloriosas” aunque perdiera la vida la vida y la honra…

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Hojas en blanco

¿Qué contar? Ese es el dilema universal a la hora de escribir. Lo complicado es encontrar esa idea original que te motive y ser capaz de desarrollarla. Puedes pulir el estilo, pero el trasfondo será el mismo… Para mí el primer objetivo es contármelo a mí misma. Luego, en algunos casos, viene la necesidad de compartirlo.
Cuanto más leo más consciente soy de mis limitaciones. Hay autores que me inspiran, pero leyéndolos me doy cuenta de que pretender escribir una gran novela está fuera de mi alcance. Al principio es fácil pecar de ingenuidad. Aún no sabes hasta donde puedes llegar… Tienes una historia en la cabeza y eso te parece suficiente. Cuando intentas plasmarla te enfrentas a la verdad… Y la verdad siempre es más dura que la fantasía. Hacen falta horas, paciencia, una creatividad que nadie te la garantiza. Según avanzas te planteas si es eso lo que querías contar, si lo estás haciendo bien... Incluso cual es el sentido, aunque sepas que es una pregunta retórica.
Ignoro de donde viene esa necesidad de interpretar el mundo con mi mirada… Pero lo asumo como parte de mi, sin más expectativa que la de disfrutar. No busco difusión, aunque no negaré que es un placer que alguien reciba mi mensaje y le pueda interesar. Escribir es la única forma que conozco de hablar de ciertas cosas… De sumergirme en otras vidas y evadirme de una realidad que no me basta.
Solo los genios pueden escribir novelas geniales… Una novela genial necesita algo más que talento. Hace falta una idea original, una estructura que no se improvisa, personajes inolvidables… un conocimiento profundo de la naturaleza humana, una sensibilidad especial y la capacidad de trasmitirla… Debe ser una máquina perfecta, en la que todas las piezas ocupen una posición concreta que haga funcionar el engranaje.
“Somos lo que vivimos, más lo que leemos, más lo que soñamos”. Y al escribir expresamos lo que somos… Si nos implicamos se filtra todo lo que llevamos dentro. Dejamos rastros del alma en cada frase… Y las hojas en blanco adquieren significado, aunque solo sea para nosotros…

sábado, 21 de noviembre de 2009

Soldados de Salamina

- ¿Qué vas a hacer con todo esto?
- No lo sé.
- Creí que estabas pensando escribir una novela…
- Yo ya no escribo novelas.
Hay pelis de esas que aunque te sabes de memoria disfrutas cada vez que las ves. Yo me las dosifico, porque no quiero llegar a aborrecerlas.
La primera vez que oí hablar de “Soldados de Salamina” no me sedujo, porque el título me echaba para atrás. Pero como me había encantado “La buena vida” (el debut tras la cámara de David Trueba) decidí darle una oportunidad…
El libro llegó a mí tiempo después, en Pisa. Me lo regaló una conocida que se lo había leído durante el viaje. Me cuesta entender que alguien regale el único ejemplar que tiene de un libro que le ha fascinado, pero me vino genial…
Como ya he contado alguna vez, soy fiel seguidora del cine español. Así que he visto cienes y cienes de películas sobre la Guerra Civil. Por lo general toman partido por un bando u otro, y me sorprendió que esta hablara de seres humanos, por encima de ideologías…
Recuerdo mi intento frustrado de que alguien que era especial para mí en ese momento la viera. Seguramente pensó que era otra historia “de rojos” (de las que detestaba) y no quiso…
Un profesor mío decía que un historiador jamás puede ser imparcial, pero resulta que la protagonista no es historiadora… Ella me parece uno de los aspectos más interesantes de la película. Quizás porque tiene más o menos mi edad, porque es honesta consigo misma, o porque lleva la tristeza pegada a su alma.
“A mí me parece que todo el mundo escribe mejor que yo”.
“Puede que no sepa escribir, pero sé leer”
“¿Quien te ha dicho que quiero escribir una novela genial? ¿Quien te ha dicho que puedo escribir una novela genial?
Me gusta la crónica del exilio del poeta Antonio Machado, donde quizás resida “un secreto esencial” de la guerra. Y como surge esa historia, con un libro que cae al suelo abierto por una página con su foto…
Esa nota mexicana que pone Diego Luna.
El concepto de héroe y su identificación con Miralles. “Yo no sé lo que es un héroe, pero sé que una vez conocí a uno”.
La solidaridad de “Los amigos del bosque” con alguien de diferente creencia política. Hoy por ti y mañana por mí…
Ese soldadito que canta “Suspiros de España” mientras baila con su fusil bajo la lluvia…
El gesto de perdonarle la vida a un enemigo y dejarlo escapar…
Siento debilidad por las historias en dos tiempos, relacionadas entre sí. Por esas investigaciones que nunca se sabe como terminarán… Hurgar en el pasado tiene consecuencias imprevisibles. Es curioso como un tema en el que profundizas consigue apasionarte… Y como buscando algo te puedes encontrar a ti misma…

Las fronteras de la ficción

Para Puck, que inspiró este post.
Al igual que a veces el mundo de los vivos se mezcla con el de los muertos, hay un punto en el que realidad y ficción también lo hacen, convirtiendo a los personajes ficticios en reales.
En muchos casos lo fueron de algún modo… Parece que Conan Doyle se inspiró en los rasgos de un cirujano de Edimburgo que fue su maestro para crear la fisonomía de Sherlock Holmes. Son muchos los turistas que al llegar a Londres buscan el 221B de Baker Street…
El rey Arturo existió, pero lo que lo hizo famoso fue la leyenda medieval. Seguramente no conoció a ninguna Lady Ginebra ni tuvo nada que ver con una espada llamada excalibur… Eso sí, en Winchester se conserva la tabla redonda, que la han visto estos ojitos…
Drácula fue un príncipe de Valaquia que hacía brochetas con sus víctimas… Bram Stoker lo transformó en vampiro, concediéndole la inmortalidad. Me da a mí que el auténtico de romántico tenía poquito…
Para el Magistral que se moría por los huesitos de “La Regenta”, Clarín tomó como modelo a un arzobispo que conocía, seguramente tan viciosillo como este.
El valiente D’Artagnan fue nada menos que conde, y capitán de la guardia de los mosqueteros de Luis XIV, aunque el pobre acabara siendo un mosqueperro…
Y Dumas contó que “El conde de Montecristo” se basaba en la historia de una traición a un pobre zapatero parisino y su posterior venganza.
Pero a veces, solo a veces, ocurre algo curioso… Y es que el lector toma a un personaje ficticio por real. Uno de los casos más comunes y recientes es el del Capitán Alatriste. Esos versos que le dedica su amigo Quevedo siembran la duda… Pero Arturo Pérez Reverte, lleno de orgullo y riéndose por lo bajo, aclara que no, que el espadachín salió de su pluma.
Lo mismo siente cuando sus lectores buscan la Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas en el Barrio de Santa Cruz, sobretodo si es a cuarenta grados a la sombra…
Lo más fuerte le ocurrió en Sinaloa, la capital del narco en México. Cuando filmaban una entrevista en plena calle se les acercó una señora a preguntarles que hacían. “Es sobre la reina del sur”, le explicaron. A lo que la señora respondió muy convencida: “¿Teresita Mendoza?... Yo la conocí muy bien. En esta misma esquina se ponía”.
“Lo que más calienta el corazón de quien, como yo, cuenta historias dándole a la tecla, es que alguien que nunca leyó un libro suyo hable con familiaridad de un personaje o un suceso narrados, imaginarios, y lo haga convencido de su existencia real. Como si los conociera de toda la vida”.
Pues eso, que un personaje cobre vida y traspase la fronteras (difusas) de la ficción debe ser la mayor satisfacción para su creador…

La escritura invisible

A veces, en un antiguo manuscrito, el ojo afortunado descubre la primitiva escritura que permaneció invisible durante mucho tiempo, cubierta por tonterías posteriores. Por medio de sustancias ácidas, se quita la grafía sobrepuesta, y entonces los antiguos signos se vuelven más claros y visibles. De igual forma, tus ojos me han enseñando a encontrarme a mí mismo.
“Diario de un seductor”. SÖREN KIERKEGAARD.
Este es el sentimiento que le inspira al joven Johannes su amada Cordelia. Lo cierto es que cuando compré el libro pensé que sería una crónica de tintes donjuanescos. Me vino a la mente András Vajda, ese chico húngaro aficionado a los brazos de las mujeres maduras. Pero esta historia es básicamente una declaración de amor, aunque la conquista tenga un gran componente de autosatisfacción.
Me encanta la analogía. Quizás porque cuando veo un viejo manuscrito o cualquier objeto artístico por el que han pasado los siglos no me cuesta imaginar esa “primitiva escritura que permaneció invisible durante mucho tiempo”. Y sé que solo bajo la mirada adecuada “los antiguos signos se vuelven más claros y visibles”. Todos encierran una historia, aunque no haya sido intención de su creador trasmitirla.
Igualmente, los ojos de otro pueden enseñarte a encontrarte a ti mismo si te ven de determinada manera y si eres maleable a esa mirada. Alguien que te mira con cariño ve lo mejor de ti, y puede descubrir aspectos tuyos que hasta tú ignorabas. Porque esa visión llega más lejos que cualquier otra… Es como un aparato de Rayos X, capaz de traspasar la superficie.
Creo que la belleza está allá donde queramos verla, en todo aquello que nos conmueve. Mirar algo que nos inspira pasión también nos enseña a conocernos mejor, porque activa nuestra parte más sensible. Nos damos cuenta de cuales son nuestras prioridades, de cuanto somos capaces de dar. Nos permite vernos bajo una luz diferente.
Johannes persigue una estética emocional que lo salve de una existencia vulgar. Aún así, sus cartas a Cordelia son preciosas. La clave de todo buen seductor está en amar de verdad al objeto de su seducción, al menos mientras esta dure.
“Mi añoranza es una perpetua impaciencia. Tan solo cuando hubiese vagado una eternidad entera para asegurarme que me pertenecerás en cualquier instante, podría vivir en paz en el infinito, volviendo a ti”.
Puede que ese deseo sea una ilusión óptica, puede que no esté movido por los principios más altruistas, pero se convierte en un estímulo que da sentido a su vida. Y que poquitas cosas consiguen ese efecto, ¿verdad?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Sesión nocturna

No suelo escribir sobre cine, y eso que es una de mis debilidades. Mi vena cinéfila alcanzó su cenit en la adolescencia, cuando descubrí que las películas podían hacerme vivir otras vidas al igual que los libros. Quizás mi necesidad de abstracción sea patológica, y solo se cure con la dosis conveniente de cine y literatura.
Desde ese furor peliculero he atravesado distintas etapas dependiendo de las circunstancias, pero nunca he de dejado de ver un mínimo de tres o cuatro pelis por semana. Como durante mi estancia en México me desenganché de todas las series que seguía, ahora suele caer una cada noche.
Me gusta alternar estilos, igual que cuando leo. Tengo debilidad por el cine latinoamericano y europeo, sobretodo de autor. Aunque el ciberpirateo me proporciona savia nueva, suelo ser bastante reiterativa. Porque hay pelis que no me canso de ver… Y es raro que pase un año entero sin volver a disfrutarlas.
La elección depende de mi estado de ánimo. A veces a una le pide el cuerpo algo profundo, y otras algo superficial. Un día me cruzo Sudamérica en moto con Gael García Bernal, otro desayuno en Tiffany´s, y otro me voy a la Rusia zarista o a una isla del Egeo.
Anoche viajé a Venecia. Las películas de época inglesas son unas de mis favoritas, porque tienen unas ambientaciones impresionantes y un trasfondo interesante. “Las alas de la paloma” ataca sin piedad la moral victoriana, y eso me encanta. Es muy Henry James…
Kate y Merton se aman pero no pueden estar juntos, porque ella perdería su posición social (que penita, tú…). Millie está forrada, pero también sola y enferma. Cuando posa sus ojos en Merton, Kate perpetra un ambicioso plan. Y Merton acaba entrando al trapo… Ambos deciden acompañar a la millonetis a Venecia e inician su estrategia.
“Cada vez que ella te mire, cada vez que te sonría, no olvides que yo te quiero más” (KATE)
“Todo cuanto he hecho lo he hecho por ti, aunque cada día me resulta más difícil” (MERTON)
“Yo creo en ti, porque sí. Es un presentimiento” (MILLIE A MERTON)
Amor, dinero y muerte. Un escenario bellísimo… La frialdad de Kate es espeluznante. ¿Quién podría empujar a su amor a los brazos de otra? ¿Cómo se puede utilizar así a una moribunda? Nadie en la vida lo tiene todo… No se puede tener todo… Y jugar con el corazón tiene sus riesgos. Cuando termina vuelvo a la realidad, pero nada es lo mismo que antes. Esa es la magia del cine…

El punto final

Una de las cosas que más me cuesta cuando escribo es poner el punto final. A veces evito llegar a él, alargando la historia hasta que se agota. Supongo que aunque no vea el momento de acabarla (soy impaciente por naturaleza), me resisto a despedirme de ella. Me da la sensación de que mientras la tenga entre manos estoy a tiempo de salvarla.
Me siento como el personaje de Michael Douglas en “Jóvenes prodigiosos” (mira que me gusta esa peli…), incapaz de poner fin a esa novela interminable por temor a no responder a las expectativas tanto propias como ajenas. Cuando el viento se lleva la única copia que tiene me pongo ansiótica, pero enseguida me doy cuenta de que es lo mejor que le podía pasar.
Me preocupa escribir un final digno, porque sé la importancia que tiene. No necesariamente feliz, pero al menos que sea verosímil y no deje cabos sueltos. Que no decepcione, y si es posible que sorprenda…
Una vez que la termino a mi gusto reviso hasta la saciedad. Es la parte teóricamente más fácil, pero se puede convertir en la más pesada si no encuentras el momento de parar. No me tengo por una perfeccionista, pero siempre hay algo que no me convence. Algo que le falta, o le sobra, o no tiene el tono adecuado… Al releer te das cuenta de esos errores. Encuentras párrafos o páginas enteras que te parece que no están a la altura del resto. A veces no sabes identificarlo claramente, pero sientes que hay algo que no funciona. Esa certeza es espantosa, aunque tenga remedio. Porque uno de mis conflictos es el de borrar. Cuando son un par de párrafos lo hago sin más, pero si es más me resulta muy difícil. Debo sufrir algo así como un Síndrome de Diógenes literario, jeje…
Cuando llega ese día en el que dices: “Vale, hasta aquí hemos llegado”, siento alivio y satisfacción, pero no puedo evitar un sentimiento de pérdida. El proceso en el que he estado sumergida durante tanto tiempo ha terminado, y sé que lo echaré de menos. Me invade la duda, además del pánico escénico. No sé si he hecho lo mejor que he podido. No sé si he conseguido lo que pretendía, porque después de darle tantas vueltas ya he perdido la perspectiva por completo. No sé qué voy a hacer ahora, si seré capaz de iniciar otro proceso…
Nadie dijo que fuera fácil cerrar etapas, pero la vida te enseña que es la única forma de avanzar. Poner el punto final, y a otra cosa mariposa…

Tres vidas

“Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta”.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Muchos conocéis mi devoción hacia Gabo. Esta me parece una de sus frases más geniales, y entiendo lo que le indujo a pronunciarla. Siendo un escritor que vive de su trabajo, su vertiente pública debería limitarse a la promoción de sus libros. Si no protegiera su intimidad, lo primero que se vería perjudicado sería su desempeño profesional. Y eso no se contradice con el hecho de que escriba biografías, pues en ellas él controla lo que cuenta y como lo cuenta.
Cuando habla de la vida pública se refiere a un nivel mediático. Aunque la mayoría (por suerte) no pertenecemos a él, creo que podríamos extrapolarla a la faceta que trascurre de cara a los demás. La privada sería la que solo compartimos con ciertas personas; por confianza, por cariño, o por simple cercanía.
Como no vivimos de la imagen no necesitamos guardar las apariencias, pero aún así ambas vidas no siempre coinciden. Hay personas que actúan de forma totalmente distinta según el ambiente en el que se encuentren. Otras en cambio no saben o no quieren jugar a eso, lo que no impide que puedan dar una impresión que no se corresponda con la real. Solo dejan aflorar su verdadera personalidad cuando se sienten cómodas. No se trata de engañar, sino de dosificar…
La vida secreta es la que no exteriorizamos. Esa parcela íntima que preferimos mantener oculta en algún lugar del corazón o la memoria. Recuerdos, deseos, frustraciones… Aquello que no le hemos contado ni le pensamos contar a nadie. Anécdotas que no consideramos oportuno compartir, pasiones altas y bajas, sueños que no se cumplieron, ilusiones que no nos atrevemos a expresar en voz alta, sentimientos que se nos quedaron atravesados un día y siguen ahí, guardados a buen recaudo. Esa parte que nos pertenece solo a nosotros y que nos hace sentir especiales…
Esta vida me parece la más interesante, porque es la más auténtica de todas. No pasa por ningún filtro, no está sujeta a normas ni prejuicios. Nadie es del todo inmune a la opinión ajena... Por eso en este ámbito nos sentimos totalmente libres, pues sabemos que no seremos juzgados más que por nosotros mismos. En ningún otro gozamos de ese privilegio.
Y que aburrido sería alguien sin misterios por desvelar, ¿no?

Fue ayer y no me acuerdo

Desperté con los síntomas inequívocos de un resacón de los malos. Entonces recordé que la última vez me había prometido que no volvería a verme en una de esas. Pero ya se sabe que la voluntad es frágil… La cabeza me daba vueltas, tenía la boca más seca que el ojo de un tuerto, y unas nauseas nauseabundas. Traté de hacer memoria, pero cualquier esfuerzo intelectual en mi estado era tan jodido como inútil. Hasta donde llegaban mis recuerdos pre-etílicos, habíamos salido a celebrar la plaza de Elena. La promoción de las margaritas a un euro había resultado letal… Unos chicos muy simpáticos nos habían invitado a una fiesta y nuestros exquisitos modales nos habían impedido rechazarla. Total, qué más daba cuatro borrachas más… A partir de ahí todo se volvía difuso. Solo había una forma de averiguarlo, así que me arrastré hasta el teléfono.
- Elenitaaaaaa…
- ¡Anda, estás viva…!
- No te creas… Se nos fue la mano con el desparrame, ¿no?
- ¡Jajajajaja…!
- No te rías, cabrona, que me duelen hasta las pestañas. Y lo peor es que no me acuerdo de casi nada…
- Con lo bien que te lo pasaste en la fiesta…
- Si tú lo dices…
- Diste un cante que no veas…
- Si conté el chiste de la monja ninfómana prefiero no saberlo…
- Se partían el culo…
- Que corte, por Dios…
- ¿En serio no te acuerdas de cuando te subiste en la mesa?
- Noooo…
- ¿Ni del numerito de Gilda?
- La madre que me parió…
- ¿Ni del rubio?
- ¿Qué rubio?
- Pues le cruzaste la cara…
- Jajajaja… Joder, joder… que follaero…
- La liaste parda... Lo de ayer compensó mis cuatro años opositando… Jajaja...
- Oye…
- Que pasa…
- Estoy viendo unos gayumbos en el suelo, y te juro que no son míos… ¿Quién me trajo a casa?
- La verdad, reina, no sabría decirte. A esas alturas yo también estaba más pallá que pacá… La última vez que tengo conciencia de haberte visto no te estabas aburriendo precisamente.
- No me des detalles, anda, que ya he tenido suficiente.
En ese momento escuché el ruido de la puerta del baño, y la curda desapareció de golpe. Al sonido de unos pasos siguió la aparición de un rubio con una toalla liada en la cintura.
- Así que tú eres Johnny Farrell…

Blanco y negro

Anoche vi “Rebecca”, una de esas pelis que te atrapan desde el primer segundo… Nunca he sido muy aficionada al cine antiguo, pero últimamente me estoy reeducando. La culpa la tiene mi prima (Nanilla, quien va a ser…), que me encandila con sus posts sobre películas en blanco y negro.
Hace poco Lauri hablaba del libro, y además de tentarme me recordó que hacía mucho que no veía la peli…
Manderley da yuyu… Ese camino invadido por la maleza, la niebla y la música de fondo crean un ambiente fantasmagórico ideal para introducirte en la historia. De eso el tío Alfred sabe…
Él me cae antipático desde el principio. Es un enteradillo con pose de galán. Quizás es mi rechazo innato a los bigotes, no sé… Y esa petición de matrimonio desde el baño… Estará bien educado, pero muy mal aprendido. Cuando dice “Ahora que está todo arreglado sírveme el café” pienso: “ay bonita, no sabes donde te has metido”…
Ella es un poco “sin sustancia”… ¿No se da un aire a Ingrid Bergman? Parece una pavisosa, pero da penilla… Está enamorada hasta las trancas, hay que entenderla…
“Cuando se halla algo perfecto hay que serle fiel”.
Pues sí, hay tan pocas cosas perfectas que merecen fidelidad. La perfección es relativa, lo realmente importante es lo “perfecto a nuestros ojos”.
El ama de llaves con su careto de rottweiller es más mala que un dolor de muelas… Y está claro que se traía un rollo raro con la muertita… Como mete cizaña la tía para envenenar a la otra…
Me hace gracia el gabinete, porque en casa de mis abuelos había una habitación con ese nombre y nunca supe para qué servía… Aparte de para que vinieran los Reyes Magos…
Me encanta eso de atesorar los buenos momentos en frascos de perfume, ojalá fuera tan fácil. Así de paso eliminas los que no quieres…
Admiro la genialidad de Hitchcock de convertir un personaje que no sale en protagonista. La idealización es tal que te preguntas, ¿y qué coño tendría la tal Rebecca? Aunque su recuerdo aparece sobredimensionado, quien no ha sentido el fantasma de otra persona interponiéndose en una relación…
Cuando acaba me voy a la cama con una sonrisa, pensando que este tío era un genio del suspense… que con “Rebecca” nos da una lección de buen cine… y que tengo que ver más pelis en blanco y negro.
p.d.: Aurita... creo que aquí está la respuesta a tu pregunta del otro día... Jejeje...

La copa indiscreta

Todo iba como la seda, hasta que un despiste le indujo a beber de mi copa:
- Vaya, ahora me voy a enterar de tus secretos…
- Como si fuera tan fácil…
- Ay, mujer de poca fe… No te tenía por una escéptica…
- Pues lo soy.
- Ya veo. ¿Y qué más eres?
- Cotilla, impaciente, celosa de mi espacio… ¿Sigo, o ya tienes ganas de salir corriendo?
- Creo que puedo soportarte un ratito más… -dijo sonriendo, como si aquello tuviera gracia.
- Es tu buena educación la que habla por ti…
- No creas… Solo habla cuando yo se lo permito…
- Te gusta ejercer el control…
- Me encanta. Pero no siempre lo consigo...
- Hay que saber perder…
- Ya, pero es mejor ganar.
- Claro. Aunque admito que no soy nada competitiva…
- Yo admito que lo soy… Cuando me propongo algo lo consigo.
- ¿Siempre?
- Con bastante frecuencia. Por ejemplo, cuando te he visto esta mañana en la cola del banco me he dicho: “Tengo que salir con esta chica…”.
- ¿Y yo no he tenido nada que ver en eso? Lo dices como si bastara con tu propósito…
- Si has aceptado será por algo…
- Estás muy seguro de ti mismo, ¿no?
- Hay que estarlo, hija… Si no te comen por una pata…
- Estoy de acuerdo, siempre que no se cruce la línea de la prepotencia…
- Así que traemos la escopeta cargada…
- Hay que traerla, hijo… Si no te comen por una pata…
- ¡Jajajaja…! Me gustan las chicas guerreras…
- Mejor para ti. Y qué, ¿has descubierto ya mis secretos?
- Estoy en ello…
- Pues cuando lo consigas, como todo lo que te propones, te pareceré un coñazo…
- Me arriesgaré… El que no arriesga no gana…
- Yo solo arriesgo cuando no tengo nada que perder…
Sin pensarlo dos veces, cogí su copa y la vacié de un trago.

Los ingredientes mágicos

Siempre he creído que las buenas historias son las que te hacen pensar. Y no pensar en cualquier cosa, sino en ese tipo de cuestiones trascendentales que nos afectan a todos. Porque cuente lo que cuente una historia, en ella existe una universalidad. Ha sido creada por una persona con sentimientos e inquietudes que no suelen distar tanto de los tuyos…
Para que te llegue al corazón no solo tiene que hablar de algo con en lo que te puedas identificar, sino también hacerlo con un lenguaje que conecte contigo. Cuando eso sucede es maravilloso… Lo constaté anoche, viendo “Roma” de Adolfo Aristarain una vez más. En contra de lo que puede sugerir el título, cuenta las memorias de un escritor argentino exiliado en España. En ellas destaca el protagonismo de una persona: Roma, su madre.
Esta película toca temas que son importantes para mí. Uno es la familia, lo que significa en tu fase de formación como persona. Cuanto de lo que eres le debes a tus padres...
Otra es la búsqueda de identidad, también presente en casi todas las películas de Aristarain. Todos hemos pasado por esa etapa de desconcierto en la que te sientes obligada a hacer algo útil, que responda a las expectativas depositadas en ti. A veces la vocación no se encuentra de la noche a la mañana. No siempre lo que quieres hacer coincide con lo que debes hacer.
Son muchas las visiones que comparto, tantas que da vértigo… No me cuesta entender que contar tu vida como el que va al psicoanalista debe ser un proceso doloroso, por muchos recuerdos buenos que incluya.
Me gusta como la necesidad de escribir se impone si preguntar, y la certeza de que un escritor que se toma en serio no llegará a ninguna parte… “Nadie te puede enseñar a escribir. El que es escritor escribe”.
Me gusta la idea de hasta que punto el azar influye en nuestra trayectoria...
Me gusta el valor de perseguir un sueño…
Me gusta esa conciencia honesta de sí mismo: “Hice todo lo contrario de lo que se esperaba de mí”.
Me gusta el Buenos Aires de finales de los 60, y el idealismo de esa generación.
Me gustan esas librerías en las que se escuchaba jazz y se debatía de lo divino y lo humano.
Me gusta eso de tirar las malas vibraciones al río, para que se las lleve la corriente…
Me gusta como trasmite las consecuencias de no decir las cosas claramente. De esos “tequieros” a destiempo…
Y me encantan ciertos detalles… Como esos veinte volúmenes de Dumas que el protagonista guarda para releer en algún momento de su vida.
Como cuando lees un libro y no puedes parar de subrayar citas porque todas te parecen magistrales, esta peli está llena de frases que dan ganas de apuntar para no olvidar:
“Nadie puede decirle a otro como hay que vivir”.
“Todo lo que nos pasa es mucho menos importante de lo que a uno le gusta creer”.
“No hay otra cosa en mi vida que valga la pena recordar”.
Adoro el personaje de Roma y su fe ciega en su hijo: “Escribe bien, lee mucho, es buena persona… yo lo entiendo, no le voy a cortar las alas”. Lo único que espera de él es que sea feliz…
Y adoro las películas como “Roma”, que te remueven sentimientos. Hay un algo indescriptible que tienen muy pocas historias. Una verdad que te emociona, que te ayuda a entenderte un poquito mejor. Y no creo que haya fórmulas mágicas para crearlas, solo talento, sensibilidad, y un estado de gracia.

Mi amor por Holden

Todos tenemos un puñado de libros que nos calaron hondo en su día y recordamos con cariño. Justo esos que salvaríamos de un incendio o nos llevaríamos a una isla desierta, aunque ambas perspectivas me pongan los pelos como escarpias.
Uno de los míos es “El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger. Lo tenía en una edición barata, de bolsillo, y desapareció al prestárselo a un desaprensivo… El caso es que no pude resignarme a esa pérdida, y me faltó tiempo para reemplazarlo por una edición preciosa, en pasta dura de color vainilla y granate.
Me da repelús pensar que fue el libro de cabecera de muchos asesinos en serie, pero hay que recordar que fue vetado en su momento por considerar que incitaba a la “mala vida”.
Siempre me ha llamado la atención como un adulto podía meterse con tal habilidad en la piel de un adolescente. Y lo fácil que resultaba identificarse con él… Es imposible no querer a Holden Caulfield, ese mentiroso compulsivo al que la hipocresía “le da cien patadas”. Me gusta su rebeldía, su sensación de desencanto, su búsqueda de libertad… “Me paso el día diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo tiene que decir tonterías de esas”.
Su forma de expresarse tan elocuente… “Los que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras. No hay muchos libros de esos”.
Esa sensibilidad extrema que lo hace especial... “No me importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego da más pena todavía”.
La lucidez que le permite captar la psicología de los que le rodean… “Todos los que lloran como cosacos como esa imbecilidad de películas suelen ser unos cabrones de mucho cuidado”.
Cuando habla de su hermano Allie, que murió de leucemia, y dice: “Les hubiera gustado conocerle. Tenia dos años menos que yo y era cincuenta veces más inteligente” se me pone un nudo en la garganta…
La relación con su hermana pequeña, Phoebe, me produce una ternura increíble… “De pronto se me ocurrió pensar qué haría la pobre Phoebe si me diera una pulmonía y la diñara. Era una tontería, pero no podía sacármelo de la cabeza. Supongo que se llevaría un disgusto terrible. Me quiere mucho. De verdad”.
Su actitud frente a las mujeres lo hace irresistible… “Eso es lo que tienen las chicas. En cuanto hacen algo gracioso, por feas o estúpidas que sean, uno se enamora de ellas y ya no sabe ni por donde se anda”.
Y tiene muchísima gracia: “Jesucristo me cae bien, pero con el resto de la Biblia no puedo. Esos discípulos, por ejemplo. Si quieren que les diga la verdad no les tengo ninguna simpatía. Cuando Jesucristo murió no se portaron tan mal, pero lo que es mientras estuvo vivo, le ayudaron como un tiro en la cabeza. Siempre lo dejaban más solo que la una”.
Me fascina su aventura neoyorkina… Escondido en un hotel, como un fugitivo. Sus escapadas nocturnas a salas de fiestas, su incursión clandestina en casa de sus padres, y su frustrado encuentro con Sally.
Me encantó descubrir el sentido del título al final del libro… y me encantó ese sentido, que lo define como persona. Una persona de la que me habría enamorado sin remedio…

sábado, 24 de octubre de 2009

Libros que nadie lee


“El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee”.
UMBERTO ECO
Esa certeza es una de las que me hacen sonreír cada vez que me pasa por la mente. Sé que son tantos los libros que me esperan, que me domina la ansiedad. Guardo en la memoria los que un día me conmovieron, me animaron a seguir leyendo, y hasta me hicieron creer que yo también podía contar algo. Algunas de ellos tenían un aliciente: eran prácticamente desconocidos. Por eso leyéndolos me sentí más privilegiada todavía. Como si fuera la depositaria de un secreto que pocos conocen.
Me da penita de esos libros que nadie lee… que seguramente fueron escritos con los mismos desvelos y el mismo talento o más que el resto, pero que no tuvieron la suerte de triunfar. Un autor escribe para que lo lean. Aunque ese no sea su objetivo prioritario, es algo implícito en la creación literaria… Y son tantas las buenas historias que se quedan en un cajón, en un disco duro, o apolillándose en cualquier estantería… Son tantas las joyitas desperdiciadas…
Muchos de los libros que llegaron a mi vida por casualidad, cuando no los buscaba ni los esperaba, me depararon agradables sorpresas. A veces un libro se te mete por los ojos por estar en el lugar adecuado en el momento justo. Hace años, alguien me dijo algo con muy buen criterio: cuando un tema te interesa desarrollas una percepción especial que te predispone a recibir una serie de informaciones que pasan desapercibidas para los demás.
Me gusta pensar que esos libros raros que llegaron a mí me estaban destinados de alguna manera. Suelo elegirlos por instinto, independientemente de que sean más o menos conocidos. Me puede influir el argumento, el autor, y hasta el diseño de la portada. Cuando uno del que no tengo la menor referencia me llama la atención, no me suele defraudar. Y haber descubierto uno de esos libros casi inéditos es como encontrarse una moneda de oro… No puedes comentarlo con nadie, pero no te importa. Se queda solo para ti, como esos recuerdos que sabes que perderían toda la magia si los compartieras…

Slow life

Es una de las tendencias más recientes. Huir del stress, cambiar de escenario, tomarse la vida con calma. La filosofía, bien entendida, me parece perfectamente válida. ¿A quien no le gustaría vivir a menos revoluciones? ¿Sacar tiempo para disfrutar de esos pequeños placeres que apenas tienen cabida en nuestro día a día? Como dicen los marroquíes (aún sin conocimiento de causa), la prisa mata. La teoría suena genial, siempre que no derive en la indolencia… Pero me pregunto yo: ¿Quién puede permitirse mandarlo todo al carajo y dedicarse a la slow life? Que más quisiéramos poder dormir diez horas, no tener obligaciones, irnos de juerga alegremente, leer a destajo y escribir cuando nos lo pidiera el cuerpo? Pero tenemos la mala costumbre de comer todos los días. Y si no te falta curro, encima considérate afortunada…
Ya se les ocurrió a aquellos monjes medievales del “ora et labora” dividir el día en tres jornadas de ocho horas: una para trabajar, otra para descansar, y otra para rezar, que en el caso del resto de los mortales sería para el ocio. El plan suena chachi, pero si a las ocho horas de ocio tienes que deducirles el tiempo que empleas en actividades necesarias como asearte, comer o desplazarte, ¿en qué se quedan? La realidad es que tenemos que hacer malabarismos, y priorizar cuando tenemos un hueco. Eso te obliga a trasnochar y madrugar para poder dedicarle un mínimo espacio a tus aficiones, a salir menos de lo que te gustaría, a robarle horas al sueño para leer hasta las tantas, o escribir mientras ves la tele… Y al final te queda una sensación de agotamiento y frustración que los monjes no conocían. Por no hablar de los amigos, y como la escasez de tiempo unida a la incompatibilidad de horarios hace que los veas cada vez menos… Si tienes pareja la cosa se complica, y con churumbeles de por medio ya olvídate…
Cambiar de aires desintoxica, prescindir del reloj y disfrutar de la paz bucólica es una terapia necesaria, pero en su justa medida. Yo, sinceramente, me acabaría cansando de tanto aire puro. Montar una casita rural, vender artesanías o cultivar hortalizas puede sonar muy idílico, pero alguien urbanita como esta que esta aquí no aguantaría ese rollo monacal más de un mesecito. Sin asfalto, sin cines, sin bares, sin librerías… Uf, que stress…
Por eso creo que la slow life no es la panacea. Habría que perfeccionar la técnica, buscar un punto intermedio entre la vida acelerada y la sosegada… Yo más bien me apuntaría a la slowly life…

Llamadores de ángeles

A veces al amanecer, cuando no sabemos con certeza si estamos dormidos o despiertos, o a la hora del crepúsculo cuando las sombras nos hacen dudar de nuestros sentidos, adivinamos invisibles presencias, susurros, aleteos, risas contenidas, y hasta puede rozar nuestra mejilla algo que nos podemos definir. Son los ángeles: vienen y van, escuchando nuestros secretos y susurrándonos melodías.
En general soy poco amiga de supercherías, pero debo admitir y admito que en ocasiones sucumbo como todo hijo de vecino. No creo demasiado en amuletos ni invocaciones milagrosas, y a pesar de mi escepticismo este tipo de cosas siempre me han llamado la atención. Será mi naturaleza cotilla, o quizás esa necesidad irracional de aferrarme a algo sobrenatural cuando lo natural no responde a mis expectativas.
La más reciente mariconadilla de moda son los llamadores de ángeles. Unas bolitas de diferentes diseños con un cascabel dentro. Según la leyenda, hubo un tiempo en el que los duendes mantuvieron una amistad tan estrecha con los ángeles, que fueron obsequiados con tales artilugios para reclamar su presencia en caso de necesidad. Tienen una finalidad protectora, lo que en los tiempos que corren no es un reclamo desdeñable…
Yo mantengo unas creencias sincréticas poco ortodoxas, híbrido entre el catolicismo que me inculcaron y mi percepción personal. Al margen de todo eso, los ángeles me encantan desde el punto de vista iconográfico y simbólico. Mensajeros, custodios, luchadores de espada flamígera, pasionarios, arcabuceros… Siento debilidad por los arcángeles. De hecho acumulo objetos en los que aparecen y he tenido alguno de carne y hueso…
Hay contextos que te predisponen hacia ciertos cultos, y el gallego es uno de los más poderosos que conozco. Pues hace unas semanas, paseando por un pueblo precioso llamado Cambados, no pude evitar comprarme un llamador de ángeles. Desde entonces lo llevo en mi cuello y lo agito de vez en cuando, murmurando deseos tal vez imposibles, pero sin los que sería muy difícil vivir…

El placer del viajero

Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comodidad familiar de la casa y de los amigos. Se está en continuo desequilibrio. Nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo, y todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad.
CESARE PAVESE
Es de esos títulos que captan mi atención de inmediato, ante los que me resulta imposible no sucumbir. Me gustan este tipo de historias de tono íntimo, casi confidencial, que con muy poca acción cuentan muchísimo.
Conozco esa sensación de estar lejos de tus referencias, de todo lo que te resulta familiar. Entiendo que a alguien pueda producirle desasosiego, en cambio a mí solo adrenalina. Me permite ver las cosas con perspectiva, y a veces es justo lo que necesito. Me siento viva, a solas con mis pensamientos. Atesoro imágenes, sensaciones… Todo me inspira. Cada vez constato que hay que viajar con la mitad de equipaje, el doble de dinero, y el triple de libros. Y con buena compañía, por supuesto…
Al leer “El placer del viajero” de Ian Mc Ewan no pude evitar relacionarla con “El cielo protector” de Paul Bowles. Ambas hablan de una pareja fuera de su contexto habitual, lo que resulta determinante para darse cuenta de lo que significan el uno para el otro.
No deja de sorprenderme que una ciudad tan impactante como Venecia pase a segundo e incluso a tercer plano. Lo que importa no es donde están los protagonistas, sino lo que ocurre entre ellos. El estado de su relación en ese momento, como les afecta estar solos y lejos de casa. Creo que en esas circunstancias se tiene un estado anímico concreto, que nivel de pareja da lugar a una situación reveladora. Quizás la más auténtica…
Mary lo amaba, aunque no en aquel preciso momento.
Qué bien entiendo este aparente contrasentido…
- Pues sí, quiero a Colin. Pero tal vez se refiera usted a algo diferente con la palabra “enamorada” ...
- Por “enamorada” –dijo Caroline con un aire excitado, de niña más que de adolescente- me refiero a si haría cualquier cosa por la otra persona, y… -titubeo. Los ojos le brillaban mucho-. Y si dejaría que le hiciese cualquier cosa a usted.
“Hacer cualquier cosa por otra persona” es la mayor prueba de amor que se me ocurre…
- ¿Por qué da tanto miedo amar a alguien? –le dijo entonces, medio riendo y medio llorando-. ¿Por qué asusta tanto?
Porque es una auténtica esclavitud… El temor a dejar de querer y a que dejen de quererte… Para mí el peor es el segundo, sin lugar a dudas.
Me gusta ese tipo de viajero “no turista” que busca sin saber lo que busca. Que viaja sin plan establecido ni fecha de regreso. Que se integra allá donde va…
Me fascina la forma en la que el autor maneja el componente psicológico, su capacidad de envolver al lector, creándole la sensación de que va a pasar algo inquietante de un momento a otro. El clima claustrofóbico, el concepto de moral, y ese desenlace al que te va llevando de la mano pero del que no sales indemne.

Puck

Muy bien me conoces:
yo soy ese alegre andarín de la noche.
Divierto a Oberón, que ríe de gozo
si burlo a un caballo potente y brioso
relinchando a modo de joven potrilla.
Acecho en el vaso de vieja cuentista
en forma y aspecto de manzana asada;
asomo ante el labio y, por la papada,
cuando va a beber, vierto la cerveza.
Al contar sus cuentos, esta pobre vieja
a veces me toma por un taburete:
le esquivo el trasero, al suelo se viene,
grita «¡Qué culada!», y tose sin fin.
Toda la compaña se echa a reír,
crece el regocijo, estornudan, juran
que un día tan gracioso no han vivido nunca.
(EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO. William Shakespeare)
Ese eres tú, un duendecillo travieso que alegras con tu sola presencia. Capaz de divertir, de consolar, de emocionar…
Cada vez que apareces la magia flota en el aire. Cuando te leo siempre pienso lo mismo: ¡Dios de la verdad revelada! ¿Por qué esta niña no tiene un agente literario?
Tu amistad es uno de esos regalos que se reciben con cuentagotas, que vas descubriendo y apreciando cada día más. Hasta llegar un momento en el que ocupa un lugar tan importante en tu escala de valores que no podrías renunciar a él. Te parece que siempre ha estado ahí, y quieres que siempre lo siga estando. Porque se ha convertido en imprescindible…
Nos unió la búsqueda de una ranilla tequilera, ¿te acuerdas? Llegaste a mi vida siendo la secretaria de la mejor detective del mundo mundial, guardando en la manga las claves del misterio. Y entraste en la cantina para quedarte…
Fue increíble como congeniamos desde el principio… Créeme, he sentido ese feeling con muy poquitas personas. La sensación de conocerse, de entenderse, de tener tantas cosas en común… y una facilidad de comunicación extraordinaria…
Eres revertiana como yo… Sabes que un libro puede ser mucho más que un libro... Tus sueños son tu libertad... Me identifico con tu sentido del humor, con tu forma de sentir y de pensar… Admiro tu talento, tu imaginación, tu versatilidad. Tus historias me atrapan, me conmueven, me sorprenden…
No puedo hacer otra cosa que darte las gracias… Por como eres en general y por como eres conmigo… Por tu presencia… Por tus palabras… Por tu confianza… Por tu apoyo incondicional…
Porque nos has hecho disfrutar con las travesuras de cupido, con el psicoanálisis, con las aventuras del ciberespacio, con experiencias místicas… Por enseñarnos el mejor método antidepresivo… Por tus cuentos inventados…
Porque me regalaste el dibujo de seis muñequitas que son el orgullo de mi blog…
Porque una noche te arrancaste a cantar conmigo, incluso canciones que no sabías…
Por esa visita que me supo a poco… Por subir al Mirador de San Nicolás sin quejarte (aunque me amenazaras con hacerme subir al Micalet… Jaja…).
Por estar constantemente a mi lado…
Hoy no puedo hacer otra cosa que decirte que te quiero…
¡Y desearte un muy feliz cumpleaños!

lunes, 5 de octubre de 2009

Isabel Allende

“Siempre he creído que el aire está lleno de historias y mi oficio es afinar el oído para escucharlas”.
No sé por qué no le he dedicado un post hasta ahora, siendo una de mis escritoras favoritas… Se ve que no era el momento. Aunque recuerdo que la mencioné en el primero...
Me encanta Isabel Allende porque escribe lo que sueña, porque enciende velas para invocar a los espíritus, porque se autodefine como feminista, y entiendo perfectamente el sentido que le da a ese término. Me gusta como piensa, como habla. Lo que cuenta y como lo cuenta. Esa humildad que la caracteriza. Su compromiso social, su calidad humana, su lucidez…
“La literatura me dio esa voz que se va profundizando o afianzando con cada libro”.
“La inteligencia es ser capaz de ver las cosas detrás del espejo”.
“Cada libro es un mensaje lanzado en una botella al mar, no sé que orillas alcanza ni en que manos cae”.
Admiro su amplitud de recursos, su dominio del lenguaje, su imaginación desbordante, su sentido del humor… Esa capacidad magistral de lograr que te identifiques con los personajes, que los quieras…
Me interesan sus temas recurrentes: el amor, la familia, la independencia, el mestizaje, la muerte… Y ese “realismo mágico” que según ella “tiene más real que de mágico en nuestro continente”.
Leo con devoción todo lo que escribe desde que la descubrí en “La casa de los espíritus”, cuando yo era una neófita en este mundo de lecturas del que ya no pude salir. Me emocioné con “De amor y de sombra”, “Eva Luna”, “El plan infinito”… lloré con “Paula”, me deleité con “Afrodita”, me enamoré de “El zorro”, me sentí una aventurera con “Hija de la fortuna” e “Inés del alma mía”… Son libros a los que vuelvo una y otra vez, porque dejaron huella. Es de las pocas autoras a las que soy absolutamente fiel. Sé que es una apuesta segura...
“La isla bajo el mar” (que bien me conoces, Nanilla... ¡mil gracias por este regalazo!) es una conmovedora historia sobre la esclavitud, con ese tono íntimo y esa riqueza colorista propia de la Allende. No quiero dar demasiados datos, porque estoy segura de que más de uno pensáis leerla. A mí me ha atrapado desde la primera frase, como me suele suceder con todo lo que lleva su firma.
La voz de Zarité, una esclava mulata del siglo XVIII, relata la crónica de una indignante realidad histórica en primera persona. “Baila, baila, Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila”. “Yo he bailado siempre”, contesta ella. “El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude la tierra, me atraviesa como un relámpago y se va al cielo llevándose mis pesares”.
La labor de documentación es excelente, las tramas apasionantes, los personajes inolvidables. Toda la novela está impregnada de esa sensibilidad suya tan especial, que te introduce en un universo mágico.
Qué gran favor le hizo (y nos hizo) Pablo Neruda cuando le dijo que dejara el periodismo, que lo suyo era la novela…

Mr. Postman

Para E y C, por los viejos tiempos...
Cuando escucho a los Beatles pienso en ellas, no lo puedo evitar. Sobretodo si es esta canción. Ahora también pienso en alguien más, de al otro lado del charco… Si recordáis un post del año pasado, sabréis a quien me refiero. El cuarteto de Liverpool ya es inseparable, en mi memoria, de un ateneo en la Ciudad de las rosas. De una noche veraniega, en la que una tormenta nos pilló por asalto. Pero esa es otra historia…
Divagaciones aparte, “Mr. Postman” me remueve algo… Me retrotrae a una velada de guitarras, risas y mucha complicidad. Con una indiscreta grabadora de por medio, que compré cuando me dio la paranoia de ser periodista. “Life is very short, and there´s no time…” “When I was younger, so much younger than today…” “Please Mr. Postman, wait and see, if there´s a letter in your bag for me…”
Escucho esta melodía y se desatan los recuerdos de una época feliz. Diversión, proyectos, apelativos para ridiculizarnos (Evarista, Clementerio, Lucifer, Anacleta, Estercolero…), éramos terribles... Palabras que bastaba mencionarlas para provocar las carcajadas de todas… El guión del corto más patético del mundo, pero con el que disfrutamos como enanas. Las dos cabronas cantándome a coro: “Patriarca bendito, glorioso Joseeeeé…”, y yo buscando donde esconderme… Los conciertos de Christiania... Una cita veinte años después... Escapadas para desayunar, desafiando la dictadura… Pequeñas trampas explosivas para las limpiadoras que osaran separar nuestras mesas… porque aunque las demás estuvieran de dos en dos, nosotras éramos más chulas que nadie… Una libertad hasta entonces desconocida, vida más allá de la abadía del crimen, la cruzada contra “las gallináceas” (que se mueran las pijas). La primera y única vez en mi vida que he deseado que llegara el lunes…
Menos mal que no quería divagar, jeje… Pues eso, que “Mr. Postman” es mucho más que una canción para mí… Y que en estos tiempos en los que ya nadie escribe cartas, yo sigo esperando una…

Livraria Lello

Para Nanilla, porque sí.
Oporto me tenía reservada una estupenda sorpresa… La librería Lello, según algunos la más bonita del mundo. De estética dickensiana, tiene el tamaño perfecto para mantener un ambiente íntimo y ese aire de catedral de los libros que solo se respira en determinados lugares. Sobra decir que me acordé de ti aún antes de traspasar el umbral…
Lello mantiene su fisonomía de principios de siglo. Tiene algo de librería de viejo, de anticuario, de museo… Más que una librería parece una biblioteca gótica, la típica de college o mansión victoriana. Con maderas, alfombras, y cómodos sillones en los que arrellanarse a leer durante horas, mientras se degusta un té o un aromático whisky de malta.
Siempre he sentido debilidad por las bibliotecas, imagino que como todo el que disfruta leyendo. Cada vez las frecuento menos, pero sigo experimentando esa sensación de respeto y emoción cuando entro en una. Mi vista recorre ansiosa todos los estantes, mis manos anhelan tocar los volúmenes, abrirlos, inspeccionarlos…
Los bibliófilos sabemos que hay bibliotecas y bibliotecas. Espacios en los que simplemente te sientes a gusto, y otros en los que el goce de los sentidos es tan grande que te conmueve como una obra de arte. Me refiero a esas bibliotecas polvorientas en las que atrincherarías un día de lluvia con una taza de chocolate caliente… He conocido unas cuantas, tanto públicas como privadas, y reconozco el olor en cuanto entro. Siento una fuerza que me incita a sentarme en uno de esos escritorios de madera con iluminación directa y hojear sin prisa los ejemplares escogidos.
Lello ejemplifica ese tipo de “santuarios”. Aunque está llena de turistas, reina un ambiente tranquilo al igual que en cualquier biblioteca o iglesia. Es de esos sitios mágicos en los que piensas que nada malo puede pasarte… Una vez que te has deleitado, sales de allí con tu botín bajo el brazo y una sonrisilla de triunfo en la cara… porque solo tú sabes lo que significa. Las horas de felicidad que te esperan, gracias a ese tesorillo que pasará a hacerle compañía a otros tantos. Porque hace tiempo que has aprendido que esa es una de las satisfacciones que tienes a tu alcance y que no te suelen defraudar…
Solo cometí un pecadillo… permíteme que me lo reserve… Digo yo que pecar en un sitio tan bonito tiene que tener algún eximente, ¿no?
Si existe el paraíso deber ser parecido a Lello…

Recorriendo Galicia y Portugal (II)

Portugal está a solo a un paso, y es un país increíble... Tiene unas ciudades históricas, unos pueblecitos y un patrimonio artístico para no perdérselos. Además del oporto, el bacalao, los fados, las quintas... y un paisaje muy verde por la influencia atlántica. En solo unos días se puede recorrer de norte a sur, viendo maravillas.
La plaza principal de Viana do Castelo, a primera hora de una mañana de domingo. Vamos, que no estaba ni el dueño...
No muy lejos se localiza Braga, una ciudad preciosa a pesar del nombrecito. Esta es la Casa del Mexicano. Intuyo que un indiano que volvió del Nuevo Mundo con los bolsillos llenos...
En las afueras está el Santuario de Bom Jesus. Subí solo hasta la mitad de las escaleras, que es desde donde se aprecia la mejor vista. La primera parte (no sale en la foto), llena de árboles, capillas y fuentes, me trasladó a los jardines de la Alhambra.
Oporto es una ciudad llena de cuestas adoquinadas y rincones rebosantes de encanto. Sigue estando faltita de inversión económica, pero no tanto como la última vez que la ví.
En la ribera del Tajo se distrubuyen todas las bodegas, de propiedad británica, en las que se elabora el famoso vino.
Los azulejos portugueses tienen fama mundial... Suelen ser de color azul sobre fondo blanco, y retratar escenas religiosas. Cualquier iglesia que se precie está forrada de ellos, por dentro o por fuera. Este pertenece a la catedral.
En Oporto visité también un lugar tan especial que merece un post propio...
Aveiro, famosa por sus minas de sal, es conocida como la Venecia portuguesa. Esa denominación le queda grande, pero hay que reconocer que tiene su gracia.
A continuación fui a Coimbra, donde está la universidad más antigua de Portugal. Los alumnos iban vestidos con toga, porque celebraban el inicio de curso. Aquello parecía el Trinity College...
El Convento de Cristo en Tomar es uno de los prototipos de la arquitectura manuelina. Tiene más de diez claustros, y un montón de dependencias impresionantes.
Ese día fue la ruta del monasterio... Luego tocaba el de Batalha, que no se queda atrás. Conmemora la batalla de Aljubarrota, donde los portugueses nos dieron hasta en el cielo de la boca. Y posteriormente, Alcobaça, de estética más sobria.
Óvidos fue una auténtica sorpresa... Un pueblecito blanco en medio de la vegetación. Sus callejuelas empedradas y llenas de bugambillas me recordaron al Albaycín.
Lisboa al atardecer invita a pasear... Esta es la panorámica desde el Barrio Alto, al que se puede acceder por un ascensor que parece la máquina del tiempo. Al fondo, el Castillo de San Jorge.
Los tranvías son la seña de identidad más lisboeta... Esta foto está tomada desde uno de ellos, no sin cierto riesgo, jeje...
Chiado, en el Barrio Alto, es la zona más exclusiva. Junto con edificios antiguos restaurados, se encuentran las tiendas más elegantes. Lo mejor es que la calle está llena de músicos y artistas. Allí se encuentra el mítico Café A Brasileira, donde degusté un rico oporto.
Y como no pasar por Trindade, la cervecería más antigua de Portugal... Fue una abadía, de la que conserva interesantes azulejos en lo que fue el refectorio.
El monasterio de los Jerónimos es un auténtico delirio... La exhuberancia decorativa alcanza su cenit y recuerda al mejor Gaudí.
Después de visitar el Cabo de San Vicente y varios pueblos de la costa atlántica llegué a Faro, la capital del Algarve. Es sin duda la zona más turísitica de Portugal, totalmente colonizada por ingleses. Los vuelos de bajo coste aterrizan cada cinco minutos, abarrotados de hordas ansiosas de solecito y alhocol barato... Por suerte Faro no tiene playa y se ha mantenido a salvo de ellas.
Pues en este punto, a unos cincuenta kilómetros de la frontera española, terminó mi andadura. Tras visitar Olhao y Tavira, volví a cambiar la hora del reloj y el chip vacacional... Hasta nuevo aviso...

Recorriendo Galicia y Portugal (I)

Para no perder las buenas costumbres, os invito a acompañarme en mi viaje. Ya sabéis que me encanta hacer las maletas y pillar carretera. Es la mejor fórmula que conozco para escapar de la rutina, aunque la cabecita no descanse… Disfruto descubriendo sitios nuevos y volviendo a algunos conocidos.
En Segovia no pude resistirme a fotografiar el acueducto romano. Me siguen impresionando su armonía y sus proporciones.
En la ribera del Duero visité el monasterio ciscerciense de Santa María de Valbuena, una joyita de la arquitectura medieval castellana. Me encantan los claustros, es una fijación antigua...
Y las pinturas murales, aunque parezcan recientes.
En Valladolid estaban de fiestas y había un ambientazo increíble. Por supuesto, me acordé un montón de ti, guerilla… Los soportales de la Plaza Mayor, de una elegancia y una originalidad poco habituales.
La fachada plateresca de la Iglesia de San Pablo me tuvo un rato embobada.

También anduve por escenarios más rurales. En pleno Camino de Santiago está Molinaseca, un pueblo de esos en los que una se perdería un fin de semana otoñal...
Esta terraza acristalada me enamoró. Yo quiero una como esa… Para sentarme a leer todo el día mientras cotilleo por los cristales, jeje…
El castillo de los templarios de Ponferrada, en el Bierzo, es de los mejor conservados de España. En una mano la espada y en otra la cruz... y a vivir como un canónigo...
Galicia tiene una personalidad arrolladora, que te atrapa desde que la pisas. La arquitectura de granito, la gastronomía, las gaitas, el albariño, las meigas, la queimada... Las típicas galerías son una solución práctica y estética para aprovechar la luz. Estas están en el paseo marítimo de Viveiro.
Mi paso por la ciudad mágica de Santiago fue tan fascinante como siempre. No hice fotos porque llovía. Quizás es el único sitio del mundo donde no me importa que llueva. La lluvia forma parte de su encanto... Al igual que la niebla en la Ría de Arosa...
O Grove está unido a la Isla de la Toja por este puente. No pude resistir la tentación de entrar a gulismear en el balneario. Dan ganas de no salir de allí en una semana por lo menos...
Desde O Grove fui en barco hasta la Isla de Sálvora, que tiene un precioso faro. Allí vive Pepe, el farero, alejado del mundanal ruido y más feliz que una perdiz.
Los hórreos de Combarro, a la orilla del mar, tienen un encanto único. Aunque cruzarse con varios grupos del imserso colapsando las callejuelas dificulta un poco el paseo…

El casco histórico de Pontevedra es de los más bonitos que he visto. Tampoco hice retrataurías, porque era de noche y me dejé la cámara en el hotel… Disfruté mucho callejeando, y me hizo ilusión descubrir una escultura de Valle Inclán. Había una feria del marisco por la que no pasé de largo…
En Vigo, que huele a mar como pocas ciudades, visité el famoso Mercado de la Piedra y tomé un ribeiro en excelente compañía. Llegó tan linda como siempre, alegrando ese día gris. Qué rápido pasó el tiempo, ¿verdad, Elo? Jooo...
Sobre la ribera del Miño que limita con Portugal, está el castro de Santa Trega. Mirad que vistas... Anda que eran tontos los romanos...
Aquí nos quedamos para reponer fuerzas. La incursión lusitana será en el siguiente capítulo...

Cariño fraterno

- Ay… que malica estoy y que poco me quejo…
- Ay que coñazo das y que poco te lo digo…
- Qué malafollá tienes a estas horas, hija…
- Calla la boca y tira palante, petarda, que vamos a llegar tarde… Un día nos van a dar la patada… y yo a la cola del paro no quiero ir, que estoy fatal de la osamenta…
- ¿No te digo que estoy malica, insensible?
- Porque anoche te fuiste de parranda… No me jodas…
- Tendré que divertirme de vez en cuando, ¿no? O mi vida va a ser solo vender cupones y aguantarte a ti…
- A ver que ibas a hacer tú sin mí… Si ya lo decía mamá…
- Pero mira que eres embustera… Tienes la cara de cemento armado…
- ¿Ya no te acuerdas cuando te partiste la pata por hacer el gilipollas y te tuve un mes en mi casa, a cuerpo de reina?
- Dirás a cuerpo de chacha. ¿Y a rescatar mis bragas de encaje de la cornisa le llamas hacer el gilipollas?
- El gilipollas integral. Lo que no sé es como no te partiste también la crisma, ahí encaramada como un mono… Anda, no me lo recuerdes, que todavía resuenan en mis oídos las risillas del personal de urgencias…
- Si saliste ganado, bribona… que explotaste a la pobre tullida como la negrera que eres…
- Que dices… demente…
- Lo que oyes. Y si te pica te rascas…
- Cada vez que me acuerdo de cuando osaste poner tus ojos saltones en mi Paco me dan ganas de arrancártelos…
- No inventes, que te gusta mucho… ¡Si es el eslavón perdido! Con esas pelambreras saliendo las orejas, que parece un jabalí…
- Pues bien que te gustaba, cacho zorra…
- Que bestias eres… ¿tú te estás oyendo? Que parece que te has criado en un estercolero…
- Pues no nos conocimos en el convento, lerda…
- A ti la inteligencia te persigue pero tú eres más rápida…
- Me robas las energías, vampira…
- Cucaracha.
- Sabandija.
- Calla la boca, cetáceo…
- Un día me voy a largar y no me vas a ver más el pelo...
- A mi amenazas ni media, ¿eh?
- Coño, Mari, que son las nueve y diez…
- ¿Qué vas a hacer hoy de comer?

Paseando por el Cádiz antigüo

Le encuentro a esta ciudad un encanto irresistible. Tal vez sea su luz, su alegría, su olor a sal, su aire atlántico... Tal vez el cariño, los recuerdos (propios y prestados), las raíces… La Galeona, Puerta de Tierra, el Fuerte de San Sebastián... Antepasados marinos, las fiestas del club náutico, un inventario de pintura colonial… Tal vez ese malecón habanero, esos parques exuberantes, sus plazas llenas de niños jugando, sus callejuelas de ciudad portuaria, o ese mar azul en el que desembocan. Seguramente, un compendio de todo, más un sentimiento que no se puede explicar…
El Balneario de la Palma al atardecer.
Las olas de la Caleta, son plata quieta…
Los balcones, quizás la seña de identidad más gaditana.
No había vuelto a Cádiz después de estar en México, y ahora comprendo mejor que nunca cuanto de aquí se exportó allí.
En la Plaza de España, el monumento a la constitución de 1812. ¡Viva “la Pepa”!
Se hizo la noche, y la luna llena bañaba el puerto con su luz.
Cádiz la nuit no tiene desperdicio...
Las ciudades son distintas de día y de noche... O al menos no se ven con los mismos ojos.

Los que no me leen

Vaya por delante que mi pudor innato hace que en general me cueste mostrar lo que escribo y que no me sienta cómoda bajo cualquier mirada. Puede resultar un contrasentido en alguien que disfruta escribiendo, pero lo cierto es que carezco de vena exhibicionista (y no lo digo como si fuera una virtud). Eso no implica que prefiera que nadie me lea… De hecho me hace muy feliz que ciertas personas lo hagan (o hagáis). Creo que una parte fundamental de la expresión escrita es la receptividad, el diálogo, la comunicación. Sobretodo en un foro de estas características. Como ya sabéis, aquí no hablo únicamente de ficción, sino que en muchas ocasiones comparto pensamientos o vivencias.
Por las razones que sean, la mayor parte de mi entorno ajeno a este blog no me lee. En su momento informé de su existencia a quienes consideré oportuno, pero lo cierto es que nunca he tratado de promover visitas. Una sola persona de mi familia se asoma a mi página con cierta asiduidad (gracias, Antonio). Ya estoy tan acostumbrada a que sea así que si ahora cambiara la cosa creo que me sentiría demasiado expuesta. Puede resultar extraño, pero aquí revelo facetas de mi personalidad, sueños y sentimientos que no son tan evidentes en otros ámbitos. La explicación es lo a gusto que me siento en vuestra compañía.
Por eso pienso que muchas veces las cosas son como tienen que ser. Que todo tiene un sentido aunque no lo detectemos a la primera de cambio… Eso no quiere decir que algunas actitudes no me sorprendan. Si a mí alguien que me importa me comentara que escribe de forma pública o privada, despertaría mi interés al instante. No ya por comprobar si lo hace mejor o peor, sino por el cariño que le tengo a esa persona. O quizás es que soy demasiado cotilla…
A estas alturas me lee la gente que quiero que me lea, y eso me da una libertad total a la hora de escribir. Porque ya existen unos códigos de comunicación, un conocimiento mutuo, una confianza que hace que me sienta en familia. El absentismo al que me refiero impide que una serie de personas allegadas a mí desconozcan gran parte de lo que me pasa por la cabeza y les cueste entender el lugar que ocupa este blog en mi vida. Que ignoren situaciones tan emotivas para mí como la que me hicisteis vivir hace cuatro días. Y llego a la conclusión de que no me interesa compartirlas con quien no forma parte de ellas. Así que los que no me leen, que sigan sin leerme…