viernes, 13 de febrero de 2009

Como te extraño

Son más de siete meses lejos y la tierra tira. Estoy muy a gusto aquí en los Méxicos, pero lo cortés no quita lo valiente. Ay, la nostalgia...
Creo que todos sentimos debilidad por nuestro lugar de origen. Sea más bonito o más feo, nos ligan a él fuertes lazos sentimentales. Allí están nuestros recuerdos, nuestras referencias, todo lo que nos es familiar.
Además, os contaré un secreto: los granadinos somos especialmente arraigados al terruño. Granada ha tenido, históricamente, una fuerte tendencia al aislamiento. Tal vez, por ser una ciudad interior, rodeada de montañas, mal comunicada. Eso determina un carácter muy particular, mención aparte de la proverbial mala follá.
Vivir en el extranjero es una experiencia que recomiendo a todo el mundo. Te abre la mente y te ayuda a apreciar lo que tienes. Con la distancia, las cosas se ven diferentes. Comienzas a valorar lo que formaba parte de tu entorno y de tu rutina, pequeñas cosas a las que no dabas importancia.
No hablo de personas, que evidentemente es lo que más se echa de menos. Me refiero a la vista de la sierra, el puente que cruzaba a diario, el bar que frecuentaba con mis amigas o alguna de mis tiendas favoritas. Olores, colores, sonidos. La luz, el acento, los modismos, el sentido del humor. El cambio de las estaciones, las fiestas locales, el ambiente de la calle… Podría seguir y no acababa.
Granada (tierra soñada por mí...) es pequeña, puedes ir caminando a todas partes. Es una ciudad universitaria, con mucha vida social y cultural. En definitiva, bastante agradable para vivir. Nunca había sido tan consciente como hasta ahora. Ignoraba hasta qué punto la quería. Y es que aunque mi cuerpo esté en México, mi alma se quedó en Granada mora y gitana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario