sábado, 7 de febrero de 2009

Crónica de Nochebuena

Nos reunimos veintidós para la cena Nochebuena, y casi doblaremos la cifra en Nochevieja. Ya os dije que somos una familia grande y bien avenida. Mi madre engalanó el salón como sólo ella sabe: las mantelerías, vajilla, y cubertería de las ocasiones, velitas con motivos navideños por doquier... Pero arrinconando junto a la chimenea mi arbolito de navidad, que parece que le tiene manía…
Empiezan a llegar los congregados. A algunos los vemos con asiduidad, a otros sólo dos o tres veces al año. Besos, abrazos, preguntas y comentarios de rigor: ¿dónde ponemos los abrigos?, qué calor hace en esta casa, esto es villa sauna… enhorabuena por lo tuyo, qué elegante te has puesto, cómo ha crecido este niño…
Cava para empezar. ¿O prefieres cerveza? Se forman corrillos, los enanos empiezan a desmadrarse y tirarse por los suelos, los aperitivos circulan por la sala, hay que empapar las burbujas. Pasa un buen rato, no tenemos prisa por cenar aunque algunos intrépidos pretender asistir a la misa del gallo. Ya son ganas, pienso yo. Con lo a gusto que se está en la sobremesa, con los turrones, la sidra, las risas y anécdotas… Para mí, es lo mejor de la cena.
Llega la reina de la casa y todos pretendemos acapararla. Es mi sobrinilla Ana, a la que por desgracia veo mucho menos de lo que me gustaría, porque vive en Alicante. La cubrimos de besos hasta agobiarla, pero la chiquilla es tan buena que se deja, y eso que llega cansada del viaje. Sacamos las cámaras de fotos y la perseguimos cual paparazzis para inmortalizarla. Hacerla posar es muy difícil, la tía no se está quieta. Pero cuando consigues que mire al objetivo unos segundos y sonría es genial. Le damos comida como si fuera un pajarillo, pero no está por la labor. Quiere jugar con los primos. Los enanos con quien mejor se entienden es con los de sus misma especie, es decir, con otros enanos. Se lo pasan en grande, tienen mucho feeling. Para ellos es como su muñeca.
Ocupamos posiciones. La comida trascurre en un clima distendido. Hay cuatro mesas: los más veteranos, las chicas, los chicos, y los enanos. Yo estoy con dos tías y tres primas con las que me llevo genial a pesar de lo poco que las veo. Charlando de todo un poco. Reímos. Nos ponemos ciegos, como manda la ley.
Llega el postre, las copas, los dulces navideños. Suena el disco de navidad de Il divo, que me encanta. Se deshacen los grupos, vamos y venimos de una mesa a otra. Los enanos siguen a lo suyo. Están eufóricos, menos uno que se ha quedado listo en un sillón y ronca como un condenado.
Pasa el tiempo, algunos invitados se retiran despidiéndose hasta mañana, que seguirá la juerga en el chalet de mis tíos. Seguimos de tertulia, super a gusto. La princesita, que apenas ha probado bocado, ha descubierto unas pipas peladas y se emplea a fondo. Se las guardo en un mini tupper para que se las lleve. Cuando empezamos a bostezar, la puñetera tiene más marcha en el cuerpo que todos los demás juntos… Es muy tarde, la reunión se disuelve hasta la próxima cita gastronómico-festiva, que es la comida de Navidad. Ha sido una noche estupenda. Lo mejor de todo, poder disfrutar de ella. Aquí os la dejo. ¿No es una muñequita?

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