miércoles, 18 de febrero de 2009

Déjame que te cuente

Me agobia la sensación de no tener nada que contar. No me refiero a inspiración para escribir (que también brilla por su ausencia, ya que estamos…), sino a algo que me apetezca compartir. Cuando estoy de bajón o preocupada por lo que sea me vuelvo hermética. Ahora sin embargo quiero expresar algo pero estoy bloqueada. Supongo que tiene que ver con que se avecinan cambios en mi vida, y eso me desestabiliza.
Lo curioso es que hasta hace poco no sentía esa necesidad de hablar para los demás... Nunca he pretendido ser voz de nada. Siempre me ha puesto nerviosa ser centro de atención, sentir miradas sobre mí… De hecho me sigue costando enseñar lo que escribo y someterlo a juicio.
Pero escribir aquí me encanta. Será por lo cómoda que me siento. Mejor dicho, por lo cómoda que me hacéis sentir. Cuando llevo varios días sin publicar me da la sensación de que estoy desatendiendo una parcela importante de mi vida. Aunque me pasee por los blogs y mantenga conversaciones que me animan mucho, me falta algo.
Quien me ha visto y quien me ve… A mí que hay que sacarme las cosas con sacacorchos, que considero mis escritos como algo privado, que detesto hablar en público. Supongo que todo es fruto de la confianza. Este ambiente de familiaridad invita a las confidencias hasta a las que no somos dadas a hacerlas. Tiene algo que anima a contar historias como si te fuera la vida en ello igual que a Sherezade.

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