viernes, 13 de febrero de 2009

Desconcierto

Hoy ha sido un día extraño, en el peor de los sentidos. De esos en los que te despiertas con un regusto amargo y la sensación de desconcierto no te abandona. Me consta que el otoño provoca cierta melancolía, pero no se trata de eso. Tampoco puedo achacarlo a la lluvia, hoy aquí ha hecho un día veraniego.
No soporto ver mal a la gente que quiero y últimamente veo demasiada. Tiendo a no exteriorizar demasiado las cosas que me afectan, pero cuando vas acumulando rasguños en el alma llega un momento en el que escuecen.
La impotencia de no poder evitar el sufrimiento ajeno me hostiga. Pero cuando puedo hacer algo por alguien y no me lo permite, es aún peor. No espero que comparta conmigo su dolor si no le apetece hacerlo, yo soy la primera que prefiero lavar los trapos sucios en casa. Sin embargo necesito ofrecer mi apoyo, un oído para escuchar y un hombro en el que llorar. Y cuando percibo desconfianza, cuando recibo silencio y rechazo por toda respuesta, la sensación es horrible.
A veces pones la mano en el fuego por alguien y te achicharras. Crees conocer a una persona, y te das cuenta de que no era así. Afortunadamente hay otras personas por las que también pondrías la mano en el fuego, que te demuestran que son merecedoras de ello. Personas como Alma, como Gloria, como Ana.
Cuando volvía a casa algo me ha impulsado a mirar hacia atrás y me encontrado de golpe con una espectacular luna llena. Entonces he comprendido que nadie escapa a su influjo. Que a lo mejor el día de hoy ha sido sólo un mal sueño y mañana las aguas vuelven a su cauce.
Sé que no estáis acostumbrados a que me exprese en este tono, porque no es mi estilo en absoluto. Detesto mostrarme vulnerable, no soporto dar lástima. Pero a veces necesito desahogarme. No os preocupéis, eso me llenaría de culpabilidad. Es tan solo desconcierto…

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