martes, 10 de febrero de 2009

Designio celestial IX (Final)

Para Manoly, Nube, Vivir Soñando, Noviembre, Elora, Violette, Naná, Evaluna, Juan Antonio, Como el agua de un río… y todos los que han estado, día tras día, pendientes de esta historia.
La Hermana Catalina se detuvo frente a Fernando y su cara lo dijo todo. Él la abrazó emocionado.
- Gracias, gracias…
Hubiera querido expresarle mil cosas más, pero prefirió dejarla hablar primero. Se sentaron en un banco. Ella le permitió que le tomara la mano. Estaba distinta, los ojos le brillaban.
- Esto es nuevo para mí… -dijo, con las mejillas arreboladas.
- Tranquila… Sólo te pido sinceridad.
Revelándole todo a la Madre Elisa había dado un gran paso. Ahora debía continuar en esa línea, Fernando no merecía menos. La había tratado con tanto comedimiento…
- Tus cartas me llegan al alma –admitió, no sin dificultad-. Han hecho surgir algo en mí que no había sentido antes. Estoy enamorada de ti.
Fernando suspiró, pletórico de felicidad. Le dio un beso en la mejilla, con más pasión que si se lo hubiera dado en la boca.
- Quiero estar contigo todo el tiempo. Es lo que más deseo.
- Yo también. Pero entiende que mi situación no es fácil. Te tengo que pedir paciencia…
- Toda la que necesites… Siento que ya te conozco. Lo sentí la primera vez que te vi. Pero háblame de ti, por favor. Quiero saberlo todo…
Catalina le contó de su infancia, de su involuntario ingreso en el convento y de la llegada de Blanquita a su vida. Fernando la escuchaba fascinado.
- Eres extraordinaria…
- No, no lo soy. Simplemente me han tocado vivir unas circunstancias extraordinarias.
- Tu generosidad, tu capacidad de adaptación, la forma como quieres a esa niña… me parecen admirables.
- Me ves con buenos ojos, pero te aseguro que no soy perfecta.
- Para mí lo eres…
- Puedo dejar el convento, sin embargo no podría alejarme de Blanquita.
- Ella vendrá con nosotros, no lo había dudado ni por un instante… Por nada del mundo te separaría de ella.
Catalina, con los ojos húmedos, besó su mano. Él si que era extraordinario, por eso no podía evitar quererlo.
- Me tengo que ir, se ha hecho muy tarde.
- ¿Cuándo volveremos a vernos?
- Yo te avisaré. Pronto…
- ¿Puedo pedirte un favor?
- Claro.
- ¿Me dejas ver tu pelo?
Catalina sonrió, algo azorada por la petición. Tras comprobar que no había transeúntes a la vista, se quitó la toca descubriendo su melena rojiza. Fernando la acarició con devoción.
- Eres preciosa…
Aproximó su cara con intención de besarla. Ella, en lugar de apartarse, buscó sus labios y se perdió en ellos.
Con el inefable apoyo de la Madre Elisa, Catalina le comunicó la noticia al resto de la congregación. Dejaba la orden, regresaba a su casa natal. Blanquita iría con ella pero prometía llevarla a diario. Había encontrado el amor, era muy feliz. A pesar de la estupefacción que sus revelaciones causaron, recibió el apoyo de todas las hermanas. Unos días después abandonó el convento vestida de seglar, con sus escasas pertenencias en una mano y Blanquita en la otra.
Fernando entró en casa y Blanquita corrió a su encuentro. Con ella en brazos se acercó a besar a Catalina. Apenas hacía un mes que se habían casado y estaban cada día más locos el uno por el otro.
- Por tu cara deduzco que traes buenas noticias…
- Es un local precioso, hace esquina con la placeta. Amplio y soleado, ideal para una librería. Te llevaré a verlo mañana, y si te gusta firmamos el contrato.
- Te quiero –dijo abrazándolo.
- No tanto como yo a ti…
- No empecemos… que ya sabes que a cabezota no hay quien me gane.

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