lunes, 9 de febrero de 2009

Dos divas bajo la luna jalisqueña

Cada vez que voy, la pinche de Aura me quiere presentar a media Guadalajara. A la mitad masculina, para ser más exactos. Y como una es bien sacrificada, pues se deja. La muy alcahueta pretende fomentar las relaciones interculturales. Es decir, emparejarme con un mexicano para que me quede por estas tierras.
Esa tarde me llevó al Café Notting Hill. Antes de bajarnos del coche ya estaba dando gritos como una posesa:
- Aura: ¡Hart, aquí te traigo a mi amiga española!
Hart es el dueño. En realidad se llama Diego, pero como según Aura se parece al actor Josh Hartnett pues ella le llama Hart.
Era un sitio muy agradable, estilo inglés. Un grupo tocaba la guitarra, y Aura les pidió que cantaran música española en mi honor. Yo ya no sabía si estaba en México, en Inglaterra o en España. Pero me daba lo mismo…
Las divas cabronas se convirtieron en las reinas del local. Hart nos sonreía de soslayo y llenaba nuestras copas sin que se lo pidiéramos. Un par de horas y varios amarettos después, los músicos ya se habían hecho amigos nuestros. Nos dijeron que los habían contratado para tocar en una fiesta en la casa de un narco y pensamos que estaban de coña. Cuando nos invitaron a acompañarlos nos miramos alucinadas. Hart nos dijo que también iría y nos insistió para que nos animáramos.
- Patricia: ¿Tú que dices?
- Aura: Ahora es cuando…
- Patricia: No te entiendo…
- Aura: Que no le quites a Hart su oportunidad de mejorar la raza –me susurró-. ¿Ahora sí me entiendes?
- Patricia: Ay cabrona… Se acabaron los amarettos ya, ¿eh?
Sin saber cómo, las divas acabaron montadas en un descapotable. El aire nocturno de la Ciudad de las rosas acariciaba sus rostros sonrientes por los vapores etílicos y la emoción de ir a una fiesta narca. Después de un rato el coche paró frente a una verja. Tras identificarnos, un tipo con pinta de mafioso nos dejó pasar.
- Aura: ¿Dónde chingados estamos, Paty?
- Patricia: ¿Y a mí me lo preguntas?
Aquello era un auténtico caserón art-narcó. Atravesamos un lujoso salón y salimos a un jardín iluminado por farolillos. Camareros vestidos de pingüinos servían tequila, vino blanco, cócteles... Los mariachis cantaban: “…muchacha bonita, la perla más rara, de todo Jalisco es mi Guadalajara…”.
Había unos gorilones que nos daban un poco de mal rollo, pero el ambiente era tan divertido que conseguimos abstraernos de su presencia. Hart nos trajo dos copas de champán que nuestra exquisita educación no nos permitió rechazar. Nos acercamos a un grupo para socializar un poco, y cinco minutos después era como si los conociéramos de toda la vida.
- Patricia: Otra copa y entro en coma…
- Aura: Pinche Paty… Si tú te bebes hasta el agua de los floreros…
Nuestros nuevos amigos soltaron la carcajada.
- Patricia: No te pases, que estos no nos conocen y se van a creer que es verdad…
- Aura: Ellos saben que son chingaderas…
Nuestras neuronas necesitaban oxigenarse, así que nos encaminamos a la pista de baile. Qué subidón, no lo pasaba tan bien desde la noche de las margaritas gratis. Pinches divas gorronas…
De pronto advertí que Aura había desaparecido, así que Hart y yo fuimos a buscarla. Pero debimos perdernos por el camino, porque cada vez nos alejábamos más de la casa. A partir de ese punto mis recuerdos se confunden. Y no es discreción, sino colocón.
Desperté en una tumbona junto a la piscina. Aura y Hart estaban a mi lado, con una copa en la mano cada uno.
- Aura: Bienvenida al mundo de los vivos…
- Patricia: He soñado que nos habíamos colado en una fiesta de narcos.
- Aura: Sería un buen tema para un post, ¿no?
- Patricia: Ya te digo, pero nadie se lo creería…

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