viernes, 13 de febrero de 2009

El día de muertos

El Día de Muertos es una de las fiestas más importantes del calendario mexicano. Tiene un sentido lúdico, y no por ello irrespetuoso. Las semanas previas, la decoración “funeraria” invade todos los rincones. Esqueletos, altares de difuntos en los que no falta comida ni bebida, calaveras de caramelo… Puede parecer morboso, pero hay que verlo en su contexto y entenderlo como una actitud muy peculiar (y a mi juicio muy acertada) ante la muerte.
Esa noche los niños se disfrazan al estilo Halloween, y llevan una calabacita de juguete para pedir el aguinaldo. Mirad este, da más risa que miedo…
La catrina, este esqueleto tan fashion, es una de las figuras más presentes. No me digáis que esta forma de desdramatizar la muerte con glamour no es fantástica…
La Noche de Muertos se celebra en todo el país, aunque en algunas zonas con más intensidad. La más famosa es la de Michoacán, entorno al lago de Pátzcuaro y la isla de Janitzio. Pues allí que me planté, claro…
La tradición manda llenar los cementerios de flores y coronas, y velar durante toda la noche. El de Tzintzuntzan es el más ornamentado y concurrido.
Cubren las tumbas de objetos relacionados con el difunto como se hacía en el antiguo Egipto. Eso incluye fotos, pertenencias, su comida favorita, botellas de tequila, tabaco… a modo de ofrendas. El objetivo es celebrar ese día con el muertico como si estuviera vivo.
Esta, con pizza y hamburguesas, me pareció el colmo. Como es un tema delicadillo me voy a ahorrar las bromas…
Probablemente penséis que hacer fotos de algo así puede ser ofensivo, pero creedme, ellos se lo toman como un honor. Interpretan que su tumba les quedó preciosa, que es justo lo que pretendían. Aquello se llena de turistas fascinados con el show, y los dolientes se sienten orgullosos.
Al día siguiente, la familia hace un picnic para degustar las viandas. Puede parecer una frivolidad, pero os aseguro que no lo es. Aura, guapa, si lees esto corrobora lo que digo, porfa… Que luego me dan caña por irreverente.
Cuesta entenderlo desde la mentalidad europea, pero el Día de Muertos en México es una fiesta alegre. No se ve sufrimiento, para ellos es un alivio compartir ese día con sus seres queridos ausentes. Es como si por una noche volvieran a la vida.
Para mí es un auténtico espectáculo. No solo la estética, sino el trasfondo de la celebración y la forma de enfocar el tema. Mi respeto y mi admiración más profunda, de verdad. Las risas me las guardo para el próximo post…

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