sábado, 14 de febrero de 2009

El escritor (final)

Para Violette, Paqui, Nanilla, Elo, Argia, Princesalidia, Arethusa, Airu, Marga… y todos los que habéis seguido esta historia. Con mucho cariño.
Marcos se levantó a abrazarla sin decir palabra. A ella tampoco le salía la voz del cuerpo. Sentía las mejillas arreboladas y el pulso más acelerado de lo normal.
- Cómo me has hecho llorar, condenada…
- ¿Tan malo te ha parecido?
- No digas eso ni en broma. Estoy fascinado, Clara. No imaginas lo que ha sido leer tu libro y verme a través de tus ojos, como me ha conmovido el cariño que se desprende de cada página…
- El que tú te mereces. Qué alegría me da verte aquí…
- Tenía que decírtelo en persona.
- No era necesario, pero te lo agradezco mucho. ¿Vamos dentro? Tengo limonada fría…
Mientras trasteaba en la cocina, él la observaba dejándola hacer.
- Mi editor está entusiasmado –dijo de pronto-, espera tu autorización para publicarlo.
Ella se volvió, con la jarra en la mano.
- ¿Te estás quedando conmigo?
- Mujer de poca fe… Ya verás –dijo, sacando el móvil de su bolsillo y dispuesto a marcar.
- ¡Vale… te creo! Es que no esperaba algo así…
- El material es de primera, no debería sorprenderte tanto.
- Pues estoy alucinando, qué quieres que te diga…
- Que aceptas.
- La decisión es tuya, Marcos. Es tu vida la que está en esas páginas.
- Y la tuya.
- Pero yo he contado sólo lo que me apetecía contar y desde mi óptica. El que está expuesto sin haber tenido la opción de intervenir eres tú.
- Ni siquiera yo mismo podría haberme tratado con más consideración…
- Son vivencias muy personales, entendería que no quisieras que trascendieran. Te aseguro que ese no ha sido mi objetivo al escribirlo.
- Ya lo sé. Te conozco mejor de lo que crees… Pero escúchame, Clara. No es que te autorice a publicarlo, es que me encantaría que lo hicieras. Tu texto permitiría a los lectores conocer una faceta mía que ninguna entrevista puede plasmar. Además, el que no viera la luz me parecería una pena.
- Si eso es lo que crees, me haría mucha ilusión que se publicara.
- Pues ni media palabra más. Esto hay que celebrarlo, ¿no?
Se arregló a toda velocidad, nerviosa por tenerlo en su salón. Si le molestaba esperar, aún le molestaba más que la esperaran a ella. Todavía no había asimilado lo que estaba sucediendo, y la euforia se mezclaba con la incertidumbre.
Ajenos a las miradas curiosas, ambos caminaron el pueblo rememorando tiempos pasados. Subieron a la iglesia a contemplar la puesta de sol, y terminaron su recorrido en una terraza abarrotada de flores donde brindaron con un ribeiro helado. La mirada de Marcos le hizo adivinar que se traía algo entre manos.
- Ha llegado el momento de decirte algo, Clara. No puedo callármelo más…
- Vas a acabar conmigo…
- He comprado mi antigua casa, ayer mismo firmé las escrituras.
- No lo puedo creer…
Solía desconfiar de las buenas noticias, y dos alegrías de ese calibre en el mismo día era demasiado.
- Bueno, ya estoy acostumbrado a que dudes de mi palabra –bromeó-. Pero es verdad. He venido para quedarme.
- ¿Y tu trabajo? ¿y tu familia?
- ¿Te parece que puede haber un lugar mejor que este para escribir? Cuando tenga que desplazarme lo haré sin problema. En cuanto a mi familia, las cosas han cambiado. Mi mujer y yo hemos decidido que seremos más felices cada uno por su lado. Las niñas pasarán temporadas conmigo, pero en estos momentos es mejor no sacarlas de su ambiente.
- Lo siento… Pero me alegro tanto de que volvamos a ser vecinos…
- Y aún tengo que decirte otra cosita.
Ella se llevó la mano a la frente y suspiró, superada por la situación. Si ese día no le daba un infarto ya no le daría nunca.
- No sabes cuanto te he echado de menos.
- Pues vas a tener que contármelo, ¿no?

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