sábado, 14 de febrero de 2009

El escritor V

La llegada de la primavera trajo un aire cargado de frescos aromas y dulces presagios. Cuando terminó de imprimirse la última página, Clara las guardó todas en un sobre y se encaminó con él a la oficina de correos. Desde que había empezado a escribir esa historia, varios meses atrás, tenía perfectamente claro lo que deseaba hacer con ella. Sólo podía tener un destinatario.
No había tenido noticias de Marcos en todo ese tiempo, e intentaba convencerse de que era lo mejor. Él tenía su vida, bastante complicada de por sí. Ella no tenía ningún derecho a complicársela más todavía. Un contacto, por escueto que fuera, probablemente le hubiera generado unas expectativas absurdas que a la larga la habrían hecho sufrir. Habría querido cada vez más, y se resistía a vivir en un perpetuo estado de ansiedad. Empezaba a lograr un equilibrio, y no estaba dispuesta a perderlo. No mientras pudiera evitarlo.
Los días siguientes se sintió desorientada, como si le faltara algo. Ese proceso de introspección había sido el mejor remedio para sobrellevar la ausencia de Marcos. Sabía que no era ni lógico ni conveniente recordarlo tanto, pero no podía evitarlo. Esas horas que habían compartido habían bastado para darse cuenta de que añoraba su cercanía. Leer sus libros y seguir algunos de sus movimientos ya no era suficiente.
Se le caía la casa encima, así que daba largos paseos por los alrededores del pueblo. Todo estaba verde y lleno de flores. Mil ideas acudían entonces a su cabeza. No podía permitirse seguir sin trabajar, tendría que buscarse algo o aceptar la oferta de la revista de colaborar a distancia. También pensaba en cómo reaccionaría Marcos cuando recibiera los doscientos cincuenta y cuatro folios que le había enviado. Como le explicaba en la nota que había adjuntado, solo era la expresión escrita de sus recuerdos, sin más pretensión que la de regalárselos en señal de gratitud.
No conocía ese todoterreno negro que había aparcado delante de su casa. Tampoco recordaba haber dejado la verja abierta. En cuanto entró y vio quien estaba sentado junto a la puerta lo entendió todo.

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