domingo, 8 de febrero de 2009

El manual de la perfecta cabrona

Para Naná, Violette, Kitti y por supuesto Aura, las socias del club.
“Soy enérgica, ambiciosa, y sé exactamente lo que quiero. Si eso me convierte en una cabrona, está bien”. Madonna.
Ya habéis visto como Aura y yo pasamos de divas a cabronas bebiendo margaritas en la ciudad de las rosas… Algunas de vosotras manifestáis vuestros deseos de uniros al club. ¡Bienvenidas!, cuantas más seamos mejor…
Pero conviene recordar unas nociones básicas y establecer nuestras pautas de comportamiento. En este contexto es necesario aclarar que el término cabrona no significa ser una víbora ni llevar cuernos, que nadie se equivoque. Se refiere a una mujer con determinación, segura de sí misma, que no se deja pisotear.
¿Alguna vez has dicho “sí” cuando querías decir NO?, ¿Has querido cantarle a alguien sus verdades y en lugar de esto te has quedado callada?, ¿Podrías aceptar más trabajo sin un aumento o un nuevo nombramiento?, ¿Te disculpas con frecuencia por la manera en que actúas? Si has respondido que sí a alguna de estar preguntas, necesitas leer este libro.
El “Manual de la perfecta cabrona”, escrito por Elizabeth Hilts, será “nuestra biblia”. Nada más publicarse se convirtió en un éxito, así como sus secuelas “¿Por qué los hombres se enamoran de cabronas?” y “¿Por qué los hombres se casan con cabronas?”.
Existe una parte poderosa y esencial en cada una de nosotras que hasta ahora no ha sido reconocida ni su energía explotada. Años de represión han ocultado este aspecto en los rincones y las grietas de nuestras almas. Se trata de la Cabrona interior.
Nuestra Cabrona interior no quiere que seamos malas, quiere que seamos firmes. Quiere que seamos razonables. Y quiere que seamos gentiles, sobretodo con nosotras mismas. Al liberarla podemos utilizar su poder y energía para nuestros objetivos más elevados.
La Cabrona interior jamás teme decir: “que se vayan al diablo”, “ni lo pienses”, “estoy ocupada”, o “no me presiones”. Porque admitámoslo, chicas, la mujer sumisa está pasada de moda…
No nos engañemos… “Ninguna mujer es toda dulzura” (Madame Recamier).
Algunos hombres nos obligan a ser cabronas… “Teníamos tanto en común: yo lo amaba y él se amaba a sí mismo” (Shelley Winters). Pero recordad que “una cabrona puede llegar a amar profundamente sin olvidarse de sí misma”.
Que nadie lo ponga en duda: “El lugar de la mujer está en la casa, el senado y la oficina presidencial” (Anónimo).
La “lindura tóxica” nos lleva a hacer de la vida algo suave y ligero… para todos los demás. Con frecuencia esto se logra a un costo terrible.
Muchas de nosotras hemos sido víctimas de los prejuicios contra ese calificativo. Y si nos preguntan responderemos que somos chicas amables que en determinadas ocasiones nos hemos visto forzadas a actuar como cabronas. Son “esas otras mujeres” quienes en verdad son unas cabronas.
Con la ayuda de este libro aprenderemos a ser cabronas y a sentirnos orgullosas de serlo.
P.D.: La idea de escribir este post me la dio Violette. Que conste en acta.
P.D. 2: Chicos (Miguel, Podenco, Mapache…), esto no es una declaración de guerra. Buen rollito, ¿eh?

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