viernes, 13 de febrero de 2009

El poder de las musas

Si todos los que andamos por aquí tenemos algo en común es que nos gusta escribir. Y sabemos de buena tinta que por mucho que necesitemos hacerlo, hay veces que la mente se nos queda en blanco. Las ideas no llegan, y es inútil forzarlas.
Cuando menos te lo esperas las neuronas salen de su estado catatónico y los pensamientos fluyen de nuevo. A veces lees o escuchas algo y se enciende la bombilla. Entonces empiezas a elucubrar con la satisfacción del que vuelve a la vida. Pero como al amigo Murphy le gusta hacer de las suyas, es probable que eso suceda en el momento más inoportuno, cuando no tienes un medio para escribir o tiempo para dedicarle.
Yo me pregunto como hacen los que escriben por encargo y tienen que presentar un escrito en un plazo determinado. Me estreso solo de pensarlo… Por no hablar de las novelas por entregas, que se escribían sobre la marcha en función de la demanda del público. Dumas, Balzac, Dickens o Galdós fueron algunos de los sometidos a esta tiranía. Pero claro, ellos estaban sobraditos de talento y tenían a las musas en el bolsillo.
Escribir bajo presión debe ser un infierno. Probablemente lo creo porque para mí es un hobbie. Algo que hago porque me gusta y me lo pide el cuerpo. Si perdiera ese componente de libertad no sería lo mismo. Bastante tengo con ceñirme a las exigencias cuando escribo por trabajo… Otro tema es cuando te llega la inspiración y debes aprovecharla aunque no te venga bien. No hacerlo sería como rechazar un regalo. Además, en esos casos te domina una especie de ansiedad que no te permite desoír la vocecilla.
Y es que aunque nos haga “de rabiar”, somos esclavos de la inspiración. Muchos afirman eso de que la musa te pille trabajando… Yo creo que la disciplina y la concentración ayudan, pero no son ninguna fórmula magistral. Al menos para mí, que tengo poca paciencia. Y las musas son muy arbitrarias, no te visitan cuando las invocas, sino cuando les da la gana.
A veces se enrollan y te iluminan como el espíritu santo, pero hay que estar al loro y hacer un buen uso de la revelación. Si no sabes interpretarla, de nada te sirve. Si levitas más de la cuenta, pues te vas al carajo… Y si no la valoras como se merece, se encabronan y prepárate para las represalias. Son de lo más susceptible…
Otras veces no aparecen aunque implores, les prometas tu alma o los derechos de autor. No te queda más remedio que rendirte y esperar, mientras te dices: “pero hoy las musas han pasao de mí… andarán de vacaciones”. Y eso, cuando te lo tomas con filosofía…

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