sábado, 7 de febrero de 2009

El síndrome de Dorian Gray

No conozco otro libro que ensalze la belleza como “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde. Fue uno de los primeros que leí, gracias a una buena recomendación. Me impactó tanto, que me animó a seguir leyendo y hasta el momento no he dejado de hacerlo.
El tema central es como digo la belleza, un concepto que lejos de perder vigencia está sobrevalorado en la sociedad actual. No es ningún secreto que el físico abre o cierra puertas. Es un parámetro injusto y que afecta a muchos aspectos de nuestra vida, pero por suerte o por desgracia, así funcionan las cosas.
La acción trascurre en el Londres victoriano, con el marco de una sociedad clasista y superficial en la que las apariencias tienen un gran valor. Un joven aristócrata extraordinariamente bello, Dorian Gray, posa para su amigo el pintor Basel Hallward. Al ver el retrato concluido, el vanidoso Dorian siente envidia al pensar que él envejecerá, mientras que este permanecerá joven a pesar del paso del tiempo. Entonces llega a decir que si fuera el retrato el que envejeciera mientras que él permaneciera joven, daría hasta su alma. Aquí podría aplicarse el proverbio: “Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”.
A medida que avanza la historia el protagonista se va revelando como un tipo frívolo, hedonista, sin escrúpulos, que acaba siendo víctima de sí mismo. A modo de moraleja, el autor nos muestra las consecuencias de su licencioso comportamiento. El final es sobrecogedor, genial en mi opinión.
Fue una obra calificada de inmoral en su época, como el propio Wilde. Muchos han querido ver en Dorian Gray su alter ego. Ciertamente, Oscar Wilde ha pasado a la historia como un esteta, un dandy culto, excéntrico, obsesionado con la belleza y la búsqueda del placer. En esta obra trata sus temas favoritos: los hombres, las mujeres, el arte, la música, la estética, la juventud, la moral... Uno de los personajes, Lord Henry Wotton, afirma sin que le tiemble el pulso: "Las mujeres son un sexo decorativo. No tienen nunca nada que decir, pero lo dicen de un modo encantador". Poco se puede añadir a esa frase lapidaria...
Creo que el libro plantea una serie de cuestiones de plena actualidad. Pienso que hoy día vivimos también en un mundo bastante superficial en el que se da demasiada importancia a algunos aspectos en detrimento de otros. Existe una auténtica dictadura de la imagen. Se intenta vender la idea de que hay que parecer bello y joven sea cual sea la edad o el precio. Y muchos venderían su alma al diablo para conseguirlo... Como le ocurre a Dorian Gray, piensan que ser físicamente agraciados les da licencia para todo, que serán inmortales, que lo demás no cuenta. Mientras puedan tener el culo de Banderas, los pómulos de la Preysler o los labios de la Jolie, ¿qué más da eso de la belleza interior?

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