viernes, 6 de febrero de 2009

El vicio de escribir

Para mí escribir se ha convertido en un vicio, no sé si pernicioso... En algo que crea adicción, sin lo que una vez que le tomas el gusto no puedes pasar. Creo que todo el que lee, alguna vez se ha sentido tentado de escribir. Y algunos hemos sucumbido a la tentación... Aunque no tiene por qué suceder a la inversa, está claro que todo escritor (mejor o peor, aficionado o profesional), ha sido antes un lector. Si ya es estupendo conocer nuevas historias, aún lo es más crearlas tú. En un principio da reparo, piensas que no serás capaz, que no saldrá de tu cabeza nada interesante, que te falta práctica y tal vez talento. Pero con el tiempo te das cuenta de que no hay que ponerse el listón muy alto, simplemente dejar fluir las ideas, plasmarlas de la mejor manera posible, y limitarse a disfrutar del proceso sin preocuparse por el resultado.
Con frecuencia se acusa a los escritores de vanidosos. Ciertamente el que escribe siente la necesidad de exhibir sus pensamientos, de obtener la aceptación de sus lectores, e incluso el reconocimiento. Aunque el mero hecho de escribir ya compense por la satisfacción que produce (Jaime Bayly confiesa: "Descubrí que quería ser escritor, aunque fuese solo para mí"), el escritor escribe sobretodo con el propósito de ser leído. Además, las críticas, incluso si son malas, ayudan. Son referencias a tener en cuenta, porque desde fuera las cosas se ven de otra manera. Y hay que saber aceptarlas y tomar nota de ellas.
En mi opinión el escritor nace y se hace. Debe tener un mínimo de cualidades, claro está, pero la práctica es esencial. No conviene ser ambicioso y aspirar a escribir una gran obra. El escritor ha de ser modesto, humilde, y aceptar el veredicto de los lectores. Sin ellos, su labor tendría poco sentido.
Escribir exige disciplina, creatividad, capacidad de trasmitir. La historia es lo más importante. Si es buena, aunque la técnica falle, interesará. Hay que cuidar el estilo, la estructura, los personajes... pero sobretodo contar algo por lo menos entretenido. Y es que si aburrimos al lector cerrará el libro a la primera de cambio, y con todo el derecho del mundo.
Según Antonio Muñoz Molina, "el escritor no anda a la busca de historias: escribe las que ha encontrado y está seguro de que vale la pena contarlas". No sé hasta qué punto el argumento se busca o se encuentra, pero si el escritor se toma el esfuerzo de llevarlo al papel (o a la pantalla del ordenador), parece obvio que lo considera interesante. Isabel Allende define su trabajo con la clarividencia y sensibilidad que la caracteriza: "Siempre que el aire está lleno de historias y mi oficio es afinar el oído para escucharlas".
Escribir es crear un mundo en el que el autor mueve los hilos. Los personajes son como él quiere que sean, dicen lo que él quiere que digan, y hacen lo que él quiere que hagan. Y eso implica una sensación de dominio y libertad absoluta. Aunque a veces se apoderan de la trama y la llevan por derroteros que no estaban previstos... Están en su derecho de hacerlo, al fin y al cabo ellos son el alma de la historia. El escritor les da la vida como si del doctor Frankenstein se tratara, pero después adquieren autonomía. Balzac contaba que todas las mañanas se levantaba contento porque iba a encontrarse con sus personajes. Qué bonito...
El lector es una pieza fundamental del engranaje. Es el destinatario, el que juzga el trabajo realizado. En palabras de la escritora mexicana Ángeles Mastretta, "si sólo de eso se trata la literatura, de inventar historias para que otros las hagan suyas". Cuando lees un libro lo interpretas a tu manera, te conviertes en partícipe de alguna manera. Formas parte de él.
Hasta los escritores más experimentados sienten pudor. Es comprensible, porque buena parte de ellos queda reflejado en la historia que escriben. Sus anhelos, sus temores, su forma de ver el mundo... afloran en mayor o menor medida. A menudo se cree ver en un libro una historia autobiográfica, o en un personaje el alter ego del autor. A veces lo es, aunque sea de forma inconsciente, pero en cualquier caso, el escritor impregna cada página de su personalidad.
Esta es simplemente mi visión del tema. Como otras muchas personas, yo he descubierto en la escritura un hobbie que atrapa, un medio de expresión y comunicación, una terapia maravillosa que me enriquece como pocas cosas. Cuando escribo me siento bien, y por eso lo hago. Sin grandes pretensiones, intentando aprender algo de los escritores que admiro y mejorar con la experiencia. Pero sobretodo, con el firme propósito de seguir disfrutando.

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