viernes, 13 de febrero de 2009

Empatía

Hay personas que te conocen tan bien que da hasta miedo. La ventaja es que no tienes que explicarles nada, porque saben a la perfección lo que te gusta y lo que no, lo que te hacer reír, lo que te hacer llorar, lo que opinas sobre casi cualquier cosa. La contrapartida es que son como tu conciencia. Vamos, que no las puedes engañar… Con solo mirarte, las puñeteras saben lo que te está pasando por la cabeza.
Con esas personas existe una empatía mutua muy fuerte, porque por lo general tú las conoces tan bien como ellas a ti… Obviamente, los que te han tratado de cerca saben como respiras. Pero son muy pocos los que comparten esa conexión especial.
Las filias y las fobias suelen ser recíprocas, por eso en estos casos el sentimiento es común. A veces esa persona es muy diferente a ti en muchos aspectos, sin embargo estáis en la misma sintonía.
Yo me siento muy afortunada de tener a alguien así, a quien adoro. Cuando me escribe firma como “tu hermano favorito”, muy consciente de que lo es. Lo cuento porque sé que los otros dos no van a leer esto… Además, es tan obvio que para qué negarlo.
Creo que nadie me conoce tan bien. Me hace mucha gracia, porque es el más pequeño y a veces me controla como si fuera mi padre. Me dice lo que considera que me tiene que decir sin paños calientes. Y cuando no le hago caso se pilla unos cabreos… Es que se preocupa mucho por mí. A veces nos peleamos, pero como no sabemos estar así, nos reconciliamos enseguida.
Es tan encantador que siempre me acaba llevando al huerto. Hace conmigo lo que le da la gana y yo me dejo, porque soy incapaz de negarle nada. El jodío es más listo que una ardilla, sabe perfectamente hasta donde puede llegar. Es un zalamero profesional: sonríe, suplica, promete… y se aprovecha descaradamente de mi debilidad por él. Me manga cosas y me deja notas llenas de besos y piropos. Es un maestro del chantaje emocional… Me sablea, me mangonea a su antojo, me hace cómplice de sus chanchullos. Y yo le aseguro que es la última vez, que se le va a acabar la dolce vita… Pero ambos sabemos que conmigo tiene un filón inagotable.
Diez meses sin verlo es demasiado tiempo. Aquí nadie me echa la bronca… Pero tampoco tengo cerca a nadie que me alegre el día a día tanto como él. Yo le digo: “Te mimo demasiado, y un día se va a volver contra mí”. Y él se parte de la risa y me mira con cara de: “Esto es lo que hay… para algo soy tu ojito derecho”. Lo peor es que tiene razón.

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