martes, 10 de febrero de 2009

En el diván

¿Es grave, doctor?
- Podría serlo…
- Me lo temía. Por eso estoy aquí.
- ¿Desde cuando te ocurre?
- Ya va para un año…
- Es mucho tiempo…
- ¿Usted cree?
- ¿Y dices que todos los días?
- Salvo causas de fuerza mayor, sí. Y por lo general varias veces.
- O sea, que estaríamos hablando de una adicción.
- Usted sabrá, que es el loquero…
- Psicoanalista, si no te importa.
- Pues eso.
- ¿Has probado a pasar un día sin hacerlo?
- ¿Quiere decir, voluntariamente?
- Claro. Cuando no puedes no hay vuelta de hoja…
- Pues la verdad no. Y no creo que fuera capaz.
- Deberías intentarlo. Mira, no hay clínicas de desintoxicación para esto, pero si pones de tu parte puedes conseguirlo. La voluntad mueve montañas.
- ¿Qué no era la fe?
- Eso también. No me líes, que os gusta mucho. Lo que te quiero decir es que está en tu mano superar esta situación.
- ¿Y qué me podría pasar si no lo hago?
- La dependencia puede ir a más y convertirse en irreversible.
- Ostras… Sería peligroso, entonces…
- Convendrás conmigo en que no es normal.
- Bueno, es que yo no soy normal. Me lo han dicho desde chica, lo tengo asumido.
- ¿Estás diagnosticada de algún trastorno?
- Bipolar.
- ¿En serio?
- No.
- Veo que eres muy graciosilla…
- Era para aliviar la tensión. Es que este diván impone…
- ¿Tienes otras adicciones?
- Soy una chica sana. Bueno, más o menos.
- Define tu concepto de más o menos.
- La verdura y yo no nos llevamos muy bien. Tengo cierta inclinación natural hacia los donuts, el chocolate… Pero hago ejercicio a diario. Mi chico dice que de tanto correr se me va a poner el culo que voy a poder partir nueces con él.
- ¿Alcohol?
- Lo normal.
- Concreta…
- Un par de cervecitas al día no hay quien me las quite. Cubatas, pocos y de garrafón. Y algún margarita de vez en cuando. Aunque eso casi no cuenta, porque la mayoría son virtuales.
- ¿Cigarrillos?
- Alguno que otro, cuando me lo pide el cuerpo. Pero mentolados, que son menos nocivos… Es como comerse un pictolín.
- Igualito, sí.
- El poco veneno no mata, doc…
- Porque tú lo digas.
- Yo lo digo, sí.
- ¿Algún otro vicio confesable?
- No. Creo que hay cosas que es mejor no probar por si te gustan...
- Bien dicho.
- Bueno, entonces qué.
- Qué de qué…
- Qué me recomienda para solucionar mi problema.
- Terapia de choque.
- Ah no, eso sí que no… Me niego a dejarlo de golpe. ¿No hay algo así como los parches de nicotina, que te vaya quitando la ansiedad progresivamente?
- ¿Te estás quedando conmigo?
- Entonces qué quiere, ¿qué me suba por las paredes?
- Vale, relájate, que se te está hinchando la vena del cuello y me estás dando miedo… Vamos a hacer una cosa. Mañana tienes que resistir la tentación. Tómate un lexatín si ves que no puedes con el síndrome de abstinencia. Pasado vuelves y hablamos. ¿Está bien?
- Lo intentaré, pero no le prometo nada.
Salí de allí con el alma en los pies. Mañana no me veréis por aquí, el doctor me lo ha prohibido. Menos mal que no le he prometido nada…

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