viernes, 13 de febrero de 2009

En el rincón de una cantina

En México un día nublado es un día tequilero. Un día para encerrarse en una cantina y llorar las penas de amor. Que para eso se inventaron las rancheras. Para cantarle al desamor, a los amores imposibles, a los que duelen… Porque aunque parezca masoquista, a veces necesitas regodearte en tu dolor, sacar hasta la última lágrima y meter el dedo hasta el fondo de la herida.
Nos gusta el drama. Los libros que nos conmueven, aunque nos dejen tocados. Las películas en las que terminamos con los ojos húmedos. Los poemas que nos ponen un nudo en la garganta... Y es que casi siempre hablan de sensaciones que no nos son desconocidas y nos sentimos identificados.
Las rancheras surgieron en el siglo XIX, en un ambiente bohemio. Están indisolublemente ligadas al alcohol, concretamente al tequila.
José Alfredo Jiménez es el autor más reconocido. Sus letras son preciosas, a veces tan desgarradoras que te parten el alma. Me encantan todas… “Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños, y a llorar por los mismos dolores…”, “Quise hallar el olvido, al estilo jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar…”, “Y cuando al fin comprendas que el amor bonito lo tenías conmigo…”, “Si te cuentan que me vieron muy borracho, orgullosamente diles que es por ti, porque yo tendré el valor de no negarlo, gritaré que por tu amor me estoy matando…”, “Estoy en el rincón de una cantina, oyendo una canción que yo pedí, me están sirviendo orita mi tequila, ya va mi pensamiento rumbo a tí...".
De vez en cuando, lo que te pide el cuerpo es anestesiarte con una copa mientras escuchas una de esas canciones que te vuelven el alma del revés y te echas unas lagrimillas. Es una catarsis estupenda, y más barata que un psicólogo.
Una de mis favoritas es "La diferencia", sobretodo en la voz de Alejandro Fernández. Os dejo unos tequilitas y unos kleenex...

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