domingo, 8 de febrero de 2009

En la ciudad eterna

Hace un año de mi escapada romana, y llevo varios días recordándola. Italia tiene algo que me cautiva desde que la conocí. Será su aire mediterráneo, su historia, su gastronomía, los italianos… (¿verdad, Naná?) O será que allí me siento como en casa. Por eso cuando mi amiga Katy y yo barajamos varias capitales europeas para ir durante las fiestas del Corpus no nos costó decidirnos por Roma.
Hacía un calor húmedo poco agradable para hacer turismo, pero íbamos tan predispuestas a disfrutar que nada se nos puso por delante.
Esta vez no tuve que colarme en el foro, pues el acceso era libre. La Roma imperial se extendía ante nosotras.
Templos, termas, catacumbas, arcos de triunfo… A pesar de la fechoría de Nerón, es tanta belleza que los ojos no saben para donde mirar.
Ante la Fontana di Trevi recordé a Mastroianni, contemplando extasiado el remojón de la Ekberg. Me faltó tiempo para tirar la moneda…
El Panteón de Agripa es absolutamente impresionante. No creo que exista una cúpula más grande.
El arte invade cada rincón. La ciudad es un museo al aire libre.
La Piazza Navona fue escenario de combates navales. Hoy el agua se limita a las fuentes de Bernini.
Esta cerveza nos devolvió la vida… ¿que no, Kat? Llevábamos horas caminando bajo un sol de justicia. Finalmente encontramos la famosa Pizzería Da Baffetto (Via del Governo Vecchio, 114). Estaba cerrada, pero no nos resistimos a la taberna irlandesa que había justo en frente.
Al otro lado del Tíber está el Trastévere, que quiere decir exactamente eso. Aún conserva su impronta medieval, por lo que es demasiado turístico.
En torno a la Piazza Santa María hay varios restaurantes muy agradables, sobretodo por la noche. La iglesia tiene unos mosaicos bizantinos preciosos.
Si no llega a ser por la reja que lo impedía, fijo que hubiéramos metido la mano en la Bocca della veritá emulando a Audrey Herpburn…
La Piazza di Spagna es bonita hasta sin sus célebres flores. Pocos días después de nuestra visita, un peruano borracho bajó la escalinata en coche causando serios desperfectos.
Sólo en esta ciudad se pueden encontrar dos iglesias barrocas gemelas… En la Piazza del Popolo, junto a Villa Borghese.
Cualquiera entraba en el Vaticano… Los carabinieri cerraron el paso de la Vía della Conciliazione porque venía un cretino llamado George Bush. No se puede ir a Roma sin visitar San Pietro, pero el circo que tienen montado me produce urticaria.
Cuatro días saben a poco, sobretodo cuando inviertes uno en la ida y otro en la vuelta. Pero sin duda valió la pena. Roma sigue siendo la ciudad de los emperadores, los papas, el neorrealismo, Moravia, “La mejor juventud”… La ciudad abierta, eterna, en la que los símbolos de su esplendor permanecen como en ninguna otra.

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