sábado, 7 de febrero de 2009

Fin de semana en Madrid

Cualquier excusa es buena para pasar un fin de semana en Madrid: un concierto, una cita, visitar un museo... A los que nos atrae la amplia oferta cultural de esta ciudad, lo tenemos más fácil todavía. No es premeditado, pero siempre que voy es por estas fechas. El otoño madrileño tiene un encanto especial, lo acabo de constatar una vez más. Está haciendo un frío que pela, pero contemplar ese cielo velazqueño y los árboles con las hojas amarillas, rojas... por todas partes tiene una estética increíble.
Vivir en una gran ciudad no me ilusiona precisamente, pero ir de visita y disfrutar por unos días de la cantidad de alternativas que ofrece es muy agradable. Joaquín Sabina la definió como una ciudad "invivible pero insustituible", y me parece una visión bastante acertada. Será quizás por su carácter abierto y cosmopolita, pero ni siquiera me siento turista en Madrid. Hay tanto forastero, que resulta fácil integrarse.
Las grandes distancias o el ritmo acelerado se ven compensados cuando se pasea por el Retiro, se recorre el triángulo del arte formado por el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía, o por el Madrid de los Austrias.
También pasear por el Barrio de las Letras, tomar una cerveza en la cervecería artesana Naturbier de la Plaza de Santa Ana, unas patatas bravas en la Calle Espoz y Mina o un café en el Café de Oriente contemplando el Palacio Real son alternativas interesantes. Y si es domingo, la tradición manda pasarse por el rastro y tapear después por La Latina.
A quien le guste el arte, le diría que no dejara de visitar el Convento de las Descalzas, en la Plaza de San Martín, junto a Callao. Posee una colección digna de verse. También el Museo de América, en Moncloa, me resulta muy interesante.
Como uno de mis objetivos era ver la tan comentada ampliación del Museo del Prado, me armé de paciencia y me dispuse a hacer cola el tiempo que fuera necesario. Por supuesto mereció la pena, aunque en mi opinión el edificio nuevo es un auténtico pegote. Me explico: visto de forma individual, es una construcción arquitectónica moderna impecable. Con mármoles, cristaleras, líneas rectas... Funcional pero frío. Vamos, como la T4... Sin embargo unido al edificio neoclásico de Villanueva, choca bastante. Lo mismo sucede con el claustro de los Jerónimos, es precioso, pero acceder a él por unas escaleras mecánicas le quita bastante encanto. En cambio la colección de pintura del siglo XIX que allí se expone es estupenda (Goya, Sorolla, Madrazo, Rosales...). Tal vez sea cuestión de acostumbrarse y dentro de unos años lo veamos tan natural, como la pirámide del Louvre. Ojalá que así sea.
Para terminar con un buen sabor de boca, pasad por el Museo Thyssen a ver la exposición de Durero y Cranach. Es genial.
Hay mil cosas que ver y que hacer en Madrid, opciones para todos los gustos, pero en cualquier caso, la visita siempre resulta gratificante.

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