viernes, 13 de febrero de 2009

Jornada laboral

La jornada laboral es un rollo, para qué vamos a decir lo contrario. Claro, que si curras en algo que te motiva, resulta mucho más agradable. Pero hay días que parecen una conjura siniestra. Entonces te entra la angustia cósmica, como dice mi jefa. Y no sabes si cortarte las venas o dejártelas largas…
Yo tengo la suerte de estar en un sitio bonito y tranquilo, aunque a veces no tanto como me gustaría. Normalmente me abstraigo del movimiento que me rodea, pero si tengo un ligero cruce de cables me pone de los nervios.
Hay de todo, como en botica. Está el compañero que habla a voces por teléfono, como si sus conversaciones le interesaran a todo el mundo. Está el que cuando se estresa le da por carraspear y es como una locomotora arrancando. Luego está la otra, que solo saluda si las saludas tú primero y la pillas de buenas… El monstruo de las galletas, que parece que solo viene a desayunar de gorra. Y el hiperactivo, que pasa por delante de mi puerta, a la velocidad del rayo, unas quinientas veces al día. Además, la niña medio autista que viene a jugar al ordenador cuando sale del cole. La secre, con la radio a toda caña. Los obreros de al lado, armando escandalera... En fin, supongo que nada peor que lo que soportáis la mayoría de vosotros.
Pero también hay compensaciones. Mi favorita es Andrea. Tiene cuatro años, y es una monada. Me gané su confianza un día en que apareció ante mi puerta hecha un mar de lágrimas porque no encontraba a su papi. Le di la mano y la llevé a buscarlo. Desde entonces, me visita con relativa frecuencia.
Hoy entra en mi despacho, junto con otra pitufa a la que le saca la cabeza.
- ¡Vengo a presentarte a mi amiga Gabi Flores! –me dice, toda sonriente. Lleva su uniforme de ese colegio pijo al que va, el Pierre nosequé… Si ya es graciosa de por sí, con el uniforme está que se sale.
- Hola, Gabi –le digo al reciente fichaje-. Qué guapa eres… ¿Vas al cole de Andrea?
- No, ella no va al Pierre nosequé –me aclara Andrea, que es el colmo de desinhibida.
- ¿Cuántos años tienes? –le pregunto, y me enseña los cinco dedos de la mano, muy convencida-. Como vas a tener cinco años –le digo-, si eres más pequeña que Andrea… Tienes tres, ¿verdad?
Gabi me mira dudando, y termina encogiéndose de hombros.
- Bueno, adiós… Vamos Gabi, que tengo que presentarte a más gente –dice Andrea, muy metida en su papel de anfitriona.
Acto seguido salen las dos y aporrean la puerta del despacho de enfrente. Yo vuelvo a fijar la vista en la pantalla del ordenador sin poder reprimir una sonrisa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario