domingo, 8 de febrero de 2009

La santita

Conocí esta curiosa historia hace unos días, y como morbosa que soy, no pude dejar de darle vueltas.
Según cuenta la leyenda, una niña romana tuvo contacto con los primeros cristianos, quienes la convirtieron y la bautizaron al cristianismo. Al descubrirlo su padre, la mató y ocultó el cuerpo. Pero mira tú por donde, este permaneció incorrupto para evidenciar su crimen. Fue embalsamado y comprado al Vaticano por un obispo mexicano del siglo XVIII. Desde 1925 se encuentra en la Catedral de Guadalajara (México). Es conocida como Santa Inocencia.
La versión mexicana difiere un poco. Narra que la pequeña Inocencia quiso hacer la primera comunión al igual que sus compañeras de la escuela, pero su padre se opuso y le prohibió acercarse a sus ellas. Un día, al pasar junto a la casa donde unas las preparaban, se quedó escuchando los cánticos y oraciones, y una monja la invitó a participar. Le regaló un vestido de encajes, e Inocencia hizo la primera comunión a escondidas. Al llegar a casa y contarle a su padre lo que acababa de hacer, este le clavó un cuchillo y salió huyendo. Los vecinos encontraron el cuerpo sin vida de la niña, y lo llevaron a la catedral donde acaba de recibir la primera comunión.
En cualquier caso, lo cierto es que allí se encuentra la santita, en una urna de cristal. Al parecer, le siguen creciendo el pelo y las uñas. Da repelús, la verdad, verla ahí tumbada con su vestido de primera comunión. Os diré que a mí este circo devocional de reliquias de santos, corazones embalsamados y brazos incorruptos me da más asco que otra cosa, pero reconozco que en este caso el tema captó mi atención.
Al verla no pude evitar que me recordara a otra historia igualmente interesante: la de la niña Sierva María de Todos los Ángeles, que vivió a mediados del siglo XVIII en Cartagena de Indias (Colombia).
Según relata Gabriel García Márquez, en 1949 recibió el encargo de hacer un reportaje sobre la evacuación de las criptas funerarias del Convento de Santa Clara: “La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la piocha, y una cabellera viva de un color de cobre intenso se derramó fuera de la cripta. El maestro de obra quiso sacarla completa con la ayuda de sus obreros, y cuanto más tiraban de ella más larga y abundante parecía, hasta que salieron las últimas hebras todavía prendidas a un cráneo de niña. En la hornacina no quedó nada más que unos huesecillos menudos y dispersos, y en la lápida de cantería carcomida por el salitre sólo era legible un nombre sin apellidos: Sierva María de Todos los Ángeles. Extendida en el suelo, la cabellera espléndida medía veintidós metros con once centímetros”.
Entonces recordó la leyenda que le contaba su abuela de niño de una marquesita de doce años cuya cabellera le arrastraba como una cola de novia, que había muerto de rabia al ser mordida por un perro y era venerada en los pueblos del Caribe por sus milagros.
Esa idea dio origen a su preciosa novela “Del amor y otros demonios”. La joven protagonista es mordida por un perro callejero, y su padre, al pensar que está poseída por el demonio, la ingresa en un convento donde es sometida a brutales exorcismos. Allí la conoce el sacerdote español Cayetano Delaura, quien se enamora locamente de ella. Finalmente la niña muere por culpa de las atrocidades a las que es sometida, y es considerada por algunos como una santa.
Ignoro si existe alguna relación entre ambas historias, probablemente no, pero mi mente novelera las asoció de inmediato. Independientemente de su verdadero origen, de qué similitud pueda guardar con la santita colombiana o de en qué medida su leyenda ha sido manipulada por la tradición oral, la visión de la santita de Guadalajara no deja indiferente. Aquí la tenéis, qué sé que estáis deseando verla…
P.D: Este post está dedicado a Brenda, la hija de Aura, que fue mi fuente de información y también siente una curiosidad morbosa por estos temas. Para ti, bonita.

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