viernes, 13 de febrero de 2009

Las vigas de la mezquita

Es que alucino... “Folletín artístico-religioso”, lo llama El País. Cinco vigas califales de la mezquita de Córdoba, subastadas al módico precio de un millón y medio de eurillos. Por Christie´s, por quien si no. Y el obispado cordobés que se chinche, haber estado atento. Eso, por no poder demostrar cómo salieron de España. Se ve que no pitaron en el control del aeropuerto… y como solo miden seis metros, irían en el equipaje de mano. Además, seguro que quedan más bonitas en un chalet estilo español de Beverly Hills, junto a una recreación del Patio de los Leones…
No seré yo quien defienda a los curas, que además en este caso se han cubierto de gloria. Pero vamos a ver… ¿No es patrimonio español? ¿No está penado por la ley el tráfico de obras de arte? A mí que me lo expliquen, que esto no me cuadra…
La mezquita es Patrimonio de la Humanidad, lo que implica un grado de protección. Según decía la ministra de cultura (que para colmo es cordobesa), si se demostrara que hubieran salido de España de forma ilegal, la subasta de detendría. Ahí te quiero ver…
Las vigas salieron andando en una restauración, pero están en perfecto estado. Son un bien cultural propiedad del cabildo catedralicio. ¿Cómo chingados cambiaron de manos? Un carpintero confesó que un canónigo se las había regalado, y él se las había vendido a un coleccionista. Si estos ojitos no hubieran visto los expolios que han visto, no daría crédito.
Y lo más fuerte… La Iglesia se comprometió a no impugnar la venta de las vigas, a cambio de que el propietario donara un quince por ciento de la ganancia a Cáritas. Pero claro, el tío va y dice que las vigas estaban en el granero de su suegro, que a él que lo registren… Y para más inri, que pensaba usarlas en la decoración de su restaurante. Que el artesonado de Alhakén II, del siglo X, le daría un toque de distinción…
A mí es que eso de que el patrimonio artístico español esté desperdigado por el mundo es algo que me subleva… Sé que el Prado está lleno de pinturas extranjeras, pero no lo puedo evitar. Ese museo, “The cloisters” (“Los claustros”) de Nueva York, me da repelús. Los yanquis se llevaron monasterios románicos y góticos piedra a piedra… Si eso no es un saqueo, que venga Dios y lo vea. Porque lo que es la Interpol, no vio ná de ná.
Que cualquier nuevo rico hortera pueda tener en su salón un trozo de la mezquita de Córdoba me hace temer qué será lo próximo: ¿El parteluz del Pórtico de la Gloria en el recibidor?, ¿una vidriera de la Catedral de León en el baño?, ¿o mosaicos de Mérida en el suelo de la cocina?

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