lunes, 9 de febrero de 2009

Lo que Afrodita le dijo a Paris para conseguir la manzana

Según la mitología griega la guerra de Troya empieza porque Eris, la diosa de la discordia, no fue invitada a la boda de Peleo y Tetis. La diosa de la discordia en venganza dejó caer una manzana de oro sobre la mesa en la que ponía que era para la más bella... Hera, Atenea y Afrodita querían la manzana, y entonces Zeus decidió que Paris eligiera entre las diosas cual era la más bella.
Para Naná Hera y Violette Atenea.
Paris, guapetón… no les hagas caso a estas, que son unas liantas. Mírame a mí, la diosa de la belleza y del amor. Yo sé muy bien lo que quieren los hombres... Y te lo voy a dar.
¿No me conoces? Nací de las aguas, con un porte que ya lo quisieran muchas. Todos los dioses admiraron mi hermosura y me rindieron honores. A lo mejor has escuchado cosas sobre mí, pero las malas no te las creas. Son sólo fruto de la envidia… Tú escucha mi versión y me comprenderás.
Zeus me casó con Hefesto, que era repugnante: feo, cojo… daba entre pena y asco, de verdad. Ya sé que a mi suegri Hera no le gusta que diga esto de su retoño, después de que lo echó del Olimpo como a un perro sarnoso... En fin, que no se hizo la miel para la boca del asno, así que entenderás que tuviera que refugiarme en los brazos de Ares… Pero el chivato de Helios le fue con el cuento a Hefesto y una noche, mientras nos amábamos, nos atrapó con una red para que todos los dioses se burlaran de nosotros. Para que luego digan que los cojos no tienen mala leche… Si no llega a ser por Poseidón, allí estaríamos todavía…
También tuve mis escarceos con Dionisio, Anquises, Hermes y Poseidón, pero nada memorable. Con Adonis fue distinto. A él lo adoré desde que nació. Era el bebé más lindo que haya existido jamás… Y que no me oigan los míos. Se lo di a Perséfone para que lo guardara, pero la muy zorra se lo quiso quedar. Habráse visto… Cuando Adonisito creció su belleza era irresistible. Qué hechuras, por todos los dioses! Mejorando lo presente, claro... Zeus decidió que nos lo repartiéramos Perséfone y yo, pero él me eligió a mí. Que tenía buen gusto el muchacho… Fíjate si lo quería que hasta lo acompañaba a cazar, y eso que a mí las armas siempre me han dado recomello. Mira que le advertí que tuviera cuidado con ese jabalí, que tenía cara de pocos amigos, pero ni caso. Total, que me dio el día. Fueron momentos muy amargos, pero la vida sigue...
Si hice alguna pequeña maldad estaba más que justificada. Vale, le pedí a mi Eros que le disparara una de sus flechas a Psique para que se enamorara del mortal más horroroso, pero comprende que no podía soportar tal competencia… Y me salió el tiro por la culata, porque mi chiquitín se enamoró de esa arpía. A Pigmalión le di calabazas, es cierto, pero convertí a su escultura de marfil en Galatea y fueron muy felices. También ayudé a Hipomenes a conseguir la mano de Atalanta. Que hay que ser lerda para pararse a recoger las tres manzanas en mitad de la carrera… Como ves soy piadosa y compasiva.
Mira, si me tocan las narices tengo mi genio como todo el mundo. Alguna que otra maldición he lanzado, no te digo que no… Pero chico, si es que la sacan a una de quicio… Castigué a Aurora a enamorarse de Orión por haberse fijado en Ares. Si es que no respetan nada, oye… Sí, las mujeres de Lemnos pagaron su deslealtad con un olor pestilente que ahuyentó a sus maridos. Para que aprendan quien es Afro, ea. Y no te lo pierdas, que luego ellas se vengaron y no dejaron a uno vivo. Fíjate como es el despecho.
Bueno, a lo que íbamos. Que aquí me tienes dispuesta a darte una alegría. A cambio de la manzana te prometo el amor de Helena de Esparta, la mortal más bella del mundo. No me digas que no le habías echado el ojo... Que yo sé de qué pie cojeáis todos. ¿Vas a resistirte a eso? Aunque no sé... a lo mejor es demasiada mujer para ti... ¿Qué me dices, machote?

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