miércoles, 18 de febrero de 2009

Lo que la devoción esconde

Érase un pueblecito mexicano famoso por la alegría de sus gentes. El clima tropical y un elevado índice de emigración masculina a los Estados Unidos lo habían convertido en “una playa sin mar”. Las mujeres se cansaron de guardarles fidelidad a sus maridos ausentes, así que la alameda, el río y los cañaverales empezaron a ser testigos de innumerables encuentros amorosos.
Su situación les obligaba a desempeñar tareas masculinas, y el temor a perder la feminidad derivó en la creación de la Escuela de Estética Mayte. Muy pronto se convirtió en un importante reclamo, pero debido a su elevado coste sólo podían acceder a ella las mujeres de los emigrantes. El afán de belleza inundó cada rincón del pueblo… Ser una chica Mayte era la utopía soñada por todas. Querían estar espectaculares para ejercer su dominio sobre la población masculina. Su mayor anhelo era parecerse a las artistas de moda, lo que incluía a veces el paso por quirófano. Los hombres se volvían locos por ellas. Imponiéndose al machismo tradicional, las Maytes eran las que partían el bacalao…
En sus licenciosos comportamientos contaban con una cómplice excepcional: la Inmaculada Concepción, patrona del pueblo. Su santuario se llenó de ofrendas votivas en forma de papelitos o cartas que expresaban los deseos, fantasías, aventuras, sueños eróticos y pecados más inconfesables de estas mujeres: “Es más fácil pedirle perdón a la virgencita que pedirle permiso, además, lo prohibido es lo más divertido porque aquí no hay nada que hacer más que coger (follar)”. De este modo, las prácticas sexuales pasaron a formar parte de la realidad pública y cotidiana de la comunidad.
Muchas ofrendas solicitaban un marido emigrante o el deseo de acudir a la Escuela de Estética: “Yo nací hermosa y por eso me quiero casar con uno del norte para vivir como reina y ya no ser criada porque estaré en la escuela para ser como La Galy o La Potra”. Se empezaron a firmar las cartitas con seudónimos de protagonistas de telenovelas. También estaban las que pedían abortos de embarazos no deseados. Algunas ponían un límite ante tan masiva afluencia de peticiones: “A la virgen no se la ataranta (agobia), porque no tiene cabeza para tanta pedidera”. Otras rayaban la irreverencia: “Tú me comprendes, madrecita chula, si eres calientota igual que yo. Tú sabes lo chido (genial) que es andar con dos o tres… tú eres cabrona, hasta le encasquetaste un hijo a otro, así que ayúdame a que no me cache (pille) mi viejo (marido) que anda en el norte ni mis hijos”. “Tú eres puta como yo, virgencita, ayúdame no seas gacha (mala)”. “Tú te sacrificaste por tu hijo porque te casaste con un carpintero cuando a ti te gustaba el dizque (el tal) Gabriel (el arcángel San Gabriel)”.
El emigrante representaba al hombre exitoso, viril, que tiene lo que hay que tener. Sus ofrendas decían: “Mándame un buen coyote (el que los pasa al otro lado) para que no me deje en el camino”, o “Cuídame de la migra (inmigración) porque ya van cuatro veces que me agarra”. Querían a las Maytes para divertirse, pero no como madres de sus hijos: “A mí me gustan las de la estética pero para jugarreta porque para mi esposa pues yo quiero a una bonita como ellas pero no tan puta”. Sólo una minoría de los hombres prefería no emigrar: “Jodidos pero juntos y no riquillos separados”, manifestaban sus peticiones.
Las mujeres lo tenían claro: “Bola (atajo) de mensas (tontas) que prefieren pasar hambres junto a sus hijos antes de ponerles los cuernos a sus viejos… yo prefiero puta que pendeja”. Su filosofía era vivir el presente, y vivirlo lo mejor posible. Ponerse guapísimas, salir a divertirse, entregarse a pasiones desenfrenadas… y después descargar su conciencia con la amiga Inma, que las escuchaba sin juzgarlas. La existencia en esta sociedad idílica transcurría apacible, sin amarguras ni culpas. Tenían las necesidades (todas) cubiertas, vivían felices y satisfechas. Era lo más parecido al paraíso terrenal…
Esta es una historia real, tema de una tesis de doctorado. Las citas de las ofrendas son textuales. Están a la vista de todo el mundo y su publicación ha sido autorizada, por eso me he tomado la libertad de divulgarlas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario