viernes, 13 de febrero de 2009

Los peligros de un tonto

Sé que dividir el mundo entre tontos y listos es una radicalización, vaya por delante. Creo que la inteligencia es muy relativa, y que la gran mayoría no nos destacamos por ser listos, ni tontos, ni todo lo contrario. Pero si consideramos que hay gente que no llega a ese nivel estándar o lo supera podremos distinguir sin dificultad a ambos especimenes, de los que todos conocemos ejemplos vivientes.
En contra de la opinión general, estoy convencida de que un tonto puede ser mucho más nocivo que un listo. El listo sabe medir el alcance de sus acciones, mientras que el tonto no. No comparto la idea de que los tontos son inofensivos. Por lo general son desconfiados, susceptibles, orgullosos, y con una mala leche de agárrate.
Mi abuela decía: “A mí que no me digan que hay un tonto bueno, que solo con quemarle la sangre al que tienen al lado ya ha hecho bastante”. Y estoy de acuerdo. No digo que un listo no pueda hacer daño, pero siempre es un daño consciente, calculado. Un tonto en cambio es capaz de perjudicarse con tal de fastidiar a alguien.
Para mí la inteligencia es, básicamente, sentido común. Y en los tontos brilla por su ausencia. Un tonto te enreda, te complica la vida. Siempre se ha dicho eso de “das más guerra que un niño tonto”. Puede sonar cruel, pero anda que no es verdad…
Los desastres que puede provocar un tonto tienen gracia en el cine, pero en la vida real no tanto… En “El guateque”, un actor más lerdo que donde los hacen se cuela en una fiesta de postín y lía lo que no está en los escritos... El tonto de “La cena de los idiotas” tiene aún más peligro. El protagonista lo invita para ganar un concurso y por poco no vive para contarlo. Porque nunca se debe subestimar a un tonto…
Si la ignorancia es muy atrevida, la ausencia de neuronas lo es todavía más. Porque lo peor de los tontos es que se creen más listos que nadie. Ciertamente, a veces no son tan tontos como parecen. Pero de ahí a ser listos hay un abismo.
Sólo hay una cosa más peligrosa que un tonto con iniciativa: un tonto con poder. Estar en manos de un tonto es lo peor que te puede pasar. Me vienen a la mente varios nombres de altos mandatarios que personifican esta tesis, pero me los voy a reservar porque no es mi intención incitar la polémica.
No sé por qué, los tontos siempre piensan que todo el mundo los quiere engañar. Son suspicaces a muerte… Guardan el dinero debajo del colchón porque no se fían de los bancos. Si algo les sale mal, es porque hay una conspiración contra ellos… Y pueden llegar a ser mogollón de retorcidos. Aunque parezca que no les llega el intelecto para maquinar demasiado, si la toman contigo date por jodida. Con perdón. Encima se quejan de que todo les sale mal. Qué pena me dan… Pero chico, ¡si eres más torpe que los pies que te llevan!
A lo mejor hay quien piensa: pobrecitos, qué culpa tienen ellos si no dan más de sí… Pues si tuviera a un tonto al lado sacándolo de quicio no lo pensaría.

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