sábado, 7 de febrero de 2009

Más cine por favor

Desde que tengo uso de razón me gusta el cine. Y eso que con la primera película que me llevaron a ver, “Blancanieves y los siete enanitos”, pasé un miedo espantoso. Pero tenía tres años, así que de uso de razón andaba escasa. Algo más tarde recuerdo como me impactó “E.T”, tanto que la vi varias veces.
Pero mi época de verdadero furor cinematográfico comenzó hacia los 17 o 18 años y transcurrió durante mis años de carrera. Por ese entonces yo iba al cine casi todas las semanas, tenía el carné del Cineclub Universitario, leía libros sobre cine, compraba puntualmente la revista “Fotogramas”, y no me perdía ni uno de los programas dedicados al cine que se emitían (“Días de cine”, “Primer plano”…). Conocía a todos los actores y directores del momento, las películas que se estaban rodando, todos los detalles sobre los Oscars, los Goya, los festivales de Cannes, Berlín, San Sebastián… Lo mío con el cine rozaba la obsesión. Actualmente me sigue encantando, pero me lo tomo con más calma.
Aunque el surgimiento primero del vídeo, después del dvd y ahora de Internet han permitido una mayor difusión del cine y nos facilitan el acceso a infinidad de películas, jamás suplantarán la magia de una sala de cine. Tengo seiscientas y pico películas y disfruto enormemente viéndolas en casa, pero no se puede comparar con verlas en el cine. El ritual de ir expresamente y pagar tu entrada ya te predispone. Ver la película en la gran pantalla, con silencio y oscuridad, sin interrupciones, es lo ideal.
Para mí la verdadera magia del cine está, al igual que con los libros, en la capacidad de hacerte partícipe de una historia y darte a conocer otras vidas, otros mundos. En su poder de evasión y entretenimiento. Y sobretodo, de trasmitir emociones.
Actualmente, la falta de tiempo y lo asequible de otros formatos, se confabulan para que vaya cada vez menos al cine. También, en mi opinión, la calidad del cine que se hace, en general, ha disminuido bastante. Se cuenta con mejores recursos técnicos que permiten increíbles efectos especiales y una impactante puesta en escena, pero escasean las buenas historias. El cine comercial, la mayoría norteamericano, invade nuestras pantallas de forma despiadada. En temporada veraniega y navideña, las películas infantiles ocupan todas las salas sin dejar espacio para nada más.
Aún así, no desespero. Me gusta el cine europeo, oriental, latinoamericano. El cine de autor e independiente. Directores como Almodóvar, Trueba, Amenábar, Aranda, Querejeta, Bollaín, Aristaráin, Bertolucci, Ivory, Wagnier, Tornatore, Annaud, y un largo etcétera. Historias creíbles y con sentido, bien escritas e interpretadas. Que cuenten algo interesante, que te hagan reír o llorar, pero que no te dejen indiferente. Son la minoría, pero si estás al tanto no se te escapan.
Hay un par de momentos en el año en los que se producen los mejores estrenos. Precisamente ahora comienza uno de ellos. Ahora echas un vistazo a la cartelera, y hay dos o tres entre cincuenta que merecen la pena. Hace un par de días fui a ver “Expiación”, y me gustó mucho. Está basada en una novela estupenda y eso se nota. La historia, la ambientación y los actores también lo son. Plantea temas a mi juicio interesantes: el engaño, la culpabilidad, la falsa inocencia de los niños… Que os la recomiendo, vamos.
En fin, como decía la canción de Aute, “cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine, y los sueños cine son”. Más cine, sí, pero del bueno…

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