sábado, 7 de febrero de 2009

Noche de ilusión

Noche de Reyes. Noche de ilusión. Desde donde arrancan mis recuerdos, la noche del 5 de Enero ha sido mágica, y aún a mis años lo sigue siendo. En mi familia esta tradición se ha celebrado intensamente, ya desde la generación de mis padres. A ellos les debo el haber preservado la magia tantos años. Siempre se han ocupado de mantener el misterio y la ilusión, jamás encontramos un regalo escondido ni los pillamos in fraganti ejerciendo de sus majestades. Hasta los doce o trece años yo seguía in albis, os lo juro… y eso fue gracias a ellos.
Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños (tengo tres, menores que yo), se lo curraban de una forma espectacular. Durante todo el mes de diciembre, mi madre nos contaba que la noche anterior había recibido la visita de Ezequiel, el paje de los Reyes Magos. Yo flipaba en colores, y las caras de mis hermanillos, con sus ojos claros muy abiertos, eran un poema. Según mi madre, Ezequiel venía a charlar con ella para que le contara cómo nos habíamos portado. Se sentaba a tomar una copita de anís y escuchaba la perorata. Imaginaos que medida de coacción, cualquiera se portaba mal para que luego el chivato de Ezequiel fuera con el cuento a los Reyes y te quedaras sin un mísero regalo… Porque la amenaza del carbón era terrible. Cada 6 de Enero, después de haber dormido menos que un pollo con calambres, salíamos de la cama en absoluto silencio, con el corazón a mil por hora, y dominados por el pánico a encontrarnos el temido carbón. Sin embargo, siempre tuvimos juguetes, ropa, chocolatinas, y cantidad de sorpresas con las que no contábamos. Porque esa era otra, si te pasabas pidiendo en la carta, que por su puesto mi progenitora entregaba en mano a Ezequiel, la avaricia rompía el saco y sus majestades castigaban tu codicia dejándote sin nada. Qué dilema, encontrar el punto justo…
Hasta hace pocos años, yo seguía recibiendo regalos sin dar nada a cambio. Ya sabéis, los estudios se prolongan, el mercado laboral es tan competitivo… total, que empecé tarde a trabajar. Pero en cuanto conté con mis primeros ingresos, me puse yo también el disfraz de reina maga. Y os aseguro que disfruté aún más que antes. Desde entonces cada 5 de Enero preparo mis paquetes, con sus respectivas etiquetas, y vuelvo a la infancia. Los días previos, aunque son agotadores, hago mi trabajo bien hecho. Así mi madre, mi padre, mis hermanos, y tres o cuatro afortunados más con los que me siento en deuda por lo bien que se portan conmigo, reciben un obsequio mío. Y eso me produce una satisfacción enorme.
Pero además de en casa de mis padres, los Reyes en casa de mi abuela han sido siempre espectaculares. Cuando ella faltó, mis tías (a las que apodamos cariñosamente “las Koplowitz”), tomaron el relevo. Y no veáis lo bien que lo hacen… Somos 16 sobrinos (yo la tercera), y ninguno se queda sin regalo. Incluso los años en los que el menor de todos ya había despertado a la realidad, montaban esa maravillosa parafernalia. De verdad, no he visto nada igual. Distribuyen todo presentándolo de una forma preciosa, con globos, figuritas de chocolate, caramelos… y unas etiquetas con nuestros nombres que diseña e imprime la ciber-koplo. Tampoco faltan nunca un par de roscones de Reyes. Un derroche, en serio. Además, son generosísimas y aciertan siempre. Yo salgo de allí cada año con al menos dos libros bajo el brazo. Este año la enana que ya conocéis es más consciente de todo que el año anterior, y sólo por ver la carita que pondrá merece la pena montar todo ese circo. No tengo palabras para agradecerles todo esa parafernalia a las Koplo, que esta noche, como cada noche de Reyes, se visten de reinas magas para regalarnos toneladas de ilusión.
Feliz noche de Reyes a todos!

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