viernes, 13 de febrero de 2009

Noche en el aeropuerto

Cuando los altavoces anunciaron el retraso de su vuelo por causas meteorológicas, suspiró fastidiado. El congreso había sido durísimo, estaba deseando llegar a casa… Probablemente aquello iba para largo, más le valía ponerse cómodo y armarse de paciencia.
Se encaminó hacia la librería en busca de alguna lectura que le amenizara la espera. Revisó la prensa, los bestsellers… De pronto su mirada se detuvo en un nombre que no le resultaba desconocido. El libro no era especialmente llamativo. Tenía encuadernación sencilla y una imagen de un jardín en la portada. No necesitó mirar la solapa para saber que era ella.
Pidió un café y comenzó a leer intrigado. A medida que avanzaba confirmó lo que había intuido en los primeros párrafos. No podía creerlo… Estaba hablando de él, de ellos… Describía con extraordinaria nitidez la forma en que se conocieron. Eran otros nombres, pero no le cabía ninguna duda. Había escrito la historia que ambos habían vivido hacía ya cerca de diez años.
Siguió leyendo con el corazón en un puño. Allí estaba su primera noche juntos, la escapada a Grecia, la pelea de Nochevieja, cuando él se había pasado de copas y se había puesto a coquetear con aquella rubia… Y lo más importante: el amor que ella le había entregado a manos llenas y él no había sabido valorar.
Tenía la boca seca. Pidió un gintonic y continuó redescubriendo su pasado. Aquello era tan revelador… A pesar de que había protagonizado cada una de las escenas, ahora lo veía todo con otros ojos: los de ella. Y por primera vez era consciente de su actitud desconsiderada. Lo que más le conmovía era que no lo acusaba en ningún momento. Por el contrario, se refería a él con un profundo afecto. Justificaba sus faltas, exteriorizaba unos pensamientos que le ponían la piel de gallina.
Cuando anunciaron la inminente salida de su vuelo le molestó ser interrumpido. Se levantó, ansioso por entrar cuanto antes en el avión. La cola ante la puerta de embarque se le hizo interminable… Apenas ocupó su asiento retomó el libro. Tenía la respiración agitada, las manos le temblaban.
Poco antes de aterrizar llegó al final y no pudo evitar que una lágrima rebelde se escurriera por su mejilla. Algo se había removido en su interior. Era como se le hubieran puesto un espejo frente a la cara. Esa mujer lo había querido más de lo que imaginaba. Y lo más curioso era que en esos momentos, él la quería como no la había querido nunca.

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