martes, 10 de febrero de 2009

Oaxaca connection

Que hubo, mis cuates… Como lo prometido es deuda, aquí tenéis la crónica de mi mexican tour.
El comando ibérico, formado por el gato (mi hermano), la cordera (su novia) y una servidora había quedado en el centro histórico de la ciudad de México.
Desde la terraza del hotel Holliday Inn, que ofrece una espectacular vista del zócalo, brindaron por el inicio de su aventura.
Esa noche viajaron en autobús hasta Oaxaca (dígase Uajaca). Gracias a las pastis de la cordera durmieron de un tirón. Bendita farmacopea…
Esta ciudad, situada al sur del país, es básicamente indígena pero conserva una interesante huella colonial. El zócalo tiene un ambientazo impresionante. Está lleno de gente, puestos, música. Sus edificios históricos, pintados con colores vivos, encierran unos patios preciosos.
El plato típico son los chapulines, saltamontes fritos aderezados con chile y limón. Lo sé, suena repugnante y parece comida de tortugas, pero os juro por mi blog que los probé y no estaban nada malos.
La iglesia de Santo Domingo es de un barroquismo típicamente mexicano. Obviamente estaba prohibido hacer fotos con flash, pero obviamente las hice. Si hubiera estado cierta querida amiga mía que mora en estas arenas se habría salido a la calle abochornada…
Muy cerca de Oaxaca están las ruinas prehispánicas de Monte Albán, un recinto ceremonial con palacios, observatorio, campo de juego de pelota, enterramientos…
También el de Mitla, menos espectacular pero igualmente atractivo.
Después un día subiendo y bajando pirámides, el comando acabó con agujetas y quemado por el sol. Pero feliz de haber contemplado tales maravillas.
Continuará…

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