sábado, 7 de febrero de 2009

Perfumes

Como otras muchas mujeres, me confieso adicta a los perfumes. Me gusta oler bien, así que perfumarme es como ducharme o lavarme los dientes: un rito diario. De todos mis sentidos, el olfato es uno de los que tengo más desarrollados. Considero que el perfume es una carta de presentación importante de cara a los demás, un sello que de algún modo te define. Pero sobretodo, es algo que contribuye a hacerte sentir mejor. Ya sé que suena frívolo, pero a mí me sucede. A la hora de salir a la calle puedo prescindir del maquillaje o de lustrar los zapatos, pero no del perfume. Es cierto que al poco tiempo de llevarlo dejas de apreciar el aroma, pero aún así, ejerce cierto efecto psicológico.
Cuando hablo de perfume lo hago en el sentido amplio del término. Eso engloba colonias, agua de colonia, y toda la gama. No soy fiel a ninguno en particular, voy alternando según me apetece. Me gustan florales, frutales... de cualquier tipo con tal de que no sea empalagoso. Tampoco soy de gustos caros (entre otras cosas mi economía no está para dispendios...), lo máximo que he gastado en un bote de perfume son 45 o 50 Euros.
Su origen se remonta a la antigua Mesopotamia. Los Egipcios usaban perfume, asociado a prácticas religiosas. Los griegos y los romanos heredaron esta costumbre, empleándolo para su aseo personal. Hoy día los perfumes representan una industria del lujo. En los últimos tiempos el sector ha ido imponiéndose en el mercado con una fuerza asombrosa. Las campañas publicitarias, especialmente insistentes en fechas navideñas, utilizan caras guapísimas, a menudo conocidas, para promocionar este o aquel perfume. Lo cierto es que aunque poco original, es un regalo socorrido...
Es inevitable la referencia a la novela "El perfume", centrada en el "evanescente reino de los olores". Al margen de otras cuestiones, en ella Süskind describe el procedimiento para obtener el aceite esencial, la base de todo perfume que el perfumista mezcla como un alquimista de los aromas, bautizando su creación con nombres tan poéticos como "Rosa del sur", "Flor del bosque", o "Noches turcas". ¿No es un mundo fascinante?
Pero además de a los perfumes, soy aficionada todo tipo de cosméticos que huelan bien: cremas, geles de baño, bálsamos... Aunque no es mi intención hacer propaganda, además de a las perfumerías, soy asidua de tiendas como Yves Rocher y Bottega Verde. Al igual que Holly Golightly en "Desayuno con diamantes", cuando tenía un día rojo iba a Tiffany´s y eso conseguía animarla, si tengo un día chungo voy a uno de esos lugares y recupero el brillo en la mirada... ja, ja...
La variedad de productos y aromas es inmensa y se diversifica más cada día: fresa, vainilla, té verde, mango, lilas, manzana, cacao, rosa... Incluyendo mariconadillas del tipo: pan de miel y especias, almendras de california, o algodón dulce. Osea, que a veces dan más ganas de comerse la crema a cucharadas como un yogur, o beberse la colonia y pillarse un colocón como hacían los protagonistas de "El marido de la peluquera".
Pues eso, que adoro los perfumes y todo lo que me ayude a oler bien. Y también me encanta, cuando me acerco a alguien, percibir un efluvio de lavanda, limón, jazmín o cualquier otro aroma agradable. Eso me predispone a juzgar a esa persona favorablemente, aunque sea de forma inconsciente...

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