miércoles, 18 de febrero de 2009

Sobre bestsellers

Para Naná, con muchísimo cariño.
Tu post sobre los bestsellers me ha hecho pensar en muchas cosas… Algunas te las dije ayer, y otras requerían una respuesta más amplia. Yo lo provoqué sin pretenderlo al decirte algo que quizás no debí haber dicho… Contabas, con mucha gracia, que aunque no son lo tuyo recientemente has leído algunos que te han encantado. Y eso demuestra que eres capaz de apreciar un libro por sí mismo, aislándolo de toda la parafernalia.
Yo no estoy ni a favor ni en contra de ellos, ya sabes. Creo que el éxito de un libro no es incompatible con su calidad, pero tampoco la implica. En cualquier caso la cuestión es otra… Es si te identificas o no con los gustos de la mayoría. Mira, yo leo para disfrutar. Y leo lo que me apetece leer, al margen de la crítica, el tema o la imagen pública del libro. No te digo que no me influyan, pero desde luego si el libro no me tienta no consiguen animarme a leerlo. A veces tu opinión sobre un libro coincide con la opinión general, y eso es muy satisfactorio. Por lo pronto te permite hablar de él con mucha gente, que siempre se agradece. Es como comentar una película a la salida del cine… Si no lo haces sientes que te falta algo.
Otras veces tu opinión no coincide con la de los demás y te sientes como un bicho raro. Un error en el que caemos a veces, porque la opinión mayoritaria no tiene por qué ser la más acertada. Es más, no se puede valorar en esos términos porque hablamos de algo totalmente personal. Todas las opiniones son válidas, y la que realmente importa es la tuya. Lo que ese libro ha significado para ti…
Hay ocasiones en las que el tema se complica… Cuando lees un libro de los que la gente no suele leer y es difícil encontrar a alguien con quien comentarlo. Si encima resulta que te ha fascinado, la frustración es aún mayor. Pero si a ti ha logrado conmoverte, te ha enriquecido y queda en tu recuerdo como algo valioso, que te quiten lo bailao… O como decía Góngora, “Ande yo caliente, ríase la gente”. Además, tienes el privilegio de disfrutar de libros que la mayoría se pierde. Leer lo que te apetece, con tus propios criterios, no es una neura. Es tener personalidad.
Tengo mis preferencias literarias bien definidas desde hace años. Me gustan los autores contemporáneos, y soy fiel a muchos de ellos. Me guío más que nada por lo que me inspira curiosidad, y solo sigo las recomendaciones que me interesan. No es por falta de confianza, sino porque sabemos que lo que a unos les parece maravilloso, para otros puede ser insufrible. Quiero decir, que para que yo me anime a leer un libro que no es de “mi estilo” tiene que ser porque me atraiga al verlo o alguna persona haya conseguido que me atraiga. Si esa persona no recomienda libros, sino que se limita a expresar lo que significan para ella, el mérito es aún mayor. Porque para contagiar esa pasión hay que sentirla. Y por supuesto, saber trasmitirla aunque no sea ese el propósito.
Yo apenas había leído clásicos hasta que te escuché hablar de ellos y me tentaste… En los últimos meses he leído a “muertitos” célebres como Víctor Hugo, Stendhal, Virginia Woolf, Zola, Henry James, el Abate Prevost… y tengo bastantes títulos anotados que ya irán cayendo. Este tipo de literatura tiene un ritmo diferente al que aún me cuesta un poco acostumbrarme, pero he aprendido a disfrutarla. Y te lo agradezco mucho, pero mucho. Además de descubrirme libros geniales me has hecho ver que yo también soy capaz de dejar a un lado los prejuicios y ampliar el abanico. Creo que aún no soy del todo consciente del favor que me has hecho. Te lo digo de verdad...

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