sábado, 7 de febrero de 2009

Triunfadores

Un triunfador es un hombre que destaca en su profesión y que ha conseguido unos ingresos muy por encima de la media. Los demás aspectos de su vida privada no añaden ni quitan nada a su estatus de triunfador.
En cambio, una triunfadora no es una mujer que sólo ha tenido éxito en su trabajo y en su economía. La sociedad le exige además que su vida sentimental o conyugal sea totalmente impecable y reposada.
Los periódicos y las revistas están llenos de entrevistas y reportajes que atestiguan esta desigualdad manifiesta. Las triunfadoras, ya sean empresarias, agentes de bolsa, jueces o mujeres de negocios, son presentadas a los ojos de los lectores como triunfadoras porque además de ser ricas y respetadas en sus trabajos o actividades son excelentes madres de niños sanos e inteligentes, grandes organizadoras de un hogar confortable y estable y compañeras de un hombre realizado y amantísimo.
Una mujer que se ha dedicado sólo a su actividad profesional, simplemente porque le gusta y se lo pide el cuerpo, ha descuidado sus relaciones con uno o varios hombres y es incapaz de ocuparse de sus hijos porque no tiene tiempo o no le apetece, no es ser presentable a la sociedad. Es una mujer sospechosa de ambición, desmedida, maniobrera, fría y calculadora. O si no, imagínense cuan chocante podría ser una señora dueña de una multinacional de la galleta, por ejemplo, que contestara cosas como estas en una entrevista:
- No, no he tenido hijos porque no me gustan los niños.
- Me casé una vez y luego me separé y lo recuerdo como una experiencia detestable. No lo volveré a hacer en la vida.
- Tengo muchos amantes, porque a los hombres les gustan las mujeres como yo y con influencias. Cuando me canso de uno, lo dejo y me echo otro. Es más cómodo y sale más barato que el matrimonio.
- A veces me siento sola pero se me pasa enseguida viendo la tele y comiendo una caja de bombones suizos.
- Trabajo muchas horas al día porque tengo que bregar con muchos hombres que son unos liantes y pierdo mucho tiempo desmontando sus intrigas y sus argucias aunque mi negocio no es muy difícil.
- Cuando termino de trabajar me voy a casa a pensar maneras para evitar caer en todas las trampas que intentan ponerme mis empleados y colegas masculinos.
- A veces, después de la oficina me voy a un bar, a ver si ligo algún tío macizo y simpático.
- Hay, para ser sincera, épocas en las que me gustaría ser como todo el mundo –de tonta- y tener una familia. Pero enseguida llega Navidad y se me pasa la nostalgia totalmente. Ni mis hormonas ni mis neuronas podrían soportar una cena de Navidad impertinente.
- He descubierto trabajando con hombres que es incierto totalmente y mienten como bellacos cuando dicen que “les gustaría estar más tiempo con su familia”. No sólo no les gustaría sino que para ello precisamente tienen a una mujer que se ocupa de la familia, para poder dedicarse con tranquilidad a su trabajo. La mayoría trabajan, para no tener que estar con la familia.
- El machismo le está ganando terreno al feminismo. Las mujeres han aceptado sin rechistar la obligación doble de seguir sustentando la casa, la familia y la tranquilidad de sus maridos y realizar además un trabajo. Esa es la gran victoria del machismo del siglo XX. Ellos dijeron: si queréis trabajar, realizaron y ganar dinero, estupendo. Pero que todo ello no signifique que abandonáis a los hijos, dejáis la casa sin arreglar y a nosotros sin mimar. Y las mujeres, a tragar.
La manipulación de la mujer por el hombre se apoya en el consentimiento de legiones de mujeres.
Y el cebo que les pusieron es “conseguir la felicidad”.
Y yo digo: ¿quién quiere ser feliz? Yo no quiero ser feliz, yo quiero sufrir mucho y pasarlo muy mal.
Una entrevista con una señora así sería totalmente impublicable. Ni siquiera la buena señora merecería una entrevista. No sería una triunfadora.
"Triunfadores y triunfadoras". La neurona iconoclasta. CARMEN RICO-GODOY
El texto es un pelín radical, pero estoy de acuerdo en muchas de las ideas que expone. Fue publicado en el año 2000, cuando la incorporación de la mujer al mercado laboral estaba más reciente. Ahora, afortunadamente, las convenciones sociales son menos rígidas a ese respecto. También el concepto sobre las relaciones sentimentales y el supuesto deber moral de formar una familia han evolucionado bastante. No pretendo enarbolar la bandera feminista ni mucho menos incitar la guerra de sexos, sino invitar a una reflexión.
Nunca me ha gustado calificar a las personas con los términos “triunfador” y “fracasado”, una costumbre horrenda que hemos heredado yankilandia y cada vez está más extendida. Me parece una valoración simplista e injusta. Las personas somos mucho más que un sueldo, una posición social o un hogar de catálogo, con el yate, el todoterreno, y niños como querubines retozando por el jardín. Para mí un triunfador lo es por su valía personal, independientemente de todo lo demás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario