sábado, 14 de febrero de 2009

Un ángel llamado Violette

Para Violette, deseándole un feliz cumpleaños con todo el cariño que me inspira.
Las cosas no podían haberle salido peor… El chico caminaba a toda velocidad para entrar en calor, rumiando su angustia. Resonó un trueno, y en cuestión de segundos empezó a gotear. Una melodía llegó a sus oídos y lo hizo detener sus pasos. Eran notas de jazz, provenientes de algún local cercano… Miró a su alrededor hasta que lo encontró: “Club de Jazz Violette”. Como atraído por un imán, se adentró en su cálido interior.
Enseguida sus ojos se acostumbraron a la penumbra. En el escenario, un grupo tocaba llenando la sala de magia. Eligió un lugar apartado pero con buena visibilidad y pidió un whisky con hielo. El primer trago calentó su espíritu. Ese ambiente lo reconfortaba, era como estar en el cielo. Deseó tener a alguien con quien hablar, era lo que más necesitaba en esos momentos.
Como si hubiera escuchado su súplica, una chica que parecía salida de una película de cine negro se acercó a su mesa. Su porte elegante y aire sereno resultaban tan seductores como su belleza. El chico no podía creer que aquello fuera real, no después del día que llevaba.
- ¿Puedo sentarme? –preguntó la aparición.
- Por favor…
- Mi nombre es Violette Lefleur –se presentó, con expresión dulce-. He sentido como si me llamaras…
- Así es, aún sin saberlo. Me encanta tu club…
- Eres bienvenido.
Empezaron a hablar con total naturalidad. Las notas de jazz invitaban a las confidencias… Ella parecía leerle el pensamiento, así que no le costó contarle lo que lo tenía afligido. El peso que tenía sobre los hombros pareció ir evaporándose. Era tan agradable sentir que alguien lo comprendía… La conversación fue derivando hacia otros temas. Cuando le dijo que era arqueólogo, su amable anfitriona se reveló como una experta en la materia. Poco después descubrió que también escribía. Y algo le decía que alguien con su sensibilidad y agudeza debía ser una escritora excepcional. Para colmo, estaba aprendiendo italiano igual que él. Aquello eran demasiadas casualidades…
Cuando ella dijo que debía marcharse, él volvió a tener la sospecha de que no pertenecía a este mundo.
- ¿Te veré mañana? –preguntó esperanzado.
- Nunca se sabe… -dijo, alejándose con una sonrisa misteriosa.

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