domingo, 8 de febrero de 2009

Un icono llamado Frida

"Pies para qué os quiero, si tengo alas para volar”
FRIDA KAHLO
Para Aura, que también tiene alas para volar.
En México Frida tiene muchos adoradores y algunos detractores. Como todos los genios, no deja indiferente a nadie. Es un símbolo nacional por derecho propio.
Fue una mujer atormentada, pero con una extraordinaria capacidad de superación. De niña padeció una poliomielitis que le dejó una pierna más corta que la otra. Siendo una adolescente, sufrió un accidente de autobús que le provocó gravísimas lesiones. En una carta que le escribió a su novio de entonces le decía: “La única ventaja que tiene esta cochinada es que puedo andar, pero como andando me duele tanto la pierna, la ventaja sale contraproducente. Además no voy a salir a la calle en esa figura, pues con toda seguridad me llevan al manicomio”.
Postrada en la cama, empezó a pintar para liberar su impotencia. En sus pinturas plasmó su rico mundo interior y los momentos más significativos de su vida. Son ingenuas, imaginativas, metafóricas... y revelan una profunda sensibilidad: "No sé si mis pinturas son o no son surrealistas, pero sí sé que son la más franca expresión de mí misma".
Sus autorretratos reflejaban su sufrimiento: "Me pinto porque llevo mucho tiempo solita y soy el motivo que mejor conozco".
En un momento en que México se había convertido en la capital del arte, Frida conoció al muralista Diego Rivera. Su matrimonio no fue un camino de rosas. Él era un mujeriego empedernido, sin embargo ella lo idolatraba.
Fue una mujer apasionada, profundamente comprometida con su país y la política de su tiempo. Las culturas prehispánicas y el arte popular mexicano fueron dos de sus principales fuentes de inspiración. Según Diego Rivera, "fue la primera mujer en la historia del arte que trató con absoluta honestidad y sin compromisos, se podría decir incluso con una crueldad impasible, los problemas generales y específicos que afectan a las mujeres". Ambos militaron en el partido comunista y dieron asilo político a exiliados como Trotsky.
Frida fue operada infinidad de veces, hasta tuvieron que amputarle una pierna. En la última etapa de su vida padecía atroces dolores: “La tristeza se retrata en todita mi pintura, pero así es mi condición. Ya no tengo compostura”.
Debido a la enfermedad que había sufrido en su infancia, no pudo tener hijos. Esa fue una de sus mayores frustraciones: "Tenía yo tanta ilusión de tener un Dieguito chiquito que lloré mucho, pero ya que pasó no hay más remedio que aguantarme”.
En la Casa Azul de Coyoacán (Ciudad de México), donde nació y murió, se encuentra su museo.
La última frase de su diario, escrita poco antes de morir, decía: "Espero alegre la salida y espero no volver jamás". En 2007 habría cumplido un siglo.
¡SI FRIDA VIVIERA CON NOSOTROS ANDUVIERA!

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