domingo, 8 de febrero de 2009

Un paseo por México

Lo prometido es deuda, aquí me tenéis de nuevo. Pero no cumplir mi palabra, ¡sino porque os echaba terriblemente de menos! Los primeros días han sido bastante ajetreados, sé que me entendéis.
No voy a hablaros del indignante control de los aeropuertos ni de los infernales papeleos, porque lo que menos pretendo es rayaros. Ya estoy en Zamora, e incorporada al centro de investigación en el que realizaré mi estancia (que es precioso). La oportunidad de vivir esta experiencia y conocer este fascinante país me tiene en nirvana.
El domingo hacía una mañana veraniega en México D.F., una ciudad de veintitantos millones de habitantes. Acompañada por unos amigos tuve la oportunidad de pasear el centro histórico y entrar en contacto con la realidad mexicana. La gente es excepcionalmente amable y hospitalaria. Te dicen cosas como “que tenga un bonito día” o “¿no la molesto si le pido una firma?”, algo impensable en España.
Mi recorrido comenzó por La Alameda, un precioso parque por el que paseaban las clases nobles en tiempos del virreinato. Junto a ella está el Palacio de Bellas Artes, un edificio neoclásico muy interesante.
Visité Sanborns, la mítica casa de los azulejos, con un patio interior porticado que es una belleza. Estaba de bote en bote y la gente hacía cola estoicamente para conseguir una mesa.
Aquí el tiempo es otro concepto… Por lo visto es costumbre que los domingos las familias desayunen juntas en la calle. Esos ágapes duran desde las doce de la mañana hasta las dos de la tarde aproximadamente. Incluso la gente más humilde sale a gastarse su paga semanal el fin de semana. Por ello, la calle es un hervidero de gente feliz, puestos ambulantes y tiendas abiertas.
En la plaza del Zócalo pueden verse limpiabotas, curanderos, tenderetes de zumo… Está presidida por una gran bandera, pues los mexicanos son patriotas a muerte.
En ella se alza Catedral, el principal foco del cristianismo después del Santuario de Guadalupe. Del techo pende una plomada que mide los milímetros que se hunde cada año. Ya va por dos metros con respecto a su nivel original.
En la fachada del Palacio Nacional hay una campana que tocan únicamente el Día de la Independencia, una de las fiestas grandes nacionales.
En su interior pueden verse los frescos de Diego Rivera, que narran la historia de México desde tiempos prehispánicos hasta la Independencia. Los mexicanos acuden a verlo como los musulmanes a la Meca.
Otro espectáculo son las ruinas del templo mayor, el centro espiritual azteca. Cuando ves cosas como esa entiendes que los mexicanos puedan tener un sentimiento amor-odio hacia nosotros.
En el techo del Café de la Ópera, con estética de principios de siglo pasado, puede verse el disparo de Pancho Villa.
Otro lugar digno de visitar es el Museo de Artes Populares, lleno de artesanías típicas de todos los estados mexicanos. Hay cerámicas, tejidos, cometas (que ellos llaman papalotes), esculturas… todo con un colorido impresionante.
La presencia de la Virgen de Guadalupe, Frida Khalo y la Catrina (un esqueleto muy fashion) son constantes. Antes que católicos (que lo son…), los mexicanos son guadalupanos. Frida es el segundo icono más difundido, y las figuras de esqueletos que conmemoran el día de difuntos están por todas partes. No tienen una visión trágica de la muerte, sino todo lo contrario.
El barrio de Polanco es como el barrio de Salamanca en Madrid. La zona pija. Es seguro, lleno de árboles, y está habitado sobretodo por europeos. En él se encuentran las mejores tiendas, y una urbanización al estilo Puerto Banús llamada Polanquito.
D.F. está lleno de fabulosos museos que aún no me ha dado tiempo a ver (el antropológico, el nacional, el Franz Mayer, la Casa Azul de Frida, la Pinacoteca Virreinal…). Y tiene barrios coloniales como Coyoacán y San Ángel dignos de verse. Además, a una hora de distancia, se localiza el complejo arqueológico de Teotihuacan. Todo se andará.
México es barato en relación a España, sobretodo en provincias. Sólo lo que se considera un lujo cuesta lo mismo. Aquí los días empiezan temprano, sin embargo la gente no sale de noche tal. Hay aspectos diferentes a los que debo acostumbrarme, pero no me siento extranjera en este país. Nos unen muchas cosas, y la gente es tan cálida…
Esto es todo de momento, os seguiré contando. Qué alegría me da reencontrarme con vosotros…
¡Muchos besos desde México lindo! Mi primer tequila, a vuestra salud.

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