domingo, 8 de febrero de 2009

Verdades y mentiras

El estupendo post de Airu sobre que la vida es una gama de grises me hizo reflexionar sobre lo relativo de las cosas. Los conceptos de verdad y mentira no están exentos de esa cualidad. Verdades a medias, verdades alteradas, verdades subjetivas… Mentiras piadosas, mentiras justificadas, mentirijillas… En fin, la gama es amplia. La verdad y la mentira pueden tener muchos puntos intermedios.
¿Cuántas veces nos ha parecido que era mejor ocultar algo para evitar un mal mayor? ¿Es eso mentir? Hay verdades que duelen. ¿Hasta qué punto es lícito dulcificarlas? ¿Es la exageración una mentira? ¿Dónde está el límite?
Hace años leí una novela que me hizo incondicional de su autora, Marta Rivera de la Cruz: “El inventor de historias”. Su protagonista, Linus Daff, es un humilde inglés con un increíble talento para la invención, que acaba convirtiéndose en un profesional de la mentira al servicio de los demás. Su prestigio va a aumentando, llevando a diversos personajes a contratarlo para reconstruir pasados y salvarlos de situaciones incómodas. La capacidad fabuladora del personaje (como la de su autora) no tiene límites, y nos hace viajar por escenarios tan sugerentes como el Londres victoriano, la Habana colonial, la Lisboa de principios del siglo XX, el Nueva York que asiste al hundimiento del Titanic, o la Costa da Morte gallega. Es un personaje fascinante, que consigue hacer de la mentira un arte y vivir de él. Es inteligente, con gran psicología, disciplina y capacidad de improvisación. Es la imaginación en persona. Además de ser divertidísima y un portento narrativo, la novela plantea el tema de la mentira desde un punto de vista muy interesante.
Yo no soy partidaria de mentir en términos generales. Es más, no se hacerlo. Soy la peor actriz del mundo, y me delato enseguida. Detesto a los mentirosos. Me parece que el engaño es una falta de respeto absoluta. Me educaron en la creencia de que la verdad solo tiene un camino, y la mentira las patas muy cortas. Me identifico cuando escucho a Joaquín Sabina (o a Chabela Vargas) en “Noches de boda” diciendo: “que las mentiras parezcan mentiras”, porque esa también es mi filosofía.
Creo realmente que la verdad te hace libre. Que uno es dueño de sus verdades y esclavo de sus mentiras. Pero también creo que hay que tener la lucidez suficiente para saber cuando es oportuno ahorrarse una verdad. Ser conscientes de cuando mentimos y de por qué lo hacemos. Hay situaciones que nos ponen a prueba y pueden convertirse en un auténtico dilema moral. Algunas veces una verdad puede ser más cruel que una mentira. El tema da para mucho, ¿no os parece?

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