viernes, 27 de marzo de 2009

El encuentro

Había llegado el día. Después de casi tres meses de comunicación ciberespacial, por fin nos íbamos a encontrar cara a cara. Y tenía más miedo que curiosidad. Desde el principio habíamos decidido que nada de nombres, nada de fotos, nada de datos personales. Eso había mantenido nuestra relación en un plano abstracto que lo había hecho todo mucho más fácil. Solo ahora era consciente de los riesgos que implicaba.
Me tomé una copa de coñac antes de salir de casa para darme valor. Mientras caminaba hacia la cafetería donde habíamos quedado, me venían a la mente mil ideas, todas descorazonadoras. ¿Y si era un psicópata? No sabía nada de él… ¿Por qué después de respetar rigurosamente nuestro acuerdo, había querido que nos viéramos? ¿Y por qué había accedido yo a tal despropósito? A partir de ahora nada sería igual… Aún estaba a tiempo de arrepentirme –me dije, justo antes de doblar la esquina-. Si me provocaba rechazo no sería capaz de disimularlo, y eso lo arruinaría todo. Sin embargo me parecía imposible que un tío tan cautivador pudiera provocarme rechazo…
Yo siempre había renegado de ese mundo paralelo. Nunca había creído que fuera posible enamorarse de alguien sin rostro, sin voz, sin pasado… alguien que era una pura incógnita. A lo mejor lo que me atraía de él era justamente eso... Quizás esa distancia que daba el anonimato había acrecentado nuestra dependencia mutua, contribuyendo a idealizarnos sin apenas conocernos.
Entré en la cafetería con el corazón a mil por hora. La suerte estaba echada… Me detuve en seco. No podía creerlo… Allí, sentado junto a la ventana, estaba Lorenzo. El mayor cretino que había pasado nunca por mi vida. Vamos, que si buscabas “cabrón” en el diccionario aparecía su foto… Traté de darme la media vuelta sin llamar su atención. Demasiado tarde, porque sus ojos se clavaron en los míos antes de que pudiera evitarlo. Su expresión me llenó de pavor. Supe, sin asomo de duda, que mi amor cibernético era también mi peor pesadilla.

Lo real

“Entonces… ¿qué? ¿qué es lo real? Ah, he ahí la dificultad. Hay millones de modos de vivir y todo es vida. Pero… ¿qué es lo real en la vida? ¿Qué le hace sentirse bien a uno, qué hace realmente grata la vida?"D. H. LAWRENCE. Haciendo el amor con música.
Supongo que cada cual debe encontrar su propia respuesta a esta pregunta, y más le vale encontrarla… Sean las que sean las cosas nos hacen la vida agradable, es bueno saber que existen y nos compensan de alguna forma los momentos duros. La sociedad ensalza una serie de metas con las que no todos tenemos por qué identificarnos. Creo que la clave está buscar algo que nos llene a nivel individual, al margen de lo que opine el resto. Hace tiempo que aprendí que no todo el mundo alcanza la felicidad por las mismas vías...
La realidad es compleja, mutable, susceptible de diferentes interpretaciones. Partiendo de la base de que el concepto “real” es relativo y se refiere a algo que va más allá de lo comúnmente aceptado, lo que es “real” para uno puede no serlo para otro, porque al fin y al cabo asimilamos lo que nos rodea bajo nuestra propia perspectiva. Yo considero “real” lo que tiene un sentido para mí, aunque a otra persona pueda parecerle absurdo. No es más que un mecanismo de supervivencia.
Los estímulos para vivir, además de imprescindibles, son puramente subjetivos e incluso van evolucionando con el paso del tiempo. Para algunos el simple hecho de sentirse vivos es suficiente. A otros los mantiene el peso de la inercia o la curiosidad ante el futuro. Pero sin ilusiones, a mí personalmente me costaría encontrar una motivación que me ayudara a sentirme medianamente satisfecha… A pesar de las decepciones que van formando un callo en el alma, volviéndonos cada día un poquito más negativos y desconfiados, siempre queda ese espacio para soñar. Esos momentos felices que nos hacen ver el mundo de otro color aunque solo sea por unos minutos. Esas pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena…

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Primavera

Ya ha empezado la primavera más allá de los confines del Corte Inglés, y se siente algo distinto en el ambiente. Es como una brisa fresca que viene a renovarlo todo. El sol calienta más, los días se alargan, y el olor a flores inunda cada rincón. Me apetece plantarme las sandalias, disfrutar del aire libre, bajar algún día a la playa, ir de terracitas, constatar que el mar está lleno de peces…
Hay una serie de acontecimientos ligados a la primavera que me encantan. Uno es la celebración familiar de San José, en la que también celebro mi santo. Es una tradición anual, como la de mis tías, preguntándome el día anterior: “¿Qué libro quieres?”. Para mí tiene un valor simbólico porque marca el inicio de la temporada.
Otro es la Semana Santa, que en Granada es preciosa. Yo, que carezco de fe rociera, no me pierdo algunas procesiones como las del Jueves Santo en el Albaycín. Ver circular esos tronos por laberínticas callejuelas al son de la banda y con la Alhambra de fondo le pone el pelo de punta al guiri más agnóstico. El año pasado estaba muy lejos de aquí, así que la pillaré con muchas ganas. Además la voy a compartir con dos invitadas excepcionales, y eso me hace una ilusión especial.
A partir de esta época el tiempo es más agradable para viajar, así que empiezo a moverme. Una de las visitas más deseadas es a Medina Sidonia (Cádiz), un pueblo al que como algunos sabéis quiero mucho. Las primeras escapadas del año suelen ser fines de semana primaverales, a ser posible el puente de Mayo, coincidiendo con la feria del caballo de Jerez.
Ya he tenido la suerte de empezar a disfrutar de estos lujos que tanto anhelaba. Nanilla, vivir las fallas de tu mano ha sido mucho mejor de lo que puedo expresar… El ambientazo callejero, el colorido, el castillo, las mascletás y la cremá me han fascinado. Por si fuera poco, he tenido dos encuentros maravillosos que ojalá no hubieran sido tan breves. Raquelilla, Jhay: no se puede ser más adorable de lo que sois vosotras. Creo que con un inicio así, esta primavera promete mucho. Y pretendo saborear todos sus encantos…

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Un viajero inglés

“Durante el verano me quedaba con frecuencia leyendo hasta el amanecer y entonces iba a ver la salida del sol y oír los pájaros cantar en los chopos antes de ir a la cama”.
Hace ya muchos años, cuando yo solo leía por imposición, mi madre me sugirió que leyera a Gerald Brenan. Por desgracia, yo estaba en esa edad tonta en la que basta que tu madre te diga que hagas algo para que no lo hagas. Así que no le hice caso hasta bastante tiempo después. Me gusta la literatura autobiográfica, y las vivencias de ese inglés que había escapado de la represora sociedad victoriana para afincarse en las Alpujarras me engancharon de inmediato.
Luchó en la Primera Guerra Mundial y que estuvo relacionado con el círculo de Bloomsbury. Entre sus amigos se contaban Lytton Strachey (el biógrafo de la reina Victoria), la pintora Dora Carrington y Virginia Woolf, algunos de los cuales lo visitaron en Yegen (Granada). Consta que mantuvo cierto contacto con Falla y con Lorca, y que se interesó especialmente por la historia de España. Su obra “El laberinto español” sobre la Guerra Civil demuestra que se integró perfectamente en la idiosincrasia española. Que no era un turista de paso… Me gusta la definición de viajero que da Paul Bowles en “El cielo protector”: la diferencia entre el turista y el viajero es que el primero tiene fecha de regreso, mientras que el segundo no.
Dicen los que le conocieron que “Don Geraldo” se aprovechó de la ignorancia y la necesidad de esa gente sencilla todo lo que pudo. Y no tengo argumentos para desmentirlo… Pero a mí un tipo capaz de abandonar una vida acomodada para vivir en un pueblucho recóndito del sur de España con objeto de dedicarse a leer y escribir, me parece digno de admiración. Al fin y al cabo no es más que un hombre con el valor de perseguir sus sueños y la capacidad necesaria para llevarlos a cabo.

jueves, 12 de marzo de 2009

Amistades

Tengo tantas cosas en la cabeza que no sé como expresarlas… Estoy en uno de esos momentos de transición en los que las ideas bullen en mi mente y el corazón me late más deprisa de lo normal. Mis referencias cambian y debo reorganizar mi entorno tomando las decisiones adecuadas. Los recuerdos, dudas, ilusiones… se agolpan y me tienen en un estado de ligera ansiedad.
Una de las cosas que más valoro en situaciones como esta son las amistades. Su compañía y su comprensión hacen todo mucho más fácil… La familia es básica, pero su apoyo se da por hecho (al menos en mi caso). El de los amigos en cambio no deja de sorprenderme y conmoverme. En cierto modo creo que sí se eligen (siempre mutuamente), pero además de una conexión especial es necesario el interés de ambas partes por mantener esa relación. La experiencia me ha demostrado que el motor que las hace funcionar es el cariño. Cuando falta, se extinguen. Y cuando existe, el vínculo cada vez es más estrecho.
Hay amistades que sabes que están ahí aunque no se dejen notar demasiado. También están las que te acaban defraudando. Para bien o para mal, el tiempo revela su verdadera naturaleza. Algunas cumplen lo que prometían e incluso superan tus expectativas.
Mirar a los ojos a una persona a quien ya sentías como amiga y confirmar tu intuición es maravilloso. Como lo es reencontrarse con alguien a quien quieres y que sabes que te quiere. Compartir tiempo, risas, confidencias… te hace apreciar lo importante que es para ti. Un rato de charla con un café o una copa puede ser tan especial, que podrías prolongarlo durante horas y te seguiría sabiendo a poco. Una mirada, una sonrisa o un gesto cariñoso bastan para trasmitir ese sentimiento que conoces pero que no puedes expresar ni constatar tanto como te gustaría. Te das cuenta de que el tratarse a distancia no hace menos auténtica esa amistad. Que se puede estar muy cerca de alguien a miles de kilómetros. Que la empatía está por encima de todo eso y crea dependencias afectivas. Y que esas son las amistades que merece la pena conservar. Solo el saber que las tienes hacen que la vida te parezca mucho más bonita.

Adiós, México

Pues sí, se acabó lo que se daba. Un año de ilusiones cumplidas, de nuevas experiencias. Un país maravilloso, una cultura tan parecida y a la vez tan distinta a la nuestra, una oportunidad única. Pena por lo que dejo, alegría por lo que recupero. Emoción, expectativas, nostalgia. Ilusión de volver a mi tierra, recuerdos inolvidables. Imposible condensarlo en unos cuantos párrafos? Un rancho que tenía su encanto. Sol, alegría, flores, tranquilidad. Un trabajo que me ha encantado, un lugar precioso, un ambiente inmejorable. Compañeros que se han convertido en amigos. Confianza, risas, afecto. Tequila, rancheras, partidas de billar, karaoke? Un espacio propio en el que he sido feliz. Independencia, libertad, tiempo a solas. Dos visitas terapeúticas. Dos viajes que he disfrutado al máximo. Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Taxco, Morelia, Guanajuato, San Miguel de Allende, Querétaro? Paisajes, museos, ruinas, tradiciones? Visitas a Guadalajara. Una familia mexicana. Divas, ateneo, una amistad de las que no se olvidan. Aura, sin tu cariño y generosidad mi estancia no habría sido ni la mitad de buena. Y mira que ha sido buena? Una escapada navideña que me cargó la pilas increíblemente. La extraordinaria amabilidad de un pueblo. Conocidos que me saludaban a diario por la calle: ?Ay, güerita, que ya no te voy a ver más...?, me dijo uno de ellos el otro día. Un blog que ha roto todas las distancias. Amigos que han estado conmigo en todo momento. Escuchándome, apoyándome, acompañándome. No saben lo importante que ha sido para mí compartir esta aventura con ellos. Una etapa que termina, otra que comienza. Un lugar que formará parte de mí para siempre y al que espero volver. Al que sé que volveré...

Licencia sentimental

Quiero grabarlo todo en mis retinas? Impregnarme de cada imagen y almacenar cada recuerdo. Como cuando viajas e intentas retener los paisajes, los aromas, las sensaciones? porque eres consciente de que estás viviendo una experiencia única y nada te garantiza que vayas a volver a esos lugares. Haces fotos, escribes un diario, lo cuentas a la vuelta? pero sabes que hay una parte que depende únicamente de tu memoria. Y la memoria es frágil. Creo que cuando te queda poco tiempo en un sitio en el que has sido feliz es inevitable esa ansiedad por llenarte de él. Aunque estés segura de que ya forma parte de ti y no podrías olvidarlo ni queriendo, lo miras con otros ojos. Con avidez, con emoción. Despidiéndote? Tratas de valorar lo que quizás no has valorado antes, de absorber la belleza que sin duda ofrece. Te planteas si lo has disfrutado al máximo, porque tal vez dentro de un tiempo te lo eches en cara. Temes olvidarte de personas que hay sido importantes para ti, que la distancia vaya aflojando los lazos. Te da vértigo romper con algo que te ha aportado tantas cosas positivas. Por eso necesitas atesorar ese cúmulo de vivencias y afianzar los vínculos sentimentales que se han creado. Que no has podido evitar que se creen, aún a sabiendas de que te pasarán factura? P.d.: Estoy perfectamente. Solo es que hay momentos (pocos) en los que me permito la sensiblería y me apetece compartirla.