viernes, 27 de marzo de 2009

Un viajero inglés

“Durante el verano me quedaba con frecuencia leyendo hasta el amanecer y entonces iba a ver la salida del sol y oír los pájaros cantar en los chopos antes de ir a la cama”.
Hace ya muchos años, cuando yo solo leía por imposición, mi madre me sugirió que leyera a Gerald Brenan. Por desgracia, yo estaba en esa edad tonta en la que basta que tu madre te diga que hagas algo para que no lo hagas. Así que no le hice caso hasta bastante tiempo después. Me gusta la literatura autobiográfica, y las vivencias de ese inglés que había escapado de la represora sociedad victoriana para afincarse en las Alpujarras me engancharon de inmediato.
Luchó en la Primera Guerra Mundial y que estuvo relacionado con el círculo de Bloomsbury. Entre sus amigos se contaban Lytton Strachey (el biógrafo de la reina Victoria), la pintora Dora Carrington y Virginia Woolf, algunos de los cuales lo visitaron en Yegen (Granada). Consta que mantuvo cierto contacto con Falla y con Lorca, y que se interesó especialmente por la historia de España. Su obra “El laberinto español” sobre la Guerra Civil demuestra que se integró perfectamente en la idiosincrasia española. Que no era un turista de paso… Me gusta la definición de viajero que da Paul Bowles en “El cielo protector”: la diferencia entre el turista y el viajero es que el primero tiene fecha de regreso, mientras que el segundo no.
Dicen los que le conocieron que “Don Geraldo” se aprovechó de la ignorancia y la necesidad de esa gente sencilla todo lo que pudo. Y no tengo argumentos para desmentirlo… Pero a mí un tipo capaz de abandonar una vida acomodada para vivir en un pueblucho recóndito del sur de España con objeto de dedicarse a leer y escribir, me parece digno de admiración. Al fin y al cabo no es más que un hombre con el valor de perseguir sus sueños y la capacidad necesaria para llevarlos a cabo.

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