jueves, 16 de abril de 2009

Por amor al arte

Nunca me he planteado demasiado el sentido de escribir. Cuando disfruto de algo, que además hago porque no puedo evitarlo, creo que no es necesaria ninguna otra justificación. Para mí es una aficción (y adicción) sin la cual ya no entiendería mi vida, pero eso no impide que intente hacerlo mínimamente bien y aprender con la experiencia. Aunque no escribo pensando en la difusión que pueda tener, pues eso me cohartaría mucha libertad, sería absurdo negar que mi ego daría botes de alegría si la tuviera. No hablo del aspecto económico, sino del reconocimiento que implicaría. Y eso que sufro de pánico escénico…
Pero seamos realistas... por más que se diga que si algo te gusta conseguirás hacerlo bien, creo que en este oficio la cosa no es tan sencilla. No existen fórmulas mágicas… Es un mundillo cruel. El que triunfa no es necesariamente el mejor, los criterios son demasiado aleatorios. Además, es imprescindible cierta capacidad. La cuestión es: ¿Se puede alcanzar siguiendo las pautas adecuadas? Siempre he pensado que para escribir, como para cualquier otra disciplina relacionada con la creatividad, hacen falta unas condiciones básicas, y de donde no hay no se puede sacar... pero la práctica y la voluntad ayudan a mejorar.

Hace bastantes años que admiro el talento y el ingenio de Roald Dahl. Por eso vuelvo de vez en cuando a sus textos. En su relato “Racha de suerte. Como me hice escritor” (Historias extraordinarias), expone las cualidades que según él debe tener todo escritor de ficción:

1. Debe tener una imaginación viva.
2. Debe ser capaz de escribir bien. Con eso quiero decir que debe ser capaz de hacer que una escena cobre vida en la mente del lector. No todo el mundo posee esa habilidad. Es un don que sencillamente se tiene o no se tiene.
3. Debe tener resistencia. Dicho de otro modo, debe ser capaz de seguir con lo que hace sin darse jamás por vendido, hora tras hora, día tras día, semana tras semana y mes tras mes.
4. Tiene que ser un perfeccionista. Eso quiere decir que nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito hasta que lo haya reescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible.
5. Debe poseer una gran autodisciplina. Trabaja usted a solas. Nadie le tiene empleado. Nadie le pondrá de patitas en la calle si no acude al trabajo y nadie le reñirá si hace usted el vago.
6. Es una gran ayuda tener mucho sentido del humor. Esto no es esencial cuando se escribe para adultos, pero es de vital importancia cuando se escribe para niños.
7. Debe tener cierto grado de humildad. El escritor que piense que su obra es maravillosa, lo pasará mal.

Estoy de acuerdo con prácticamente todos los requisitos, pero debo reconocer que no cumplo la mayoría. Creo que son importantes si te tomas en serio la escritura, que no es mi caso. También que unos pueden suplir a otros. De hecho, bastaría con los dos primeros y el último. Para mí lo que distingue a un buen escritor es la virtud de trasmitir. Y el que sabe contar y crea historias imaginativas la suele tener. La humildad o la ausencia de ella se percibe en cada página, y no hay nada que me predisponga más en contra que un texto pretencioso…

Cuando te gusta lo que haces ese sentimiento queda patente en el resultado. Y que cuando ese es el motor que te impulsa, lo demás es secundario. Escribir sin expectativas de publicar es un placer. Aunque a nadie le amarga un dulce si lo tiene a su alcance, ¿no? Sinceramente, cuando os leo a muchos de vosotros pienso que lo único que os falta para dar ese paso (algo que algunos ya habéis logrado) es el deseo de hacerlo…

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