viernes, 29 de mayo de 2009

Letra de médico

Sigo sin entender por qué hay que estudiar paleografía para entender la letra los médicos. Ellos lo justifican diciendo que es producto de la velocidad a la que tenían que tomar apuntes en la carrera. Y digo yo: ¿es que en las demás carreras no había que tomar apuntes a todo trapo?
Me parece perfecto que cada uno tenga la letra que le de la gana, al fin y al cabo es una expresión de la personalidad. Pero debe ser legible para los demás, sobretodo cuando leerla forma parte de su trabajo. Y si hablamos del ámbito sanitario, con más motivo. El pobre paciente que no entiende lo que el médico le ha recetado lo tiene más chungo todavía. Cuando el farmacéutico, a pesar de las horas de vuelo, tampoco es capaz de descifrarlo, ¿qué le vende? ¿se inventa la dosis? ¿le da sobres, comprimidos, ampollas?
Supongo que esto forma parte de una mentalidad. Una mentalidad que no comparto, pues la mía es de todo menos científica. Sinceramente, Medicina es la última carrera que habría estudiado. No es cuestión de que me guste o me deje de gustar, sino que no me siento capacitada. El dolor de horroriza, y la sangre me marea. Solo entrar en un hospital me pone mala. Vamos, que Dios no me ha llamado por ese camino… Creo que si hay una carrera vocacional en el mundo esa es Medicina. Para ser médico es necesario un talante especial del que yo carezco. Y eso que tengo antecedentes familiares, pero está visto que no todo se hereda.
A pesar de estar certezas, sigo sin resolver el misterio de la letra de médico. ¿Será que de pequeños no los obligaron a hacer cuadernillos de caligrafía como al resto de los mortales? Siempre me ha parecido que en eso de salvar vidas hay algo de divino, así que esta hipótesis no me parece tan descabellada. Pero por favor, doctores… no nos lo pongáis tan difícil…
P.D. Dr. J. y cualquier otro doctor que me lea, sé que las generalizaciones no son justas, pero reconoced que este es un rasgo característico de vuestro gremio. Si no os sentís identificados con él me alegro, mejor para todos.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Mala

Ayer te vi por la calle y me hice la loca. Hacía ya más de dos años que tu vida no se cruzaba con la mía, y preferí que siguiera siendo así. Llámame rencorosa, pero mi instinto de protección me dice a gritos que me aleje de ti.
Siempre fuiste competitiva y envidiosa. Siempre quisiste salirte con la tuya aunque fuera pisando cabezas… Recuerdo cuando aún no levantabas un palmo del suelo e imponías tu ley en la guardería. Si yo quería un juguete, tú también lo querías. Si se te partía una cera de colores, te apropiabas de la mía sin miramientos. Si yo traía una cartera nueva, la envidia te corroía y me acusabas de lo primero que pasara por tu perversa mente infantil.
Luego crecimos y fingiste ser mi amiga, pero yo seguía sin fiarme de ti. Me la jugabas una y otra vez… No olvidaré cuando en pleno examen de química el profesor recogió tu chuleta del suelo y dejaste que pensara que era mía. Ni cuando desapareció mi reloj de la bolsa de gimnasia y tuviste la sangre fría de ayudarme a buscarlo por todo el colegio. Siempre supe que me lo habías mangado tú…
Tonta de mí, traté de justificarte muchas veces. Estabas sola, te sentías incomprendida, tenías un carácter difícil… Aunque aparentabas comerte el mundo, en el fondo eras una persona vulnerable, llena de carencias, una infeliz. Pero apenas fui consciente de lo nociva que eras traté de evitarte. Busqué otras amistades, y tu venganza no se hizo esperar. No soportaste verte desplazada y las pusiste a todas en mi contra.
Por fin llegó el momento en que no tuve que verte la cara a diario. Pensé que me había librado definitivamente ti, hasta que coincidimos en esa fiesta. Me diste dos besos de Judas, y un par de horas después te liaste con mi novio como la zorra que eres…
Aún tuviste las santas narices de presentarte un día en mi lugar de trabajo para invitarme a comer “por los viejos tiempos”. Yo intuí que en tu noble iniciativa había gato encerrado, y no me equivoqué. Pretendías meterme en un negocio fraudulento con el que arruinaste a todo el que cayó en tus garras.
Siempre he querido pensar que todos tenemos defectos y virtudes en distinta medida, pero conociéndote como te conozco no puedo menos que afirmar que eres más mala que un dolor.

El retrato

Su retrato permanece en la sala del piano, atestiguando su desdichada existencia. El rostro níveo, la mirada luminosa, y toda la vida por delante. Valentina no tenía más de dieciocho años, y era tan bella como un ángel.
Fue en esa misma sala donde se selló su destino. Un descuido provocó que sus amores con Mateo Alcázar fueran descubiertos, y los sueños de ambos se rompieran como el cristal…
Él era un joven intrépido e idealista, hijo de un militar fallecido. Cuando posó sus ojos en Valentina a la salida de misa supo que esa mujer sería suya aunque le costara la vida. Ella tampoco pudo resistirse a ese porte gallardo y esa mirada azul que se le clavó hasta el alma.
Valentina había crecido entre algodones. Ser la hija única del cacique local le otorgaba una serie de privilegios pero a la vez la sentenciaba. No podía relacionarse con cualquiera, el buen nombre de la familia estaba en juego… La vida era injusta hasta para quien parecía tenerlo todo.
Mateo comenzó a visitarla, jurándole amor eterno tras la tapia de las caballerizas. Los padres de Valentina albergaban expectativas más elevadas para su hija, así que probablemente tendrían que fugarse –sabían-. Ella estaba dispuesta a canjear una vida de lujos por otra más modesta junto al hombre que amaba. Él haría lo que fuera necesario por no perderla…
La reunión tuvo lugar una calurosa tarde, a la hora de las visitas. La madre de Mateo acudió en cuanto recibió la misiva.
- No serán felices, usted lo sabe tan bien como yo… -dijo la madre de Valentina con un tono de complicidad que estaba muy lejos de sentir-. La aristocracia y el pueblo llano son como el agua y el aceite… ¿Más café?
Poco después, presionado por su madre, Mateo se alistó en el ejército para luchar contra las tropas napoleónicas. Así honraría la memoria de su padre y sería digno de Valentina –le hizo creer.
Valentina dejó de comer, perdió el brillo de los ojos. Su amante le había prometido que volvería victorioso para casarse con ella contra viento y marea, pero las noticias del frente era cada vez más desalentadoras.
El mal presentimiento que la envenenaba se confirmó cuando supo que Mateo había caído en la batalla del Pinar de los Franceses. Enfermó de tristeza. Pasaba el día encerrada y las noches vagando por los corredores como un alma en pena, sin quitarse su nombre de la boca.
Sus padres la ingresaron en un convento pensando que el auxilio espiritual era lo único que podría salvarla, pero aquello hizo que Valentina perdiera definitivamente la razón y acabara sus días en un manicomio.
Al mirar su imagen se me pone un nudo en la garganta. Pienso en lo feliz que habría sido con Mateo si la hubieran dejado. En lo injusto que es nacer en mundos separados. En el daño que te puede hacer la gente que más te quiere…
Leo la fecha que aparece en la esquina inferior del lienzo y algo me dice que por ese entonces ya conocía a su galán de ojos claros. Casi me atrevo a aventurar que en cuanto el pintor la dejara libre, acudiría a su punto de encuentro secreto a reunirse con él. A soñar con la vida que nunca tuvo...

viernes, 22 de mayo de 2009

La espía

- Ya no puedo más, esto tiene que acabar…
- ¿Pero por qué no me crees? ¡Que soy tu madre, coño!
- Como si eres el Papa…
- Te estoy diciendo que lo he visto con estos ojitos…
Desde que le habían dado el alta y me la había traído a casa se pasaba el tiempo pegada a la ventana, espiando al vecino. Cada día inventaba una historia más delirante… Yo sabía que todo era producto de la medicación, el aburrimiento y su mente peliculera, pero me estaba volviendo majara. El médico me había insistido en que no le siguiera la corriente, que solo quería llamar la atención.
- A ver, mamá… La semana pasada unos chinos entraron en plena noche por la puerta trasera del jardín del vecino…
- ¡Tiene un taller clandestino!
- ¿No sería que el hombre había pedido un arroz tres delicias para cenar?
- ¡Si eran un chorro de chinos! Y entraron a hurtadillas…
Mi perro Aquiles se me acercó y le lancé la pelota fuera para que no molestara.
- Vale. Hace un par de días lo viste con una motosierra y dedujiste que había hecho cachitos a una tía…
- Ella entró después y no volvió a salir, está más claro que el caldo de asilo…
- ¿Por qué iba a cargársela?
- Porque descubrió la movida de los chinos y lo amenazó con denunciarlo…
- Ya. Y hoy lo has visto enterrando un saco en el jardín…
- Como te lo cuento.
- Mira, entiendo que necesitas entretenerte, pero este juego de detectives ya ha ido demasiado lejos.
- ¿No te has fijado en la cara de psicópata que tiene? Las próximas podemos ser nosotras… Voy a llamar a la policía, ellos sí me creerán.
- Claro, Holmes. Aquí tienes el teléfono… Que se van a descojonar en tu cara y no quiero perdérmelo…
- Cría cuervos… Cuando me lleven a “El diario de Patricia” veremos quien se descojona de quien…
- ¿Y qué se te ha perdido a ti en la tele?
- Merezco mis quince minutos de fama, que para eso te he aguantado toda la vida… Petarda, más que petarda…
Era lo que me faltaba por oír.
- Trae pacá el teléfono, que estás como un cencerro…
- Si me hiciera famosa te morirías de envidia.
- Me moriría de vergüenza, que no es lo mismo.
- Que poco respeto me tienes…
- Anda, tómate ya las pastillas y vete al cuarto a ver “Gran Hermano”, que hoy seguro que se zumban…
Me obedeció a regañadientes. Sabía que volvería a la carga, pero al menos de momento me daba una tregua. La oí mascullar desde la habitación de al lado: “un cadáver en el jardín del vecino y ella como si nada…”.
Empecé a marcar el número del psiquiatra, pero el teléfono se me cayó de las manos cuando vi entrar a Aquiles con un brazo en la boca.

Sevilla tiene un color especial

Sevilla es la ciudad que más he recorrido sola exceptuando la mía, y doy fe de que tiene un color especial. Varias circunstancias me llevaron a ella en el pasado, provocando un flechazo instantáneo.
Siempre me muevo por el centro histórico, donde la huella de los siglos anteriores es tan patente que no cuesta retroceder en el tiempo. Ese núcleo formado por la Catedral, el Palacio Arzobispal, y los Reales Alcázares es una joyita gracias al esmero de los sevillanos. Me llama la atención su sentido de la estética, como valoran su ciudad y saben hacerla atractiva para los demás. Las flores, los coches de caballos y las tascas típicas le dan una personalidad inconfundible.
Recorrer ese entorno es un viaje fascinante para una novelera como yo. Me encanta perderme por la antigua judería y llegar hasta la Hostería del Laurel, donde Zorrilla escribió el don Juan. Pasar por la antigua fábrica de tabacos, en la que Carmen conoció a don José según cuenta Merimée. Caminar por las gradas de la Catedral, donde los mercaderes hacían sus tratos cuando Sevilla era una rica metrópoli gracias al comercio americano, además de la capital cultural y artística de Europa. Hasta me gusta pensar que me toparé con la imaginaria Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas o los ojos azules del Padre Quart por el Barrio de Santa Cruz…

Un paseo por los Jardines de Murillo o el Parque de Maria Luisa es una auténtica delicia. Cuando me da tiempo visito el Museo de Bellas Artes y el Hospital de la Caridad, donde se conserva lo mejorcito de la pintura sevillana. La nostalgia me lleva a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, la Biblioteca Colombina y al Archivo de Indias. Como soy tan friki, no puedo dejar de ir a tomar una cerveza en el Patio de San Eloy y un café en el Horno de San Buenaventura. Tampoco me resisto a entrar en esa inmensa librería de la Calle Sierpes que parece un anfiteatro...

Sevilla refleja la alegría de vivir de su gente, ese sentido exhibicionista que atrae a cientos de visitantes para recordarles el poderío que ostentó un día. Admiro el mérito de mantener un patrimonio y la habilidad de convertirlo en un reclamo irresistible. Disfruto constatando las reminiscencias de la sociedad en la que Velázquez se formó como artista y pintó sus obras más personales.

Para mí Sevilla es el olor a azahar en primavera, tres sueños rotos y uno culminado. Una ciudad en la que he buscado y he encontrado, en la que he visualizado un futuro. Son muchos los recuerdos, muchas las ilusiones. Y cada vez que voy, por breve que sea la visita, renacen como las jacarandas que la invaden en esta época.

viernes, 15 de mayo de 2009

Cerrado por defunción (de una musa)

Mi musa ha muerto, vengo del sepelio. Allí se ha quedado, rodeada de flores y efebos lacrimosos. No sé qué va a ser de mí ahora… Encima de cirrosis, vaya tela… Ay musita, ¿por qué me has hecho esto? Ya me barruntaba yo un desenlace trágico, pero no tan irreversible. Su abandono de los últimos tiempos no presagiaba nada bueno. El caso es que la hacía en Punta Cana, tomando mojitos al sol junto a otras musas fugitivas.
Se aficionó al drinking cuando yo, en mi desesperación, le ponía esos chupitos con el ánimo de atraparla. Pero la jodía era lista y hacía como los ratones, que se comen el queso sin caer en la trampa. Aparecía como un espectro en mitad de la noche mientras yo estaba en los brazos de Morfeo. Se pegaba el lingotazo y se largaba más contenta que unas pascuas. A la mañana siguiente, cuando encontraba el vasito sin rastro de su contenido, maldecía mi estupidez.
Podría decir que me había acostumbrado a su ausencia, pero lo cierto es que la llevaba fatal. En tiempos ya inmemoriales éramos buenas amigas. Me visitaba a diario y me hacía compañía durante un rato. Con mayor o menor fortuna, yo trataba de aprovechar al máximo sus visitas, me pillara donde me pillara.
No sé en qué momento nuestra relación se enfrió… Yo me entregué a otras ocupaciones y la fui desatendiendo. Encontré un nuevo espacio de expresión, amigos que me aportaban tanto como ella, un país por el que me dejé deslumbrar… Nunca pensé que fuera tan rencorosa y no me lo perdonaría… Para colmo de males me ha dejado una nota responsabilizándome de su desaparición: “Dejaste de prestarme atención, y no pude con la decepción. Me marché de tu lado con el corazón destrozado. Toda deprimida, me di a la bebida”. Qué vengativa la tía… Encima era poeta, la madre que la parió…
¿Por qué no quisiste ir a la clínica de desintoxicación, tonta? ¿No ves que allí te habrían curado? Me has dejado hecha polvo, eso de morir soltando veneno está muy feo...
Ahora siento una pena honda, no exenta de culpabilidad. He llenado la casa de velitas y he abierto una botella de don Julio añejo a ver si alguna de sus colegas se compadece de mí.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Descubriendo a Murakami

Para Naná y Gema
Ya véis, niñas, que sigo vuestras recomendaciones a rajatabla. Como dije el otro día, cuando alguien en cuyo criterio confío habla maravillas de un autor sé que debo leerlo.
Por eso uno de mis pecadillos del día del libro fue “Al sur de la frontera, al oeste del sol” de Murakami, una historia preciosa sobre la amistad, el amor, los sueños, los recuerdos y las segundas oportunidades.
El protagonista, Hajime, me ha cautivado. Y mira que los nipones a mí ni fú ni fá… Es un tío entrañable. Inconscientemente, se pasa la vida buscando a su amiga de la infancia, Shimamoto, en todas la mujeres. Cuando ya ha alcanzado la estabilidad se reencuentran, y todo su mundo se tambalea.
Me encanta la forma en que Murakami narra la historia, ese tono tan íntimo que consigue que te metas en ella hasta el cuello. Su habilidad para expresar sentimientos y sensaciones con los que no cuesta identificarse: Lo que me atraía no era la belleza externa cuantificable e impersonal, sino algo más absoluto que se hallaba en el interior. De la misma manera que hay quien ama secretamente los diluvios, los terremotos y los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien del sexo opuesto emitía hacia mí. Ese algo voy a llamarlo aquí "magnetismo". Una fuerza que te atrae y te absorbe, te guste o no te guste, quieras o no.
La ternura que le inspira Shimamoto es conmovedora. Qué bonito debe ser que alguien de tu pasado te recuerde así… La cuestión del destino siempre me ha atraído, y literariamente da un juego increíble. Los caminos que elegimos y los que desechamos, la pérdida de las ilusiones, el conformismo, lo que escapa a nuestro control… Y ese mensaje tan esperanzador, de que lo que no fue aún puede ser…
Su estilo me ha seducido completamente. La sutileza con la que recrea ese universo propio, la vida interior de los personajes, el lirismo con el que se expresa… Y sobretodo ese tono tan personal (yo diría "femenino") y tan propio de la literatura oriental: Dentro de esa oscuridad, pensé en la lluvia que caía sobre el mar. La lluvia que caía furtivamente, sin que nadie lo supiera, en un vasto mar. Las gotas de lluvia golpeaban mudas la superficie del agua, sin que ni siquiera los peces lo percibieran. Hasta que alguien se acercó y posó suavemente su mano en mi espalda, seguí pensando en el mar. Me parece de una belleza arrebatadora…
Así que ya sabéis, yo también me declaro Murakami-adicta.

Deja que salga la luna

"La brisa del mar distante se llevó los nubarrones oscuros que habían vuelto a acumularse después del aguacero de la tarde, y la luna llena se encendió en el patio de los naranjos".

El general en su laberinto. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


Deja que salga la luna
que nos envuelva con su luz
que nos embruje con su hechizo
No te resistas...
deja tus sueños volar
porque esta noche todo es posible
Deja que salga la luna
que su resplandor invada hasta el último rincón
que el alba no tenga prisa.

¿Puede un libro cambiarte la vida?

Admito que hay varios libros que me han marcado bastante, pero hasta el momento no he encontrado ninguno que me haya cambiado la vida. La afirmación me parece un poco drástica. Únicamente la entiendo referida a libros que te inspiraron, que te hicieron leer cuando no leías o que te animaron a escribir. En ese sentido, yo hablaría más bien de autores.
Me llama la atención esa especie de hermandad que se establece entre los admiradores de un autor. Creo que quien admira a uno de mis autores favoritos tiene mucho que ver conmigo. Y cuando alguien en quien confío admira a un autor, pienso que seguramente merece la pena leerlo.
Un libro puede afectar tu visión sobre muchos aspectos, e incluso alterar tus convicciones más firmes. Lo que estoy segura de que te cambia la vida es el simple hecho de leer.
Una publicación más o menos reciente incluía el ranking de los mejores libros según varios escritores célebres. Y me pregunto, ¿qué factores motivan estas elecciones? ¿Son realmente los libros más imprescindibles? ¿Existen libros imprescindibles?
No sé por qué desconfío de estas clasificaciones, pues considero que hay pocas cosas tan subjetivas como la interpretación de una obra artística (y para mí un libro lo es). Sabemos que un determinado libro no es asimilado de la misma forma por todo el mundo, e incluso esta percepción puede variar en una misma persona dependiendo del momento en que sea leído.
Yo, que soy tan dada a elaborar listas, no me siento capaz de enumerar mis libros favoritos por orden de preferencia. Tal vez podría citar diez o doce títulos, pero no jerarquizándolos.
Pienso que la literatura no puede competir, porque no se puede cuantificar su valor. No creo en los críticos ni en su supuesta autoridad moral para juzgar una obra. El único con esa prerrogativa debería ser el autor.
Cuando se habla de libros de culto me cuestiono los criterios seguidos. Para mí un libro de culto puede ser cualquiera que me haya emocionado, aunque no lo conozca nadie. Me baso en mi creencia de que la literatura es para sentir, no para diseccionarla. Claro que hay unos parámetros que te pueden indicar la calidad de una obra y que la opinión de los expertos es una referencia a tener en cuenta, pero estoy convencida de que si un libro te puede cambiar en algún grado la vida será por tus propias razones, por lo que significa para ti al margen de todo lo demás.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Tu esencia

Allí estabas, junto a mí. Devolviéndome la fe y haciéndome tocar el cielo con las manos.
Tus ojos me lo decían todo. Sentía tu calor, el tacto de tus dedos sobre mi piel, tu respiración junto a la mía.

Me costaba creer en mi suerte… Cuando me ocurre algo bueno lo pongo en cuarentena y contengo mi emoción, temiendo una caída letal. Me pellizqué, constatando que aquello era tan real como que el sol saldrá mañana.

Me vi reflejada en tus pupilas, aspiré tu dulce aroma embriagándome de ti. Quise detener el tiempo...

Desperté con una sonrisa tan estúpida como efímera. La realidad me hirió como un cuchillo. Traté inútilmente de capturar tu esencia, de retenerte a mi lado.

Maldije el sueño despiadado que me dejó tiritando de frío, buscando la huella de tu cuerpo en mi colchón. Recordándome que soñar es un arma de doble filo...

Feliz cumpleaños, Aura

Querida hermanita, en un día tan especial como este quiero desearte toda la felicidad que te mereces. Aunque estemos a miles de kilómetros te siento cerca, y eso es un regalo para mí. Son tantos los buenos momentos que recuerdo a tu lado que este post se quedaría pequeño. Es tanta la gratitud y el cariño que te tengo, que me faltan palabras para expresarlos.
Ese café pendiente que fue mucho más que un café… Esa cálida recepción con ramo de flores incluido, seguida de una comida familiar amenizada por mariachis, bastó para saber que tú y yo nos habíamos conocido en alguna parte antes de encontrarnos en el ciberespacio. Nunca olvidaré tu simpatía y amabilidad, la forma en que me acogiste en tu casa, nuestros maravillosos paseos por la ciudad de las rosas.
Y es que hemos compartido tanto... Ateneos, margaritas de gorra, incursiones nocturnas en el libro, posts escritos a medias tronchadas de la risa... Cuando me vienen a la memoria el futón verbenero, el perrito, Hart, la fiesta de narcos, o la pinche Ely me vuelve a dar el ataque. Jajajaja...
Echo de menos nuestras confidencias, porque me gustaban mucho más cara a cara… Has estado conmigo en todo momento, demostrándome una lealtad inquebrantable. Has conseguido que tus amigas sean mis amigas y tu familia la mía. Has llenado de magia mi estancia en México…
Que sepas que aquí tengo a Paty, a Aurita, a Duby, y toda la parentela. Que no necesito verlos para acordarme de ti, pero que me acuerdo cada vez que los veo. Y tu pulsera de la suerte, y el angelito de la guardia, y el botecito para perfume, y “Aura”, y seguro que me dejo algo porque no has parado de regalarme cosas…
Que aunque tus obligaciones te tengan lejos de estas arenas, tu huella aquí es tan imborrable que estás permanentemente.
Que a esta diva cabrona le falta su otra mitad y espera ansiosa volver a reunirse con ella, a este lado del charco.
Y que cumplas muchos más y sigas siendo la persona tan increíble que eres. Mil gracias por tu amistad, te quiero un chingo y varios costales (como dice Lory).
Disfruta mucho de este día, preciosa. Permíteme este obsequio para que tú también te sientas como Miss Universo:

A salto de mata (crónica de un fracaso precoz)

Para Naná
Pues ya te digo que me ha encantado el libro, Nanilla, y me ha hecho reflexionar sobre varios temas que me tocan de cerca. Uno de ellos tiene mucho que ver con la idea que planteabas en el primer post de Brodsky: somos lo que somos, independientemente de lo que diga la sociedad. El escritor no “elige una profesión”, como el que se hace médico o policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, y una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida. Por eso no podemos evitar escribir aunque a veces nos planteemos su sentido. Y eso que no pretendemos hacer de la escritura nuestra profesión…
Paul Auster narra con una honestidad brutal el tortuoso camino que tuvo que recorrer para ganarse la vida como escritor. Su paso por la Universidad de Columbia, sus estancias en Dublín y en París (Por motivos que tenían todo que ver con James Joyce y Ulises fui a Dublín, dice, y me acordé de ti...), sus trabajos de traductor de francés, guionista de cine, y otros tantos totalmente ajenos al mundo de la literatura. Sus preocupaciones económicas, sus conflictos personales y su búsqueda de independencia están presentes en cada página.
El pobre las pasa canutas: Incluso los anuncios de las cajas de cerillas empezaban a fascinarme: “Gane dinero criando gusanos en el sótano”. Como entonces vivía en una casa con sótano, no es descabellado pensar que me sintiera tentado. En su desesperación hasta trata de meter la cabeza en el mundo empresarial, patentando un juego de cartas inspirado en el béisbol que inventó en su adolescencia.
A pesar de tanta vicisitud, no deja de leer ni escribir: Había pasado los dos últimos años en un delirio de libros, y en mi cabeza se habían vertido nuevos mundos, trasfusiones capaces de alterar la vida habían reconstruido mi sangre. Es sorprendente hasta qué punto las lecturas pueden alimentar el alma, forjando esos sueños que nunca dejamos de perseguir…
Hay momentos especialmente surrealistas como su época de cocinero en un barco o su relación con un mecenas mafioso al que llama “Monsieur X”. Lo curioso es que sus recuerdos no son amargos, incluso encuentra en ellos cierto romanticismo.
Me gusta la humildad que destilan sus palabras. Existía un riesgo de autocomplacencia, y una vez que cae en ella, el escritor puede darse por perdido. Ya sabemos que es así… La peor cualidad de un escritor es creer que es bueno y actuar como tal. Creía en mis capacidades, y sin embargo no tenía confianza en mí mismo. Te diría que me identifico con esa frase. Una cosa es ser consciente de lo que puedes llegar a hacer, y otra creerte capaz de hacerlo...
Su tenacidad es admirable y demuestra una profunda vocación. Mi vida solo sería digna si me mantenía en mis trece y no me doblegaba. El arte era sagrado, y seguir su llamada suponía hacer todos los sacrificios que impusiera, conservar la pureza de sus designios hasta el final.
La crónica de su “fracaso” como escritor tiene un sabor agridulce, y está narrada con una humanidad impresionante. Comparte sus miedos, las dudas sobre su talento, sus inquietudes económicas... Alguien dijo que quien no se engaña a sí mismo es un hombre sabio, y eso es lo que se deduce de este libro.

La tesis de Nancy

Curiosamente conocí este libro a través de una amiga mexicana. Ella lo leyó durante una estancia en Sevilla y le pareció divertidísimo. En cuanto me contó de qué iba decidí que lo buscaría al llegar a España.
Nancy es una estudiante norteamericana que viene a vivir a un pueblo sevillano durante los años cincuenta para hacer una tesis sobre la etnia gitana. Y para ello, nada mejor que echarse un novio gitano que la ilustre… En las cartas que le escribe a su prima Betsy le narra sus impresiones. El choque cultural es tan bestia que te hartas de reír…
Ramón J. Sender ofrece una visión bastante irónica sobre la España de la época, en la que los norteamericanos no salen indemnes: “Ayer no hubo clase y dedicamos la mañana a recorrer el Barrio de Santa Cruz en Sevilla. Encantador, aunque llega a cansar un poco tanta imitación del estilo californiano, con sus rejas y patios”, dice, y se queda tan ancha. “Los muebles imitaban el estilo colonial del sur de los Estados Unidos”. Con un par… “Las cosas aquí son de una antigüedad obscena”. Obscena es tu incultura, chiquilla…
La verdad sea dicha, muy lista no es… Está sentada a la mesa junto a un marqués (que no sé por qué me suena a viejo verde), y dice la muy ingenua: “Mientras comía con la mano izquierda, con la derecha se puso a hacerme un masaje en la rodilla. ¡Cosa más extraña! Debe ser una costumbre española. Tiene fama España de ser muy hospitalaria a la manera de los pueblos orientales y esa debía ser una atención tradicional con los huéspedes”. No te vas a llevar tú palos como no espabiles, niña…
La ignorancia es atrevida, pero a todo hay quien gane: “Y aquí en Sevilla hay influencia mejicana. Es curioso encontrarla tan lejos… ¿Te acuerdas de aquel indito que preguntaba en una tienda de ataúdes cuanto costaría un entierro de primera, uno de segunda y otro de tercera, y luego quería saber cuanto más tendría que pagar si la empresa funeraria por su cuenta. El pobre quería un entierro a toda costa y no tenía a quien enterrar”. Eso se llamaría un ataúd piloto, ¿no?
Curro, el novio gitano, tiene un morro que se lo pisa. Según le cuenta, un amigo suyo fue al bosque de la eterna juventud y se le apareció un hada que le dijo: “Pídeme lo que quieras, que te lo concederé por haber nacido en Triana”. El tío, que tenía sus prioridades muy claritas, le dijo: “Pues solo quiero que todas las mujeres que me vean se enamoren perdidamente de mí”. Y ella dijo: “Concedido”. Camino de su casa se encontró con “una vieja mulata de setenta y cinco años, sin dientes, medio calva, fea como un demonio, que lo atrapó por un tobillo y se lo llevó a un sótano donde lo tuvo encerrado veinte años sin ver la luz”. Cuidado con lo que deseas, aunque seas de Triana…
Hay que admitir que algunas de sus opiniones tienen cierta lógica cartesiana… “Había también en el patio, en una hornacina en el muro, una imagen de la Virgen con el corazón descubierto y siete puñales clavados en él. ¡Qué crueles son los españoles, a veces! La gente tan despreocupada y bromista junto a la Dolorosa con los siete puñales me resultaba un poco incongruente. Si tanto quieren a la Virgen, ¿por qué le ponen esos puñales en el corazón?”. Di que sí, hija, que en España no tenemos sentimientos…
El libro está lleno de situaciones cómicas derivadas del contacto con una tradición y un vocabulario incomprensibles para ella. No es ya el español, sino el andaluz peor hablado y el dialecto calé. Los malentendidos que se generan son graciosísimos… Cuando Curro dice que algunas americanas con eso de practicar deportes en realidad se dedican a la golfería (muy moderno, el chaval), Nancy le responde orgullosa que es su deporte favorito. Él no da crédito: “¿Y le llamas deporte a la golfería?”. Y ella dice: “Pues claro, hombre, al menos en mi país...”.

Mis pecados del día del libro

Para Margarita
Vale, Marga… Me comprometí a recoger el testigo y aquí estoy. Yo no rechazo una propuesta tuya así me aten…
Mira, en Granada la feria del libro de Abril la ponen en un boulevard precioso, la Carrera de la Virgen. Este año, del 17 al 26. Organizan cantidad de actividades, conferencias, firmas de libros… Suele venir alguien a quien admiro mucho, Almudena Grandes. Pero esta vez se ha librado de mí… En cambio ha estado Ian Gibson, el cronista de Lorca, la nicaragüense Gioconda Belli, en un recital de poesía, y un joven autor granadino que acaba de ganar el premio Alfaguara, Andrés Neuman.
El otro día me di una vueltecita y como iba con poco tiempo cayeron solo dos… “A salto de mata” de Paul Auster, y “Al sur de la frontera, al oeste del sol”, de Murakami. El primero me tentó porque me encantan las crónicas autobiográficas de escritores. Acabo de leer “París era una fiesta” de Hemingway y me ha entusiasmado… Murakami estaba entre mis prioridades, porque tanto Nanilla como Gemita han hablado muy bien de él y ya me picaba la curiosidad… Últimamente he vencido mis prejuicios contra la literatura oriental, que era una asignatura pendiente.
Pero claro, llegó el día del libro y tenía la excusa perfecta para volver… Pensé que disfrutaría mirando y tal vez sucumbiera con uno o dos títulos más… Ingenua de mí, pequé con cuatro. El primero que me hizo ojitos fue “La tregua” de Benedetti. El autor me interesa y el argumento me resultó atractivo. Aunque el que tenía en lista de espera era “Primavera con una esquina rota”, me decanté por este.
Mi segundo pecado fue “Emily L.” de Marguerite Duras. No lo conocía, pero la autora me sedujo con “El amante” y eso era garantía más que suficiente. En cuanto leí en la contraportada: En la terraza de un café al caer la tarde, hay una mujer que quería escribir un libro pero que no sabe ni cuando ni como podrá escribirlo... no necesité más para llevármelo conmigo.
Seguí pecando con “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” de Stephan Zweig. Lo tenía apuntado desde el maravilloso post de Nanilla sobre los recuerdos. Los otros libros que he leído de este autor me han encantado, así que tampoco tuve que pensármelo demasiado.
Por último, cuando ya me había prohibido seguir mirando, me encontré con “El amante de Lady Chatterley”. Lo recomendó también Nanilla hace ya una eternidad… (Por cierto, guapa, que me doy cuenta de que este post tiene que estar también dedicado a ti) Y claro… me dije: “Niña, pa la saca. ¡Pero date la media vuelta ya!”.