viernes, 15 de mayo de 2009

Cerrado por defunción (de una musa)

Mi musa ha muerto, vengo del sepelio. Allí se ha quedado, rodeada de flores y efebos lacrimosos. No sé qué va a ser de mí ahora… Encima de cirrosis, vaya tela… Ay musita, ¿por qué me has hecho esto? Ya me barruntaba yo un desenlace trágico, pero no tan irreversible. Su abandono de los últimos tiempos no presagiaba nada bueno. El caso es que la hacía en Punta Cana, tomando mojitos al sol junto a otras musas fugitivas.
Se aficionó al drinking cuando yo, en mi desesperación, le ponía esos chupitos con el ánimo de atraparla. Pero la jodía era lista y hacía como los ratones, que se comen el queso sin caer en la trampa. Aparecía como un espectro en mitad de la noche mientras yo estaba en los brazos de Morfeo. Se pegaba el lingotazo y se largaba más contenta que unas pascuas. A la mañana siguiente, cuando encontraba el vasito sin rastro de su contenido, maldecía mi estupidez.
Podría decir que me había acostumbrado a su ausencia, pero lo cierto es que la llevaba fatal. En tiempos ya inmemoriales éramos buenas amigas. Me visitaba a diario y me hacía compañía durante un rato. Con mayor o menor fortuna, yo trataba de aprovechar al máximo sus visitas, me pillara donde me pillara.
No sé en qué momento nuestra relación se enfrió… Yo me entregué a otras ocupaciones y la fui desatendiendo. Encontré un nuevo espacio de expresión, amigos que me aportaban tanto como ella, un país por el que me dejé deslumbrar… Nunca pensé que fuera tan rencorosa y no me lo perdonaría… Para colmo de males me ha dejado una nota responsabilizándome de su desaparición: “Dejaste de prestarme atención, y no pude con la decepción. Me marché de tu lado con el corazón destrozado. Toda deprimida, me di a la bebida”. Qué vengativa la tía… Encima era poeta, la madre que la parió…
¿Por qué no quisiste ir a la clínica de desintoxicación, tonta? ¿No ves que allí te habrían curado? Me has dejado hecha polvo, eso de morir soltando veneno está muy feo...
Ahora siento una pena honda, no exenta de culpabilidad. He llenado la casa de velitas y he abierto una botella de don Julio añejo a ver si alguna de sus colegas se compadece de mí.

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