miércoles, 13 de mayo de 2009

Descubriendo a Murakami

Para Naná y Gema
Ya véis, niñas, que sigo vuestras recomendaciones a rajatabla. Como dije el otro día, cuando alguien en cuyo criterio confío habla maravillas de un autor sé que debo leerlo.
Por eso uno de mis pecadillos del día del libro fue “Al sur de la frontera, al oeste del sol” de Murakami, una historia preciosa sobre la amistad, el amor, los sueños, los recuerdos y las segundas oportunidades.
El protagonista, Hajime, me ha cautivado. Y mira que los nipones a mí ni fú ni fá… Es un tío entrañable. Inconscientemente, se pasa la vida buscando a su amiga de la infancia, Shimamoto, en todas la mujeres. Cuando ya ha alcanzado la estabilidad se reencuentran, y todo su mundo se tambalea.
Me encanta la forma en que Murakami narra la historia, ese tono tan íntimo que consigue que te metas en ella hasta el cuello. Su habilidad para expresar sentimientos y sensaciones con los que no cuesta identificarse: Lo que me atraía no era la belleza externa cuantificable e impersonal, sino algo más absoluto que se hallaba en el interior. De la misma manera que hay quien ama secretamente los diluvios, los terremotos y los apagones, yo prefería ese algo recóndito que alguien del sexo opuesto emitía hacia mí. Ese algo voy a llamarlo aquí "magnetismo". Una fuerza que te atrae y te absorbe, te guste o no te guste, quieras o no.
La ternura que le inspira Shimamoto es conmovedora. Qué bonito debe ser que alguien de tu pasado te recuerde así… La cuestión del destino siempre me ha atraído, y literariamente da un juego increíble. Los caminos que elegimos y los que desechamos, la pérdida de las ilusiones, el conformismo, lo que escapa a nuestro control… Y ese mensaje tan esperanzador, de que lo que no fue aún puede ser…
Su estilo me ha seducido completamente. La sutileza con la que recrea ese universo propio, la vida interior de los personajes, el lirismo con el que se expresa… Y sobretodo ese tono tan personal (yo diría "femenino") y tan propio de la literatura oriental: Dentro de esa oscuridad, pensé en la lluvia que caía sobre el mar. La lluvia que caía furtivamente, sin que nadie lo supiera, en un vasto mar. Las gotas de lluvia golpeaban mudas la superficie del agua, sin que ni siquiera los peces lo percibieran. Hasta que alguien se acercó y posó suavemente su mano en mi espalda, seguí pensando en el mar. Me parece de una belleza arrebatadora…
Así que ya sabéis, yo también me declaro Murakami-adicta.

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