viernes, 22 de mayo de 2009

La espía

- Ya no puedo más, esto tiene que acabar…
- ¿Pero por qué no me crees? ¡Que soy tu madre, coño!
- Como si eres el Papa…
- Te estoy diciendo que lo he visto con estos ojitos…
Desde que le habían dado el alta y me la había traído a casa se pasaba el tiempo pegada a la ventana, espiando al vecino. Cada día inventaba una historia más delirante… Yo sabía que todo era producto de la medicación, el aburrimiento y su mente peliculera, pero me estaba volviendo majara. El médico me había insistido en que no le siguiera la corriente, que solo quería llamar la atención.
- A ver, mamá… La semana pasada unos chinos entraron en plena noche por la puerta trasera del jardín del vecino…
- ¡Tiene un taller clandestino!
- ¿No sería que el hombre había pedido un arroz tres delicias para cenar?
- ¡Si eran un chorro de chinos! Y entraron a hurtadillas…
Mi perro Aquiles se me acercó y le lancé la pelota fuera para que no molestara.
- Vale. Hace un par de días lo viste con una motosierra y dedujiste que había hecho cachitos a una tía…
- Ella entró después y no volvió a salir, está más claro que el caldo de asilo…
- ¿Por qué iba a cargársela?
- Porque descubrió la movida de los chinos y lo amenazó con denunciarlo…
- Ya. Y hoy lo has visto enterrando un saco en el jardín…
- Como te lo cuento.
- Mira, entiendo que necesitas entretenerte, pero este juego de detectives ya ha ido demasiado lejos.
- ¿No te has fijado en la cara de psicópata que tiene? Las próximas podemos ser nosotras… Voy a llamar a la policía, ellos sí me creerán.
- Claro, Holmes. Aquí tienes el teléfono… Que se van a descojonar en tu cara y no quiero perdérmelo…
- Cría cuervos… Cuando me lleven a “El diario de Patricia” veremos quien se descojona de quien…
- ¿Y qué se te ha perdido a ti en la tele?
- Merezco mis quince minutos de fama, que para eso te he aguantado toda la vida… Petarda, más que petarda…
Era lo que me faltaba por oír.
- Trae pacá el teléfono, que estás como un cencerro…
- Si me hiciera famosa te morirías de envidia.
- Me moriría de vergüenza, que no es lo mismo.
- Que poco respeto me tienes…
- Anda, tómate ya las pastillas y vete al cuarto a ver “Gran Hermano”, que hoy seguro que se zumban…
Me obedeció a regañadientes. Sabía que volvería a la carga, pero al menos de momento me daba una tregua. La oí mascullar desde la habitación de al lado: “un cadáver en el jardín del vecino y ella como si nada…”.
Empecé a marcar el número del psiquiatra, pero el teléfono se me cayó de las manos cuando vi entrar a Aquiles con un brazo en la boca.

2 comentarios:

  1. Qué pedazo de texto, querida paisanita. Eres única. No sabía que también te atrevías con el género negro. Bravo!

    Besos, primor.

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  2. muchas gracias, paisanito!
    pues ya ves, yo tengo un humor muy negro y a veces tengo que sacarlo por alguna parte, jeje...
    me alegra mucho encontrarte aquí!
    muchos besos!

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