miércoles, 6 de mayo de 2009

La tesis de Nancy

Curiosamente conocí este libro a través de una amiga mexicana. Ella lo leyó durante una estancia en Sevilla y le pareció divertidísimo. En cuanto me contó de qué iba decidí que lo buscaría al llegar a España.
Nancy es una estudiante norteamericana que viene a vivir a un pueblo sevillano durante los años cincuenta para hacer una tesis sobre la etnia gitana. Y para ello, nada mejor que echarse un novio gitano que la ilustre… En las cartas que le escribe a su prima Betsy le narra sus impresiones. El choque cultural es tan bestia que te hartas de reír…
Ramón J. Sender ofrece una visión bastante irónica sobre la España de la época, en la que los norteamericanos no salen indemnes: “Ayer no hubo clase y dedicamos la mañana a recorrer el Barrio de Santa Cruz en Sevilla. Encantador, aunque llega a cansar un poco tanta imitación del estilo californiano, con sus rejas y patios”, dice, y se queda tan ancha. “Los muebles imitaban el estilo colonial del sur de los Estados Unidos”. Con un par… “Las cosas aquí son de una antigüedad obscena”. Obscena es tu incultura, chiquilla…
La verdad sea dicha, muy lista no es… Está sentada a la mesa junto a un marqués (que no sé por qué me suena a viejo verde), y dice la muy ingenua: “Mientras comía con la mano izquierda, con la derecha se puso a hacerme un masaje en la rodilla. ¡Cosa más extraña! Debe ser una costumbre española. Tiene fama España de ser muy hospitalaria a la manera de los pueblos orientales y esa debía ser una atención tradicional con los huéspedes”. No te vas a llevar tú palos como no espabiles, niña…
La ignorancia es atrevida, pero a todo hay quien gane: “Y aquí en Sevilla hay influencia mejicana. Es curioso encontrarla tan lejos… ¿Te acuerdas de aquel indito que preguntaba en una tienda de ataúdes cuanto costaría un entierro de primera, uno de segunda y otro de tercera, y luego quería saber cuanto más tendría que pagar si la empresa funeraria por su cuenta. El pobre quería un entierro a toda costa y no tenía a quien enterrar”. Eso se llamaría un ataúd piloto, ¿no?
Curro, el novio gitano, tiene un morro que se lo pisa. Según le cuenta, un amigo suyo fue al bosque de la eterna juventud y se le apareció un hada que le dijo: “Pídeme lo que quieras, que te lo concederé por haber nacido en Triana”. El tío, que tenía sus prioridades muy claritas, le dijo: “Pues solo quiero que todas las mujeres que me vean se enamoren perdidamente de mí”. Y ella dijo: “Concedido”. Camino de su casa se encontró con “una vieja mulata de setenta y cinco años, sin dientes, medio calva, fea como un demonio, que lo atrapó por un tobillo y se lo llevó a un sótano donde lo tuvo encerrado veinte años sin ver la luz”. Cuidado con lo que deseas, aunque seas de Triana…
Hay que admitir que algunas de sus opiniones tienen cierta lógica cartesiana… “Había también en el patio, en una hornacina en el muro, una imagen de la Virgen con el corazón descubierto y siete puñales clavados en él. ¡Qué crueles son los españoles, a veces! La gente tan despreocupada y bromista junto a la Dolorosa con los siete puñales me resultaba un poco incongruente. Si tanto quieren a la Virgen, ¿por qué le ponen esos puñales en el corazón?”. Di que sí, hija, que en España no tenemos sentimientos…
El libro está lleno de situaciones cómicas derivadas del contacto con una tradición y un vocabulario incomprensibles para ella. No es ya el español, sino el andaluz peor hablado y el dialecto calé. Los malentendidos que se generan son graciosísimos… Cuando Curro dice que algunas americanas con eso de practicar deportes en realidad se dedican a la golfería (muy moderno, el chaval), Nancy le responde orgullosa que es su deporte favorito. Él no da crédito: “¿Y le llamas deporte a la golfería?”. Y ella dice: “Pues claro, hombre, al menos en mi país...”.

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