miércoles, 6 de mayo de 2009

A salto de mata (crónica de un fracaso precoz)

Para Naná
Pues ya te digo que me ha encantado el libro, Nanilla, y me ha hecho reflexionar sobre varios temas que me tocan de cerca. Uno de ellos tiene mucho que ver con la idea que planteabas en el primer post de Brodsky: somos lo que somos, independientemente de lo que diga la sociedad. El escritor no “elige una profesión”, como el que se hace médico o policía. No se trata tanto de escoger como de ser escogido, y una vez que se acepta el hecho de que no se vale para otra cosa, hay que estar preparado para recorrer un largo y penoso camino durante el resto de la vida. Por eso no podemos evitar escribir aunque a veces nos planteemos su sentido. Y eso que no pretendemos hacer de la escritura nuestra profesión…
Paul Auster narra con una honestidad brutal el tortuoso camino que tuvo que recorrer para ganarse la vida como escritor. Su paso por la Universidad de Columbia, sus estancias en Dublín y en París (Por motivos que tenían todo que ver con James Joyce y Ulises fui a Dublín, dice, y me acordé de ti...), sus trabajos de traductor de francés, guionista de cine, y otros tantos totalmente ajenos al mundo de la literatura. Sus preocupaciones económicas, sus conflictos personales y su búsqueda de independencia están presentes en cada página.
El pobre las pasa canutas: Incluso los anuncios de las cajas de cerillas empezaban a fascinarme: “Gane dinero criando gusanos en el sótano”. Como entonces vivía en una casa con sótano, no es descabellado pensar que me sintiera tentado. En su desesperación hasta trata de meter la cabeza en el mundo empresarial, patentando un juego de cartas inspirado en el béisbol que inventó en su adolescencia.
A pesar de tanta vicisitud, no deja de leer ni escribir: Había pasado los dos últimos años en un delirio de libros, y en mi cabeza se habían vertido nuevos mundos, trasfusiones capaces de alterar la vida habían reconstruido mi sangre. Es sorprendente hasta qué punto las lecturas pueden alimentar el alma, forjando esos sueños que nunca dejamos de perseguir…
Hay momentos especialmente surrealistas como su época de cocinero en un barco o su relación con un mecenas mafioso al que llama “Monsieur X”. Lo curioso es que sus recuerdos no son amargos, incluso encuentra en ellos cierto romanticismo.
Me gusta la humildad que destilan sus palabras. Existía un riesgo de autocomplacencia, y una vez que cae en ella, el escritor puede darse por perdido. Ya sabemos que es así… La peor cualidad de un escritor es creer que es bueno y actuar como tal. Creía en mis capacidades, y sin embargo no tenía confianza en mí mismo. Te diría que me identifico con esa frase. Una cosa es ser consciente de lo que puedes llegar a hacer, y otra creerte capaz de hacerlo...
Su tenacidad es admirable y demuestra una profunda vocación. Mi vida solo sería digna si me mantenía en mis trece y no me doblegaba. El arte era sagrado, y seguir su llamada suponía hacer todos los sacrificios que impusiera, conservar la pureza de sus designios hasta el final.
La crónica de su “fracaso” como escritor tiene un sabor agridulce, y está narrada con una humanidad impresionante. Comparte sus miedos, las dudas sobre su talento, sus inquietudes económicas... Alguien dijo que quien no se engaña a sí mismo es un hombre sabio, y eso es lo que se deduce de este libro.

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