lunes, 8 de junio de 2009

Encontrando a la mitad perdida

Para la niña Jhay, con inmenso cariño
Recuerdo aquella noche como si fuera ayer. La cantina más animada que nunca. Jose Alfredo cantando “como tú traes el alma con la rienda suelta, ya crees que el mundo es tuyo y hasta me das tu olvido…”, y el tequila corriendo como si no costara. La luna llena entraba por la ventana y me susurraba que algo bueno estaba a punto de suceder.
Cuando vi la grácil silueta de la preciosa Jhay entrar por las puertas supe que la luna no me había engañado. Su sonrisa iluminó todo el local. Varios de mis parroquianos habituales levantaron la vista y la clavaron en ella sin ocultar su fascinación.
Nos instalamos en una mesa acompañadas de una botella de don Julio añejo. Entonces, invadida por la emoción, me lo contó todo. La detective Lantier había encontrado a su musa. Y la musa un local maravilloso en el que había visualizado el “Café Grandes Esperanzas”. Con libros, mojitos, y fotos de cine antiguo. Tal y como ella lo había soñado… Los ojos le brillaban como cuando hablaba de su lunita. Todo era tan mágico, parecía tan factible… Brindamos, reímos y lloramos hasta la madrugada. Al salir a la calle, la luna nos dedicó un gesto cómplice que yo interpreté como un buen presagio.
Solo habían transcurrido unos meses cuando recibí la invitación para la inauguración. El sueño de la preciosa Jhay, por fin, se hacía realidad. Y no era lo único que había que celebrar…
La reaparición de su musa le había permitido terminar su novela. Aunque le costaba creérselo, tenía un talento increíble. Sus amigas lo sabíamos, y habíamos conseguido convencerla de que la enviara a una editorial. Como no podía ser de otra manera, se la iban a publicar. La vida le mostraba ahora su lado más dulce, y yo me alegraba muchísimo.
El “Café Grandes Esperanzas” era tal y como imaginaba. Un lugar donde todo parecía posible... Allí, con una copa en la mano, estaban Lantier, Puck, Violette, Elo... Ninguna habíamos querido perdernos ese momento tan especial. La preciosa Jhay me recibió con su calidez habitual y una expresión que lo decía todo. No era necesario que buscara más a su mitad perdida, que no era otra que su mitad feliz. Ya la había encontrado.

¡Muchas felicidades, preciosa! Que todos tus sueños se cumplan... Y que los compartas con nosotros.

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