miércoles, 8 de julio de 2009

El engaño más verdadero

"Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído: - ¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira? Y él respondió: - Lo sé; pero lo que yo siento es de verdad." Ángel González
Creo que no hay engaño más verdadero que el de la ficción literaria. En primer lugar, porque no pretende engañar a nadie. Un libro es un acuerdo tácito entre autor y lector en el que ambos aceptan las reglas del juego. Y en segundo, porque se nutre de la realidad. Está escrito por alguien que ha vivido y por tanto posee la patente de corso para recrear otras vidas.
Puede que la historia que cuenta no sea real, pero… ¿acaso no son reales las sensaciones que te provoca? Yo es que tengo ciertos conflictos con el concepto de “lo real”, ya me conocéis… Pienso que algo que te hace sentir, que te acelera las pulsaciones y consigue llegarte al corazón tiene implícita una gran dosis de realidad.
Para disfrutar plenamente un libro es imprescindible identificarse con lo que cuenta, y eso es algo que solo los buenos autores consiguen. Si te es indiferente lo que les ocurra a los personajes la lectura no pasará de ser un mero entretenimiento. Admito que no está mal para pasar el rato, pero personalmente prefiero involucrarme.
En una historia bien contada los límites entre realidad y ficción son bastante difusos. Aunque sepas que no ha sucedido de verdad, cuando la lees te olvidas de ese detalle. Porque habla de sentimientos universales que probablemente hayas experimentado en algún momento, de situaciones que podrían suceder, de penas, alegrías, sueños o temores que quizás no te sean ajenos y logren conmoverte.
Cuando un libro te toca la fibra es maravilloso. Yo no soy de lágrima fácil (y para nada me siento orgullosa), pero hay libros que me han hecho llorar. Algunos los he cerrado con una sonrisa de satisfacción y un nudo de nostalgia en la garganta al despedirme de ellos. Otros los he devorado con ansiedad, incapaz de dosificarlos. Y unos cuantos se han quedado conmigo para siempre.
¿Quién alguna vez no ha contenido la respiración leyendo un libro, no se ha olvidado del reloj, no se lo ha podido sacar de la cabeza mientras realizaba cualquier otra actividad anhelando el reencuentro?
“Meterse” en un libro es un privilegio que no todo el mundo ha tenido. Para eso es necesario abrir la mente y ver “más allá”, no ceñirse a lo tangible. Dejarse arrastrar, vivirlo, emocionarse... Obviamente no todos los libros provocan ese efecto, pero tampoco todos los lectores se enfrentan a ellos con la misma receptividad. Un libro está lleno de mensajes e incluso de respuestas, pero hay que saber interpretarlos. Te ofrece la posibilidad de vivir vidas alternativas y así evadirte de la tuya. Puede ser un espejo en el que te veas reflejado, y es posible que no te guste lo que veas… Un viaje del que no siempre se sale indemne pero que suele merecer la pena.
¿No es a veces la ficción más real que la vida misma?

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