miércoles, 8 de julio de 2009

Santitos

Al margen de la devoción religiosa, esta es una historia sobre la necesidad de creer y la determinación de una madre, envuelta en ese aire de realismo mágico y humor mexicano que la hace tan especial.
Hace ya unos pocos años que me topé con ella. Regresaba a casa después de una semanita en Sevilla y husmeaba por la librería de la estación mientras esperaba mi tren. Había gastado más de lo previsto, pero en cuanto leí la sinopsis no me pude resistir. Aunque no conocía a la escritora María Amparo Escandón, supe que me encantaría. Por ese entonces estaba fascinada por la literatura hispanoamericana, que sigue siendo una de mis favoritas.
Esperanza es una joven viuda que vive en un pueblecito de Veracruz con su comadre Soledad y no logra asumir la repentina muerte de su hija Blanca. Una noche, San Judas Tadeo se le aparece en el cristal del horno y le dice que su hija está viva…
“Soy yo, Padre Salvador, Esperanza Díaz, la mamá de la niña muerta. Solo que no está muerta. Debí decírselo la vez pasada que vine a confesión, pero no me atreví. Las palabras me dieron la espalda, como amigas desleales”.
Esto desencadena una búsqueda desesperada que la llevará a infiltrarse en distintos prostíbulos y cruzar ilegalmente la frontera de los EE.UU.
Poco después la novela fue llevada al cine por Alejandro Springall. Como siempre me pasa, me debatí entre las ganas de ver la película y el temor a que me decepcionara. La curiosidad siempre gana (al menos en mi caso), y la verdad es que quedé encantada…
Los personajes son memorables… Ese cura enganchado a las telenovelas (“Como ves es un asunto muy delicado. Debo guiarla para que encentre a la niña o para que acepte su muerte. Así es que, por favor, Dios mío, ayúdame. Y ya me voy. Son casi las ocho y no quiero perderme mi novela. Hoy Elizabeth Constanza se entera de que tiene una hermana gemela ciega. Amén”), el diablo enamorado y el ángel justiciero...
“Y tú San Judas, mi San Juditas, primero me mandas a buscar a Blanca, luego te me desapareces y ahora me mandas a San Antonio para que ponga a Ángel Galván en mi camino. ¿Es otro obstáculo? ¿O me va a guiar hacia donde está mi niña? No puedo buscarla y enamorarme al mismo tiempo. ¿Por qué ustedes dos no se ponen de acuerdo allá en las alturas?”.
Admiro el arte de desdramatizar situaciones, de lograr el sutil equilibrio entre la tragedia y la comedia, de cuestionar una mentalidad tan religiosa como la mexicana sin ser irreverente.
Me hace gracia que exista un santo para cada necesidad y que recurramos a ellos cuando nos interesa a pesar del escepticismo en materia de fe. No es contradictorio, a veces los iconos religiosos van perdiendo su carácter sagrado para formar parte de la cultura popular. Mi interés por los santos es puramente iconográfico, pero los considero parte de una tradición con la que me identifico.
“Santitos” es una historia divertida, tierna, muy mexicana, que nos recuerda que hay que creer en algo, aunque sea en Billy Wilder…

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