martes, 11 de agosto de 2009

Encuentros

Para Nanilla y compañía
Es tanto lo que puede caber en un fin de semana que resulta imposible condensarlo en un post. Risas, descubrimientos, confidencias… Sensaciones ya experimentadas y no por ello menos fascinantes. Momentos inolvidables, imágenes que atesoro con la codicia de un coleccionista que no quiere dejar escapar una pieza valiosa. Libros, proyectos comunes, un tema de conversación tan recurrente como inevitable. Y esta bendita manía de apuntarlo todo, en un intento desesperado de salvarlo del olvido.
La certeza de que las afinidades unen más allá de la distancia y cualquier diferencia. El reencuentro con personas que ya forman parte de mi realidad, convirtiéndola en algo mucho mejor. Una dependencia afectiva de lazos cada vez más sólidos. La necesidad de fijar un próximo encuentro para combatir la nostalgia, que amenaza aún antes de separarse.
No me considero una sentimental, ni necesito estar rodeada de gente para sentirme bien. Para nada soy cariñosa, sino más bien despegada. Sin embargo hay personas con las que la empatía es tan grande que me atrae, me absorbe y me trasforma. Personas a las que no puedo evitar querer cada día un poquito más, sin cuya cercanía no me planteo un futuro. Personas que han estado, están, y deseo que sigan estando en mi vida. Porque ya no la entiendo sin ellas. Si me lo hubieran dicho hace tiempo, seguramente se me habría escapado una sonrisilla cínica y un “que poco me conoces…”. Ahora en cambio me tendría que tragar mis palabras, y lo haría con mucho gusto.
Me sorprendo a mí misma al darme cuenta de que hay casos en los que no puedo ser impasible, indiferente, ni marcar las distancias acostumbradas. Existen personas que consiguen sacar lo mejor de mí. Personas a las que cada vez que veo me demuestran que la química no es ficticia ni unilateral. Y que me crean una adicción de la que no me quiero desintoxicar. Solo puedo decirles “GRACIAS”. De corazón… Y albergar la esperanza de que nuestros caminos sigan confluyendo una y mil veces. Porque es mucho más que vidilla lo que me dan.

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